El senador Iván Cepeda y el exministro Álvaro Leyva, enviaron una carta al exguerrillero Jesús Santrich para solicitarle que ponga fin a la huelga de hambre que inició desde el pasado 9 de abril como forma de rechazo al proceso que le abrió en Estados Unidos en su contra por el presunto delito de narcotráfico.
Cepeda y Leyva quienes han tenido un papel facilitador a lo largo de los Acuerdos de Paz, ahora a través de una misiva expresan preocupación no solo por el estado de salud del líder de la Farc, sino por el futuro de proceso en Colombia. "Sigue siendo usted un arquitecto central de la paz nacional. Por ello lo esperan los suyos, sus compañeros de lucha".
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La petición de los políticos a Santrich es “viva para construir más paz” al tiempo que esperan que no se de por vencido y reconsidere su posición que actualmente lo tiene recluido en el Hospital El Tunal donde recibe actualmente atención especializada por su delicado estado de salud.
El sentido mensaje exalta el papel de Santrich a lo largo de proceso de paz en La Habana, y posteriormente durante la implementación: "Hemos sido testigos, asimismo, de que a pesar de las desconfianzas y de los temores en medio de las adversidades de la implementación, ha llamado a los suyos a cumplir y hacer realidad los seis puntos del Acuerdo de La Habana".
Desde hace 27 días el exguerrillero se niega a recibir alimentos, y recibe únicamente agua y mandarinas además de ingerir los medicamentos que toma para una epilepsia que padece; ha rechazado además que le pongan suero y ha escrito una carta en la que pide que si queda inconsciente no lo canalicen para hidratarlo y exonera al Estado de cualquier responsabilidad si llegase a morir.
Lea el documento completo:
A Jesús Santrich,
Le escribimos esta nota para expresarle nuestra preocupación en momentos en que usted -pieza clave de la construcción de los Acuerdos de La Habana-, pone en vilo el valor de su mismísima existencia por considerar que ha sido ofendido moralmente con una acusación que lo destruye por ser quien es y que niega su andar de años por caminos de búsqueda de la paz nacional.
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Conoce usted el origen de nuestra vocación por la paz. Surgidos en orillas diametralmente opuestas, sin deponer nuestra posiciones e ideales, nos hemos propuesto hacer presencia en los más variados escenarios de la urgente reconciliación nacional. Ni escatimamos ni vamos a escatimar esfuerzos para alcanzarla. En este andar, hemos aprendido que la búsqueda de la paz carece de color político; que repugna con la intolerancia, fanatismos y los torpes ideologismos fundamentalistas; que requiere el compromiso de escrutar la verdad y dar testimonio de ella; que la felicidad colectiva implica conocer al otro, saberlo escuchar, comprender sus anhelos y esperanzas para superar lo que nos enfrenta peligrosamente y convocar soluciones de justicia social tan evidentes y necesarias que están por encima de cualquier bandera, sentimiento de raza, estirpe o condición.
Y lo encontramos a usted en La Habana, Santrich. Venía de hacer uso de lo que consideraba era su derecho a la rebelión. Con otros, como plenipotenciario de la otra parte del conflicto, se sentó a la mesa: inteligente, hábil en la negociación, duro a su manera en momentos en que consideraba se requería esa postura en defensa de los propios; a la hora de la verdad, en momentos de grandes decisiones, paladín conciliador; usted, creativo por excelencia. De ello somos testigos presenciales.
Invidente sí, no por eso ciego. Hemos sido testigos, asimismo, de que a pesar de las desconfianzas y de los temores en medio de las adversidades de la implementación, ha llamado a los suyos a cumplir y hacer realidad los seis puntos del Acuerdo de La Habana y el quehacer político en democracia con el compromiso de acogerse al Sistema Integral de Justicia, Verdad, Reparación y No Repetición. No concebimos que la culminación de toda esa obra gigante, de la cual es usted también artífice, pudiera ser un sucio trueque que cambie trozos de gloria, por réditos provenientes de un negocio que, en el mismo documento de paz, surge el compromiso de combatir y destruir. Nos consta que en la negociación de ese punto del Acuerdo, usted defendió la necesidad de acabar con ese negocio que tanto daño le ha hecho al país, que insistió en la Mesa en asociar la política de sustitución de cultivos a una verdadera reforma agraria y a ofrecer planes alternativos a los campesinos.
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Sigue siendo usted un arquitecto central de la paz nacional. Por ello lo esperan los suyos, sus compañeros de lucha. Mire usted además cómo la comunidad internacional reconoce su valiente recorrido y aportes. Por algo han ido al lecho desde el que usted clama justicia a su manera, personajes de la talla de Francisco de Roux S. J., Jean Arnault, Naciones Unidas, Consejo de Seguridad; Eamon Gilmore, Enviado Especial de la Unión Europea; José Luis Ponce, Embajador de Cuba; Anne Heidi Kvalsoren, Enviada Especial de Noruega, y otros de similar estatura y condición.
“Cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré por toda la eternidad,” dijo Nelson Mandela. Santrich, desde polos opuestos de su primer recorrido vital, que lo fuimos nosotros, los que suscribimos esta misiva, le decimos a usted: viva para construir más paz; aún le falta andar para poder dormir por toda la eternidad. Y sabemos que no le tiene miedo a la muerte, más sin embargo tenga presente el pensamiento de Stephan Hawking: “No tengo miedo a la muerte, pero no tengo prisa por morir. Tengo mucho que hacer primero.” Y grabe en su corazón la enseñanza del Papa Francisco que debe ser estandarte de todos: No se puede interpretar “la existencia como un encontrarse de casualidad en el mundo y un caminar hacia la nada”. No caminamos hacia la nada, Jesus Santrich. Caminamos con usted hacia la paz para todos. Aún para que la gocen sus más crueles detractores. Darse por vencido, jamás.
