En el Congreso actual, elegido en 2022, hubo un salto visible de representación femenina: 32 mujeres en el Senado y 54 en la Cámara, para un total de 86 curules. De cara a las legislativas del 8 de marzo de 2026, el foco no está solo en cuántas mujeres aparecen en las listas, sino en cuántas de esas candidaturas terminan convertidas en curules y, luego, en puestos de decisión dentro del Congreso.
Del registro a la curul: el primer filtro
Para 2026, tras el cierre de modificaciones, quedaron 3.144 candidaturas en firme: 1.078 al Senado y 2.066 a Cámara. Es una cifra grande, pero no dice mucho por sí sola. La conversión real ocurre cuando una candidata compite en una lista con opciones, tiene un lugar viable o logra destacarse en voto preferente. Ahí se ve el primer cuello de botella: no es lo mismo estar inscrita que estar bien ubicada o respaldada.
Las reglas ayudan, pero no garantizan resultados
La norma de cuota mínima del 30% en ciertas listas elevó el piso de participación. Y desde 2026 entra otra exigencia que pesa en territorios y circunscripciones pequeñas: cuando se disputan menos de cinco curules, la lista debe incluir al menos una mujer. Eso empuja la oferta, sí. Pero la elección sigue dependiendo de variables muy terrenales: posición en la lista, recursos, estructura regional y qué tanto el partido convierte el discurso de paridad en apoyo efectivo.
Curul no es poder: el segundo filtro
Incluso con curul, la influencia se reparte en otra mesa. Los puestos de poder suelen concentrarse en tres espacios: mesas directivas, presidencias y vicepresidencias de comisiones, y el control de ponencias (quién redacta, coordina y negocia los textos). En otras palabras: se puede ganar la elección y aun así quedar por fuera de los lugares donde se define el ritmo legislativo, se arma la agenda y se cierran acuerdos.
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Qué mirar para saber si 2026 cambia el mapa
Hay señales simples que ayudan a leer el resultado sin enredarse:
- Cuántas mujeres entran por Senado y Cámara frente a 2022.
- En qué comisiones quedan (no todas tienen el mismo peso político).
- Cuántas presiden comisiones o integran mesas directivas.
- Cuántas lideran ponencias clave y vocerías de bancada.
El dato que valdrá no será el volumen de candidaturas, sino la tasa de conversión: de candidata a congresista, y de congresista a decisora. Si 2022 marcó un récord de representación, 2026 va a mostrar si ese avance se vuelve estructura: más curules, sí, pero también más capacidad real de dirigir debates, negociar reformas y ocupar los lugares donde se reparte el poder legislativo.
