(4 de julio)
Si un genio perverso obligara a los colombianos a elegir entre la pronta firma de un acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC, o una victoria en la final del Mundial Brasil 2014, muy probablemente hoy por hoy la inmensa mayoría optaría por la gloria futbolera. La disyuntiva la plantea una crónica de BBC Mundo.
Después de todo, una encuesta publicada por The New York Times poco antes del inicio del torneo encontró que sólo el 6% de los colombianos afirman no tener ningún tipo de interés en "el deporte más hermoso del mundo".
Según estudios del ministerio del Interior de Colombia, el porcentaje de ciudadanos que consideran al fútbol como un elemento "muy importante" de sus vidas supera el 70%.
En contraste -sigue la publicación- lo mucho que el tema del proceso de paz aún divide al país quedó evidenciado por los apretados resultados de las recientes elecciones presidenciales, celebradas el día después del primer partido de la selección cafetera en un Mundial luego de una ausencia de 16 años.
Pero, afortunadamente, nadie le está pidiendo a los colombianos que elijan entre las que serían dos victorias históricas: la futbolística y la que representaría ponerle punto final al conflicto armado más prolongado del continente.
Por el contrario, son varios los analistas que consideran que el excelente desempeño de la selección cafetera en Brasil 2014 podría darle un impulso adicional a los esfuerzos colombianos por alcanzar la paz luego de más de 50 años de muertes y enfrentamientos.
"He aquí una predicción: si Colombia gana la Copa del Mundo el 13 de julio, en menos de quince días se firmaría un acuerdo de paz duradero que le pondría fin a una guerra civil de décadas", afirmó poco antes del inicio del torneo Matthew Brown, autor de "De las fronteras al fútbol: una historia alternativa de América Latina desde 1800".
Pero, ¿pueden en realidad los goles de James Rodríguez, los pases de Juan Guillermo Cuadrado y las paradas de David Ospina acercar a Colombia a ese sueño?
Brown está convencido que sí. Aunque admite que su vaticinio –hecho en un artículo escrito para la revista del diario británico The Financial Times- tal vez haya sido un poco exagerado.
Mientras que la imagen de los delegados de las FARC a las conversaciones de paz de La Habana enfundados en la camiseta nacional, luego de la clasificación al torneo, seguramente es evidencia del potencial unificador del fútbol y la selección nacional en un país dolorosamente dividido por años de luchas políticas, violencia y muerte.
Máxime cuando, gracias a su desempeño dentro y fuera del terreno de juego, el país entero parece haber abrazado a la Selección Colombia como su mejor representante y la personificación de todas de sus potencialidades, aspiraciones y sueños.
Fue la bendita “piñata” de Agro Ingreso Seguro, AIS, y su correspondiente escándalo lo que arrastró por tierra árida su candidatura, que obviamente venían cultivando el joven ministro y su mentor.
Arias entregó a dedo lo que quiso de manera arbitraria y selectiva, de un fondo que manejaba -en teoría- una entidad de la OEA, pero que él controlaba totalmente. Muchos gobiernos locales utilizan la misma fórmula, a través de universidades y el maléfico Instituto Andrés Bello.
Arias no solamente se creía el preferido sino que la soberbia lo encegueció, porque muchos funcionarios de ese gobierno suponían estar por encima de la ley.
“Pincher” Arias, como lo bautizó Samper Ospina en una columna sobre política y mascotas (y la caricatura exacta tiene la propiedad de volverse viral y como virus reproducirse sin control), Pincher Arias -digo- se sentía emperador y miraba con desprecio a políticos y periodistas.
Pero la vida es una tómbola. Hoy el señor Arias (que ojalá no se vaya a volar del país, como ha ocurrido con otros colegas suyos) ha sido condenado por sus actos irregulares: celebración de contratos sin cumplimiento de requisitos legales y peculado a favor de terceros. La decisión no es de un débil juzgado sino del máximo tribunal, la Corte Suprema de Justicia.
Al parecer Arias manejó la chequera del Ministerio de Agricultura peor que si fuera la suya, porque a muchos le resulta fácil regalar y hacer favores con el dinero del Estado, suyo y mío.
Dice la Corte que Arias tenía la capacitación y el conocimiento para saber que estaba incurriendo en irregularidades y “más allá de toda duda razonable hubo un concurso de delitos”, por lo que el exministro tiene la calidad de coautor.
El periodista Felix De Bedout recordó en Twitter que los periodistas de “Cambio” que hicieron en su momento la denuncia perdieron su puesto y la revista. Prefirió no pelearse con el periódico El Tiempo, por entonces, dueño de la publicación censurada de tajo.
El Ministro Cárdenas (elogioso con las Cajas) considera que han sido los gobiernos los que le han puesto una infinidad de tareas a estas empresas que tanto le sirven al Estado.
“Hay que lograr un pacto –dice el ministro- y definir unas reglas de juego a 10 años; que se especialicen en determinados temas: si es el seguro del desempleo, si es la vivienda, si es la salud, si es la educación, definir unas áreas, concentrarse en ellas y que el gobierno las respete. Las Cajas deben focalizar sus actividades”.
Cárdenas opina que el problema del Estado ya no es la capacidad de tener con qué hacer cosas, sino cómo hacerlas, tener unas instituciones que permitan llegarle a la gente con política social, donde el tema de ejecución es muy importante. “El país tiene que hacer un nuevo pacto social con las cajas, definir qué tareas van a cumplir, cómo se van a financiar”.
Y todo –me imagino- con harto cuidado y cariño. No puede olvidarse que los directivos de las Cajas ofrecieron su apoyo a la reelección del presidente Santos.
Tampoco nos interesa profudizar en los 900 heridos en las fiestas de San Pedro en el Huila ni de cualquier problema que tenga el país. Que si llega el verano o si las cortes se pelean entre sí, o se descubren horrores en el cobro de pensiones….todo queda para el análisis posterior, después del mundial.
El ministro dice que el alza fue obligada también por el mayor consumo de los combustibles, una situación inexplicable, pero que tampoco controvertimos.
“…Esto determinó -dice Acosta- que en el caso de la gasolina subió el precio 153 pesos el galón, pero en el caso del diésel esta presión al alza de los precios se vio de alguna manera atenuada por la caída en el precio del biodiesel que se mezcla con el diésel motor. Esto nos llevó a mantener en Bogotá el precio del galón de diésel, y en el resto del país tuvo una leve disminución”.
Queda la sensación de que aguantaron el aumento del precio de los combustibles por razones políticas (buscando la reelección)…
No, en absoluto, - responde el ministro-. Los acontecimientos de Irak a los cuales me estoy refiriendo fueron posteriores. La exacerbación de este conflicto, la amenaza que se cierne sobre la principal refinería de Irak son acontecimientos muy recientes que están influyendo mayormente en la evolución del precio, y fíjate tú que la caída en el precio del biodiesel, que nos lleva a mantener el precio del diésel estable, también es un hecho nuevo que ha contribuido a compensar esas presiones al alza.
De manera pues que así como no se mantuvo el precio para el mes pasado por razones políticas, tampoco ahora. He dicho que nosotros no hacemos política con los precios sino que tenemos una política de precios.
¿Por qué tan alto el aumento?
El aumento no afecta mayormente al diésel, que mantiene el precio. Recordemos que en el país en este momento el 60 por ciento del consumo de combustibles es diésel motor.
Después de todo, una encuesta publicada por The New York Times poco antes del inicio del torneo encontró que sólo el 6% de los colombianos afirman no tener ningún tipo de interés en "el deporte más hermoso del mundo".
Según estudios del ministerio del Interior de Colombia, el porcentaje de ciudadanos que consideran al fútbol como un elemento "muy importante" de sus vidas supera el 70%.
En contraste -sigue la publicación- lo mucho que el tema del proceso de paz aún divide al país quedó evidenciado por los apretados resultados de las recientes elecciones presidenciales, celebradas el día después del primer partido de la selección cafetera en un Mundial luego de una ausencia de 16 años.
Pero, afortunadamente, nadie le está pidiendo a los colombianos que elijan entre las que serían dos victorias históricas: la futbolística y la que representaría ponerle punto final al conflicto armado más prolongado del continente.
Por el contrario, son varios los analistas que consideran que el excelente desempeño de la selección cafetera en Brasil 2014 podría darle un impulso adicional a los esfuerzos colombianos por alcanzar la paz luego de más de 50 años de muertes y enfrentamientos.
"He aquí una predicción: si Colombia gana la Copa del Mundo el 13 de julio, en menos de quince días se firmaría un acuerdo de paz duradero que le pondría fin a una guerra civil de décadas", afirmó poco antes del inicio del torneo Matthew Brown, autor de "De las fronteras al fútbol: una historia alternativa de América Latina desde 1800".
Pero, ¿pueden en realidad los goles de James Rodríguez, los pases de Juan Guillermo Cuadrado y las paradas de David Ospina acercar a Colombia a ese sueño?
Brown está convencido que sí. Aunque admite que su vaticinio –hecho en un artículo escrito para la revista del diario británico The Financial Times- tal vez haya sido un poco exagerado.
Mientras que la imagen de los delegados de las FARC a las conversaciones de paz de La Habana enfundados en la camiseta nacional, luego de la clasificación al torneo, seguramente es evidencia del potencial unificador del fútbol y la selección nacional en un país dolorosamente dividido por años de luchas políticas, violencia y muerte.
Máxime cuando, gracias a su desempeño dentro y fuera del terreno de juego, el país entero parece haber abrazado a la Selección Colombia como su mejor representante y la personificación de todas de sus potencialidades, aspiraciones y sueños.
La piñata que acabó con el preferido de Uribe
(3 de julio) El entonces presidente Uribe Vélez prefería al Ministro Andrés Felipe Arias sobre todos los santos (Juan Manuel y Pachito, que en ese momento eran sus súbditos) para sucederle en la jefatura del Estado.
Fue la bendita “piñata” de Agro Ingreso Seguro, AIS, y su correspondiente escándalo lo que arrastró por tierra árida su candidatura, que obviamente venían cultivando el joven ministro y su mentor.
Arias entregó a dedo lo que quiso de manera arbitraria y selectiva, de un fondo que manejaba -en teoría- una entidad de la OEA, pero que él controlaba totalmente. Muchos gobiernos locales utilizan la misma fórmula, a través de universidades y el maléfico Instituto Andrés Bello.
Arias no solamente se creía el preferido sino que la soberbia lo encegueció, porque muchos funcionarios de ese gobierno suponían estar por encima de la ley.
“Pincher” Arias, como lo bautizó Samper Ospina en una columna sobre política y mascotas (y la caricatura exacta tiene la propiedad de volverse viral y como virus reproducirse sin control), Pincher Arias -digo- se sentía emperador y miraba con desprecio a políticos y periodistas.
Pero la vida es una tómbola. Hoy el señor Arias (que ojalá no se vaya a volar del país, como ha ocurrido con otros colegas suyos) ha sido condenado por sus actos irregulares: celebración de contratos sin cumplimiento de requisitos legales y peculado a favor de terceros. La decisión no es de un débil juzgado sino del máximo tribunal, la Corte Suprema de Justicia.
Al parecer Arias manejó la chequera del Ministerio de Agricultura peor que si fuera la suya, porque a muchos le resulta fácil regalar y hacer favores con el dinero del Estado, suyo y mío.
Dice la Corte que Arias tenía la capacitación y el conocimiento para saber que estaba incurriendo en irregularidades y “más allá de toda duda razonable hubo un concurso de delitos”, por lo que el exministro tiene la calidad de coautor.
El periodista Felix De Bedout recordó en Twitter que los periodistas de “Cambio” que hicieron en su momento la denuncia perdieron su puesto y la revista. Prefirió no pelearse con el periódico El Tiempo, por entonces, dueño de la publicación censurada de tajo.
Con timidez, el gobierno anuncia especializar las cajas de compensación
(2 de julio) El problema de las Cajas de Compensación familiar no son los exorbitantes sueldos de sus directores. El del Huila recibe $25 millones mensuales, sin contar con todas las suculentas arandelas, mientras las cifras en otras entidades pueden superar los $100 millones “básicos”. Tampoco preocupa que los directivos viajen por el mundo, en supuestos eventos para especializarse, cuando están jugando golf en Miami o en Dubai. Quizá la corrupción sea lo de menos, porque ante la avalancha de recursos no se nota, o se tapa con facilidad (la vigilancia es casi una payasada, la superintendencia respectiva es pequeña y manipulable). El poder de las Cajas de Compensación ha logrado esquivar hábil y mañosamente el control oficial que sí tienen –parcialmente- municipios y departamentos. Algunas cajas manejan más dinero que alcaldes y gobernadores, con prácticamente cero control. El Estado ha consentido no ejercer mayor vigilancia sobre esos entes, verdaderas ruedas sueltas, donde sus cabezas se hacen reelegir tantas veces que los cargos se vuelven vitalicios. En la historia reciente sólo dos directores administrativos han sido destituídos ante el saqueo descomunal y descarado. El problema y la urgencia de efectuar algunos cambios, según el Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, es buscar un mayor nivel de especialización y de focalización del trabajo de las cajas, que hoy hacen de todo, desde manejar clínicas y hospitales y construir vivienda, hasta organizar centros de recreación, pasando por la presentación de mentalistas (Tony Kamo) o presentadores de televisión (J. Mario Valencia). El alud de recursos que reciben es tal que contratan creativos para invertir desafordadamente.
El Ministro Cárdenas (elogioso con las Cajas) considera que han sido los gobiernos los que le han puesto una infinidad de tareas a estas empresas que tanto le sirven al Estado.
“Hay que lograr un pacto –dice el ministro- y definir unas reglas de juego a 10 años; que se especialicen en determinados temas: si es el seguro del desempleo, si es la vivienda, si es la salud, si es la educación, definir unas áreas, concentrarse en ellas y que el gobierno las respete. Las Cajas deben focalizar sus actividades”.
Cárdenas opina que el problema del Estado ya no es la capacidad de tener con qué hacer cosas, sino cómo hacerlas, tener unas instituciones que permitan llegarle a la gente con política social, donde el tema de ejecución es muy importante. “El país tiene que hacer un nuevo pacto social con las cajas, definir qué tareas van a cumplir, cómo se van a financiar”.
Y todo –me imagino- con harto cuidado y cariño. No puede olvidarse que los directivos de las Cajas ofrecieron su apoyo a la reelección del presidente Santos.
En el mandato Pékerman nadie protesta por alza de combustibles
(1 de julio) El Ministro de Minas y Energía, Amylkar Acosta, dice que el aumento en los precios de los combustibles -decretado a partir de este 1 de julio- se relaciona con el conflicto de Irak, pero cierto o no, nadie le pone cuidado al asunto. Estamos en el mandato de Pékerman y los éxitos de la selección de Colombia desvían cualquier protesta o discusión.
Tampoco nos interesa profudizar en los 900 heridos en las fiestas de San Pedro en el Huila ni de cualquier problema que tenga el país. Que si llega el verano o si las cortes se pelean entre sí, o se descubren horrores en el cobro de pensiones….todo queda para el análisis posterior, después del mundial.
El ministro dice que el alza fue obligada también por el mayor consumo de los combustibles, una situación inexplicable, pero que tampoco controvertimos.
“…Esto determinó -dice Acosta- que en el caso de la gasolina subió el precio 153 pesos el galón, pero en el caso del diésel esta presión al alza de los precios se vio de alguna manera atenuada por la caída en el precio del biodiesel que se mezcla con el diésel motor. Esto nos llevó a mantener en Bogotá el precio del galón de diésel, y en el resto del país tuvo una leve disminución”.
Queda la sensación de que aguantaron el aumento del precio de los combustibles por razones políticas (buscando la reelección)…
No, en absoluto, - responde el ministro-. Los acontecimientos de Irak a los cuales me estoy refiriendo fueron posteriores. La exacerbación de este conflicto, la amenaza que se cierne sobre la principal refinería de Irak son acontecimientos muy recientes que están influyendo mayormente en la evolución del precio, y fíjate tú que la caída en el precio del biodiesel, que nos lleva a mantener el precio del diésel estable, también es un hecho nuevo que ha contribuido a compensar esas presiones al alza.
De manera pues que así como no se mantuvo el precio para el mes pasado por razones políticas, tampoco ahora. He dicho que nosotros no hacemos política con los precios sino que tenemos una política de precios.
¿Por qué tan alto el aumento?
El aumento no afecta mayormente al diésel, que mantiene el precio. Recordemos que en el país en este momento el 60 por ciento del consumo de combustibles es diésel motor.
