Los familiares de Gilberto Araujo, un lavador de carros de Alagoinhas (Brasil), hacía cuatro meses que no sabían nada de él. Hasta que las autoridades dieron aviso de que habían encontrado a un hombre con sus rasgos. Los parientes reconocieron el cuerpo y creyeron que Gilberto había fallecido. En el momento del entierro, en medio del llanto por su partida, Gilberto apareció. Los asistentes al funeral se asustaron al ver al muerto vivo. El hombre de 41 años se enteró de su velorio porque un amigo le dijo que todos sus conocidos lo daban por muerto.
