Un estudio analizó el ADN de las personas que se dedicaban a bailar y de las que nunca lo habían hecho en su vida. El análisis fue publicado en la revista PLOS Genetics y reveló que a quienes les gusta el baile y lo practican son más felices y tienen mejor circulación sanguínea. El estudio también revela que a los bailarines se les desarrolló más los genes de la comunicación, las destrezas físicas y un nivel más alto de serotonina, que ayuda a controlar el apetito e inhibe la ira.
