No fue una escena improvisada ni una aparición decorativa dentro del show. La mujer que le sirve un shot a Bad Bunny en pleno escenario del Super Bowl tiene nombre, historia y peso propio en la cultura latina de Nueva York.
Se llama María Antonia Cay Rodríguez, conocida por todos como Toñita. Es puertorriqueña, nacida en Juncos, y hoy, a sus 85 años, sigue siendo una figura viva y respetada dentro de la comunidad boricua en Brooklyn.
Desde hace más de cinco décadas es la dueña del Caribbean Social Club, un pequeño bar en Williamsburg que con el tiempo se convirtió en un punto de encuentro para la diáspora puertorriqueña y caribeña. No es un bar de moda ni un sitio pensado para turistas. Es un lugar de barrio, de historias compartidas, de memoria y de resistencia cultural en una ciudad que ha ido cambiando y desplazando a quienes la construyeron.
Durante años, el Caribbean Social Club fue refugio para migrantes, trabajadores y vecinos que encontraban allí comida, música, conversación y pertenencia. Toñita no levantó una marca ni buscó reconocimiento. Sostuvo un espacio. Y en esa constancia se volvió una referencia para varias generaciones de puertorriqueños que hicieron su vida lejos de la isla.
Bad Bunny no la eligió al azar. En sus canciones ha citado ese universo latino neoyorquino que existe lejos del espectáculo y del glamour. Llevar a Toñita al escenario del Super Bowl no fue un gesto folclórico ni una anécdota simpática, sino el reconocimiento a una historia real, concreta y profundamente cultural.
El momento fue sencillo. Un shot servido con naturalidad, como se ha servido allí durante décadas. Detrás de ese gesto hay migración, trabajo y vida cotidiana. No fue una escena actuada. Fue la presencia de una historia que sigue viva, incluso en el escenario más visto de Estados Unidos.
