En medio del conflicto armado que sigue afectando a varias regiones de Colombia, niñas, niños y adolescentes se mantienen como una de las poblaciones más expuestas a los riesgos derivados de la violencia. Ante este panorama, organizaciones humanitarias impulsan acciones para que las escuelas se conviertan en espacios seguros para las comunidades.
De acuerdo con el Servicio Jesuita para los Refugiados, entre enero de 2022 y enero de 2024 cerca de 50.000 personas, entre estudiantes, docentes y personal educativo, resultaron afectadas en Colombia por ataques violentos contra instituciones y entornos escolares.
Como respuesta a esta situación, en junio de 2024 surgió el consorcio “Creer: Comunidades resilientes, escuelas resilientes”, integrado por Entreculturas, Alianza por la Solidaridad y Save the Children, junto con organizaciones locales como el Servicio Jesuita para Refugiados, ACOP, APOYAR y ACONC, con financiación de la Unión Europea.
Escuelas como espacios de protección
La iniciativa ha desarrollado acciones en Cauca, Nariño, Arauca y Valle del Cauca, cuatro departamentos afectados por dinámicas de violencia, emergencias humanitarias y riesgos para la niñez.
En dos años de trabajo, el proyecto ha impactado a cerca de 184.000 personas mediante programas orientados a fortalecer capacidades en alerta temprana, acción anticipatoria, preparación para desastres, educación en emergencias y respuesta de protección.
“Tener escuelas seguras es muy importante para mí y mis compañeros porque estar tranquilos nos permite aprender y tener mejores clases”, aseguró Camilo, estudiante de séptimo grado de la Institución Educativa Imbilí Carrera, en Tumaco, Nariño.
El proyecto ha desarrollado actividades en municipios como Arauquita y Saravena, en Arauca; Tumaco, en Nariño; y Buenos Aires, Corinto, Caloto, Suárez y Santander de Quilichao, en Cauca.
Además de la gestión del riesgo, la estrategia incluye acciones para prevenir violencias basadas en género, entrega de kits de salud mental y menstrual, creación de rutas de atención y acompañamiento oportuno.
Cuidar a los cuidadores
Uno de los ejes del proyecto también ha sido el acompañamiento a docentes, reconociendo su papel como cuidadores dentro de las comunidades educativas.
A través de espacios de formación en autocuidado, bienestar y salud mental, los maestros han recibido herramientas para enfrentar contextos complejos y proteger mejor a sus estudiantes.
“Cuidar de cuidadores es una estrategia en la que nos invitaron a nosotros como docentes, que tenemos que interactuar con distintas situaciones, también tengamos cuidado con nosotros mismos”, destacó Luz Mary Rivera, docente beneficiaria del programa.
Según los resultados del proyecto, el 87 % de los docentes mejoró o amplió sus conocimientos, actitudes y prácticas en protección de la infancia, primeros auxilios y protocolos de reacción ante emergencias.
También se realizaron jornadas de señalización, simulacros y capacitaciones. En total, más de 924 actores y 674 líderes territoriales fueron formados en respuesta a emergencias y gestión del riesgo.
El llamado a sostener estas iniciativas
El programa también trabajó con estudiantes de grados superiores en prevención de violencias en las aulas mediante la actividad “Semillas del cuidado - Ruta pedagógica para el bienestar en la escuela”.
Además, se conformaron comités de escuelas seguras, se entregaron cerca de 2.050 kits escolares y 659 apoyos basados en efectivo, con el fin de mitigar la deserción escolar asociada a entornos violentos.
Tras dos años de implementación, las organizaciones que integran el consorcio pidieron que este tipo de acciones puedan institucionalizarse, replicarse en otras regiones y contar con financiación sostenible.
María Mercedes Liévano, directora de Save the Children, señaló que Colombia necesita mayor apoyo para mitigar los riesgos que enfrenta la niñez en territorios afectados por la violencia.
“Teniendo en cuenta los avances y que las comunidades se enfrentan a muchísimas afectaciones, creo que es muy importante darles sostenibilidad a estos esfuerzos”, afirmó.
La apuesta, según las organizaciones, es fortalecer la articulación entre Estado, cooperación internacional y comunidades para anticiparse a las emergencias y proteger a la niñez en medio de escenarios de conflicto.
