El Gobierno anunció un nuevo recorte presupuestal por $16 billones de pesos, en una coyuntura marcada por el freno judicial a la emergencia económica decretada en diciembre de 2025 y por el reciente aumento de tasas del Banco de la República. El mensaje del presidente Gustavo Petro también abrió la puerta a ajustes arancelarios focalizados como parte del paquete de opciones para recomponer ingresos.
Recorte fiscal tras el freno judicial
En un mensaje divulgado por su cuenta de X, Petro informó que el Ejecutivo aplicará un tercer recorte de gasto por $16 billones. Según su explicación, el ajuste acumulado durante su administración llegaría a $44 billones, luego de dos reducciones previas por $12 billones y $16 billones.
El anuncio se conoce después de que la Corte Constitucional suspendiera de forma provisional los efectos del decreto de emergencia, mientras avanza el estudio de fondo. En la práctica, los tributos y decisiones fiscales adoptadas bajo esa figura quedan temporalmente en pausa, lo que reduce el margen de maniobra del Gobierno en el corto plazo y obliga a reordenar el presupuesto.
¿Qué se recorta?
El presidente sostuvo que el ajuste no se orientaría a recortar rubros de gasto social e inversión social, ni los presupuestos de seguridad y defensa. La idea, según el Gobierno, es evitar que el ajuste recaiga sobre áreas sensibles y concentrarlo en partidas que puedan aplazarse o reprogramarse sin afectar servicios esenciales.
En su argumentación, Petro vinculó la presión fiscal con obligaciones y costos que, a su juicio, no nacen solo en 2026: subsidios heredados, pagos asociados a deuda de corto plazo y menores ingresos tras decisiones judiciales sobre componentes tributarios.
Aranceles, deuda y el choque con las tasas
Junto con el recorte, el Gobierno planteó evaluar un aumento de aranceles en sectores específicos, con énfasis en bienes por fuera de la canasta básica, y explorar estrategias de manejo de deuda para mejorar plazos y costos. El punto sensible es el efecto sobre precios: subir aranceles puede recaudar o proteger producción local, pero también puede trasladarse a inflación si toca productos con alta demanda.
El telón de fondo es la decisión del Banco de la República de subir su tasa de política monetaria a 10,25% (100 puntos básicos). Mientras el emisor prioriza su mandato de estabilidad de precios, el Ejecutivo advierte que un costo financiero más alto encarece la deuda y presiona el gasto.
