Konciencia

A veces, por aparentar ser perfectos y conseguir que nos califiquen como exitosos, perdemos la brújula de nuestra autenticidad.
Armando Martí reflexiona sobre el resentimiento, la venganza y el perdón como caminos que pueden definir nuestra libertad interior.
Durante aquellos instantes de angustia comprendimos que todo lo que parecía firme, podía cambiar de repente.
Muchas veces comprendemos racionalmente lo que nos sucede y, aun así, repetimos la misma conducta. Entendemos una antigua herida y, sin embargo, determinado estímulo vuelve a gatillar la vieja reacción.
La sociedad nos enferma de competitividad, nos convence de que sentir es una debilidad. Nos anestesia con “entretenimiento” vacío. Nos educa para la producción, no para la contemplación.
La agresividad no es el camino. No es la ruta de la evolución emocional ni la vía para construir vínculos auténticos.
El miedo, la ansiedad y el sinsentido se cuelan en nuestras rutinas diarias como sombras. ¿Qué hacer cuando la estabilidad se tambalea? ¿Cómo vivir cuando el mañana es incierto y el caos parece una posibilidad real?
La voluntad es un músculo espiritual atrofiado por la evasión y la dependencia. Para sanar el mundo debemos fortalecer la capacidad de decidir con claridad, firmeza y coraje.
La conciencia no es una voz débil que podamos amaestrar como a una mascota. No se deja comprar con poder, ni se calma con excusas, ni se adormece con premios.
Si de niños fuimos invisibilizados, invalidados o emocionalmente descuidados, podríamos asociar el amor con el sufrimiento.
La belleza, en su forma más pura, es un lenguaje invisible que toca el alma y la despierta. Es aquello que nos hace detenernos, sentir, llorar sin razón, reír sin motivo.