Este jueves, luego de 60 años de guerra, se firmó el fin del conflicto armado en Colombia. Al igual que muchos colombianos, los jugadores de fútbol vivieron en carne propia el dolor de la violencia. Desde secuestros hasta la muerte de sus familiares.
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Juan Guillermo Cuadrado plasma la felicidad en su juego, sus gambetas y su talento dejan perplejos a los fanáticos del mundo entero. Sin embargo, detrás de esa gran sonrisa se esconde un triste pasado, de esos que queman el alma. Cuando tenía cinco años, el jugador de Necoclí, Antioquia, vivía en medio de las balaceras de los grupos armados. Escuchar tiroteos se volvió costumbre para el volante, pero hubo un día en el que un episodio de esos le cambiaría la vida, una desafortunada bala perdida impactó a su padre, Guillermo Cuadrado.
El futbolista de la Selección Colombia nunca más pudo ver llegar a su padre en el camión donde repartía gaseosas por toda la zona.
Crecer y madurar a la fuerza no es fácil, y esto también lo sabe Juan Fernando Quintero, quien creció en una comuna de Medellín, donde la violencia, las drogas y la intervención de grupos armados le daban un toque amargo a sus primeros años de vida. El vacío para él crecía día a día porque su familia le hablaba del talento de su padre desaparecido, Jaime Quintero. Gracias a esto, el volante sabe de la magia futbolística que le dejó su papá, ese que nunca conoció...
¿Quién lo pudo haber desaparecido?
“Mi corazón dice que el Ejército Nacional, a mi hermano y a muchísima gente más, lo desapareció con el mismo modus operandi, para que los familiares quedemos nadando en un mar de impunidad”, dijo la tía del jugador, Silvia Quintero.
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Marlos Moreno, tampoco escapó a esta realidad. El habilidoso jugador de Atlético Nacional creció en la comuna Manrique Oriental de Medellín. Las dificultades no solo las veía en su entorno, también en su casa porque vivía en una pieza con sus siete hermanos y su madre. El deportista espera que así como la vida le dio una oportunidad a él, también lo haga con muchos niños que viven en zonas afectadas por el conflicto.
Asimismo, Con la presencia devastadora de la guerrilla y paramilitares muchos habitantes tuvieron que salir del Chocó todos estos años, Carlos Sánchez no es muy lejano a esta historia. El actual volante del Aston Villa salió del país cuando tenía 17 años. La violencia y la pobreza le quitaban oportunidades en su amado Quibdó y poder irse de Colombia gracias a su talento le cambiaría la vida. Su apodo, la 'Roca', no solo lo lleva por su personalidad en la cancha sino también por aguantar la difícil situación de su pueblo.
"Que nos dé Dios lo que somos capaces de soportar", adagio popular recordado por Gabriel García Márquez en su libro: Noticia de un secuestro. Andrés Estrada Murillo, fue raptado un sábado 23 de abril del año 2.000 por parte del ELN. Aunque la retención fue de 72 horas, el exjugador en ese entonces de Atlético Nacional solo pudo decir, en medio del terror, que no iban por él y que lo sucedido había sido una equivocación del grupo al margen de la ley.
Cristian Zapata fue extorsinado por una banda criminal luego de que su tía, Limania Zapata, fuera secuestrada el 30 de abril de 2013. Afortunadamente para el defensa de la Selección Colombia y su familia, fue recuperada luego de 18 horas de rapto. La frustración para el futbolista llegó nuevamente cuando se enteró que uno de los integrantes del grupo era su primo, Wilson Uzuriaga Zapata, alias “Mareco”.
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La muerte es otro factor escabroso en estas situaciones. Albeiro el 'Palomo' Usuriaga, es recordado por ganar la Copa Libertadores de América con Atlético Nacional en 1989 y por participar con el combinado nacional en distintas ocasiones.
No obstante, la vida del exjugador fue arrebatada el jueves 12 de febrero de 2004, cuando un hombre se bajó de una moto y le disparó varias veces en el lugar donde compartía con sus amigos. El homicidio se debió por un asunto de celos, al parecer el jugador salía con la expareja de Jefferson Valdez Marín, el jefe de la organización los "Molina", quienes son recordados por cientos de homicidios contratados por otros grupos armados, además de fabricación, tráfico y porte de armas de fuego.
