23-F: 40 años desde el último intento de golpe en España

Publicado por: erika.diaz el Mar, 23/02/2021 - 08:13
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Este martes 23, a las 18:23 horas exactamente según las crónicas de la época, se cumplen 40 años del inicio de la última intentona de acabar con la democracia en España: el golpe del Estado del 23 de febrero de 1981, el conocido en España como 23-F.
23-F: 40 años desde el último intento de golpe en España
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"Paradójicamente el 23 de febrero puso fin a todos los golpes, a todo este tipo de fantasmas. Fue en mi opinión una catarsis para la sociedad española y provocó que muy poco tiempo después el PSOE de Felipe González ganara con mayoría absoluta con más de 10 millones de votos", reflexiona el historiador, José María Ortiz de Orruño.

En los poco más de cinco años que habían transcurrido hasta ese día desde la muerte del dictador Francisco Franco, en España se había proclamado un Rey; se había reemplazado un Gobierno heredado de la dictadura; se había legalizado al Partido Comunista; se habían celebrado elecciones democráticas por primera vez en 40 años y se había aprobado una nueva Constitución.

Toda esta serie de cambios en una sociedad que venía de cuatro décadas de dictadura militar no fue bien asimilada por todos, especialmente en las filas del Ejército.

Ruido de sables

Recuerda Ortiz de Orruño, que dirige el Instituto de Historia Social "Valentín de Foronda" de la Universidad del País Vasco, cómo en medio de una importante conflictividad social por la grave crisis económica y los numerosos atentados de la organización terrorista ETA se daba aquella presión del Ejército sobre la recién nacida democracia española, el llamado "ruido de sables".

"En general los militares estaban convencidos de que el Estado tenía que ser la espina dorsal de la patria y que ellos estaban llamados, en caso de peligro extremo, a salvar a la patria", recuerda este historiador que apoya esta tesis en entrevistas en prensa a destacados militares de la época, donde defendían abiertamente esta idea.

Son numerosas las investigaciones y teorías acerca de este acontecimiento, muchas de ellas apuntan a operaciones anteriores similares no llevadas a cabo finalmente, como la "Operación Galaxia", quizás la más conocida, a finales de 1978 y en la que estaba involucrado también el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, el hombre que entró en el Congreso armado aquella tarde al frente de 200 hombres.

En aquel 23 de febrero se votaba en el congreso la candidatura de Leopoldo Calvo Sotelo a presidente del Gobierno, tras la dimisión de Adolfo Suárez, el carismático político de centro que había pilotado la Transición a la democracia al frente del Ejecutivo y que había dimitido un mes antes, vencido por su debilidad política dentro y fuera de su partido.

"Ellos no buscaban quedarse en el poder, sino reconducir la situación. No les gustaba la Constitución española y no les gustaban los Estatutos de Autonomía, querían derogar los Estatutos y volver a la situación anterior, con un Gobierno elegido democráticamente pero con otras reglas del juego que ellos cambiasen", dice el veterano político vasco Iñaki Anasagasti sobre el diseño del Golpe y sus intenciones.

El papel del rey

En aquellas largas horas, desde que Tejero tomó el Congreso con su histórico "¡Quieto todo el mundo!" seguido de una ráfaga de disparos, hasta que a la mañana siguiente los diputados y el Gobierno al completo salían a la calle tras la rendición de los golpistas se considera fundamental la labor del entonces Jefe del Estado, el Rey Juan Carlos I, que además era el capitán general del Ejército.

Su intervención en televisión, vestido con uniforme militar, a la una de la madrugada ya del día 24, ordenando a los militares sublevados en Madrid y Valencia volver a sus cuarteles supuso el fin de la intentona golpista, a falta de la negociación con los sublevados en el Congreso durante toda la noche.

Pero antes de este mensaje del Rey, se produjo una visita clave a aquel Congreso tomado: la del general Alfonso Armada, condenado posteriormente como uno de los responsables de la sublevación, que se ofreció para negociar con Tejero la formación de un gobierno de concentración con líderes políticos y militares, algo que el teniente coronel de la Guardia Civil (cuerpo policial de naturaleza militar) rechazó.

La cercanía al Rey del general Armada, con el que había trabajado estrechamente hasta 1975, hizo alimentar toda una serie de especulaciones sobre el verdadero papel del Monarca en los acontecimientos.

"El propio Alfonso Armada en sus memorias reconoce que en aquel mes de febrero había tenido 24 llamadas telefónicas con el Rey y una reunión en Baqueira Beret", dice refiriéndose al lugar de vacaciones invernales de la Familia Real Iñaki Anasagasti, por aquel entonces diputado autonómico del Partido Nacionalista Vasco (PNV) y conocido por ser uno de los pocos políticos españoles en cuestionar la figura de Juan Carlos I, incluso antes de que su imagen pública comenzara a desmoronarse a partir de 2012, tras conocerse aspectos de su vida privada hasta entonces veladamente consentidos.

Una larga noche

Anasagasti recuerda cómo aquella noche, tras seguir los acontecimientos en la sede de su partido en Bilbao fue a dormir a su casa, contrariamente a lo que se cree que hicieron muchos políticos nacionalistas o de izquierdas que se refugiaron en casas de amigos o, en el caso del País Vasco, huyeron a Francia para evitar la represión que temían sufrir en caso de prosperar el Golpe.

Quien no durmió aquella noche en su casa fue el entonces joven político socialista Joan Lerma, que al año siguiente pasaría a presidir la Comunidad Valenciana, un cargo que ocupó durante tres legislaturas.

"Sucedió todo muy rápido, comenzamos a oír unos ruidos en la puerta y enseguida vimos entrar unos guardias civiles y una persona vestida de militar de Marina. Como este militar, Menéndez, y Tejero ya eran conocidos ultras, enseguida comprendimos lo que sucedía", relata Lerma, actualmente senador.

Joan Lerma pasó aquella noche en el escaño prácticamente sin poder moverse de allí, como la mayoría de los diputados, que eran vigilados por guardias civiles armados; y prácticamente sin información del exterior, aparte de los rumores que corrían por el hemiciclo.

"No sabíamos lo que podía ocurrir. Hubo un momento en que se llevaron a los líderes de los partidos a otro lugar, que luego resultó ser una sala aparte, pero no lo sabíamos. También estuvimos mucho tiempo esperando a que llegara alguien a decir alguna cosa y tampoco ocurrió", recuerda el político valenciano sobre las palabras iniciales pronunciadas por los golpistas emplazando a la llegada de la "autoridad competente, militar por supuesto", en lo que es otra de las frases del Golpe.

En este martes, 40 años después de aquella larga noche, todas las fuerzas de izquierda, con excepción del gobernante Partido Socialista Obrero Español (PSOE), y las fuerzas nacionalistas de la Cámara temen que los actos de conmemoración sean utilizados como un lavado de imagen de la monarquía y recuerdan que uno de los protagonistas de aquella noche, el Rey Emérito Juan Carlos I, permanece desde el pasado agosto en Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos), mientras los tribunales investigan sus movimientos económicos.

Sin duda un panorama muy distinto en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo, cuatro décadas después, de aquella tarde en que las cámaras de televisión recogieron uno los momentos más impactantes de la historia moderna de España, que hoy en día es percibido ya de una manera muy lejana por la sociedad española.