Hechicería con albinos, una amenaza que crece a la par que la pandemia

Publicado por: christian.sandoval el Mar, 03/08/2021 - 17:57
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Creado Por
Christian Sandoval
El asesinato de albinos con fines rituales creció a la par que la pandemia. Un flagelo lamentable que extiende sus tentáculos hasta el tráfico de partes humanas, la violación con fines curativos y el misticismo ancestral.
Hechicería con albinos durante la pandemia.

A la par con la pandemia, se escribe una historia todavía más oscura, todavía más aterradora y mucho más ignorada que cualquiera: el asesinato de personas albinas con fines rituales. Un fenómeno que, contrastando con el discurso de Derechos Humanos que se vuelve cada vez más estructural en nuestra idiosincrasia como humanidad, sigue todavía presente en ese misticismo que asocia a las personas que sufren de esta enfermedad con seres mágicos, poseedores de la capacidad de brindar riqueza y buena suerte. 

Según Ikponwosa Ero, anterior experta independiente de la ONU sobre el disfrute de los Derechos Humanos de las personas con albinismo, este tipo de práctica aumentó de forma considerable desde el inicio de la pandemia por cuenta del empobrecimiento de muchas personas y de su consecuente regresión a la brujería para ganarse la vida. 

“A pesar del progreso en muchos frentes, me entristeció profundamente el notable aumento en los casos reportados de personas con albinismo asesinadas o atacadas debido a la creencia errónea de que usar partes de su cuerpo en pociones puede traer buena suerte y riqueza (...) Aún más trágico, la mayoría de las víctimas han sido niños", aseguró la saliente funcionaria, citada en un comunicado de las Naciones Unidas. 

Este fenómeno tiene uno de sus principales focos en las prácticas mágico religiosas africanas, aunque no se limita territorialmente a esta región del mundo. Su origen se remonta a un nombre que produce cierta incertidumbre en algunas personas y respeto en otras: el yuyu vudú o muti. 

La distinción entre ambos términos es más geográfica que conceptual. En África Meridional, por ejemplo, Muti hace “hace referencia a tipos de medicina tradicional, talismanes mágicos, pociones o amuletos”, según el informe de Derechos Humanos de personas albinas de la ONU para 2021. De igual manera, ‘yuyu’ es utilizado en África Occidental para referirse a prácticas similares. 

Tanto en el uno como en el otro, el procedimiento más frecuente es la realización de pociones a partir de distintas plantas, animales o minerales. No obstante, el problema en cuestión es que los practicantes de este tipo de rituales, usualmente personas especializadas o ‘hechiceros’, suelen tener la creencia de que incluir partes humanas en las pociones aumenta de forma considerable su potencia. 

“A veces se cree que el muti o el yuyu son más eficaces si contienen partes del cuerpo humano, en particular de personas con albinismo, al considerarse que son intrínsecamente mágicas o poderosas”, asegura el informe de la ONU. 

En ese sentido, las personas albinas son las principales víctimas de este flagelo que incluye el asesinato, desmembramiento, tráfico de órganos y demás partes humanas. Especialmente de niños, a quienes se les atribuye bondades superiores por su pureza e inocencia. 

Las formas de la violencia

 

De acuerdo con Ikponwosa, durante los últimos ocho años se han reportado con fuentes fidedignas al menos 600 ataques contra la población albina en 26 países. No obstante, esta cifra representa también la dificultad para llevar un control efectivo del flagelo, ya que en varias latitudes esta problemática no se encuentra priorizada y la brujería no está tipificada como delito. Algo que puede resultar especialmente polémico teniendo en cuenta los antecedentes históricos de persecución a la hechicería y de la dificultad para definir estas prácticas. 

“Estos son solamente los casos que se conocen. La frecuencia de la participación de familiares en los ataques contra las personas con albinismo y la falta de un seguimiento integral de esos ataques influyen negativamente en la recopilación de datos exhaustivos”, añade el informe.

En ese sentido, esta sería apenas la punta del iceberg de una situación que por un lado avanza a pasos agigantados en continentes como África o Asia y que, por otro, tiene progresos pausados y modestos en materia de Derechos Humanos. Una coyuntura especialmente grave si se tiene en cuenta el carácter minoritario de la población albina en el mundo. 

De acuerdo con las cifras de la ONU, en África, uno de los continentes donde más se presenta la brujería con personas albinas, la prevalencia de esta enfermedad oscila entre una de cada cinco mil personas y una de cada 15 mil. En África Meridional, por ejemplo, esta relación puede llegar a una persona de cada mil. 

Por otro lado, en Europa y Norteamérica la prevalencia oscila entre una de cada 17 mil y una de cada 20 mil personas.  Y así, esta relación va cambiando de acuerdo al continente que se analice. 

Paradójicamente, ser la víctima de la brujería no es el único ataque que sufren las personas con albinismo. En algunas regiones del mundo sucede la situación inversa: suelen ser acusados de ejercerla, al existir la creencia de que estas personas poseen poderes sobrenaturales capaces de influir en los demás. 

Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la población albina sufre este flagelo de forma análoga en muchas comunidades de África donde se les relaciona con malos augurios. 

En Ghana, por ejemplo, se cree que la presencia de una persona con albinismo en la comunidad hace que no llueva. Por consiguiente, los niños con albinismo son asesinados inmediatamente después de nacer”, comenta el informe de la ONU. Una problemática que, en consecuencia, está relacionada con el aumento de infanticidios en el mundo. 

Además, señala el documento, la Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer denunció en su relatoría sobre Papúa Nueva Guinea que “había presenciado agresiones brutales contra presuntos hechiceros que, en muchos casos, incluyeron torturas, violación, mutilación y asesinato”. Algo especialmente desfavorable para esta población que está anclada a este tipo de misticismos. 

Finalmente, otras de las formas de la violencia contra lo albinos en el mundo, más allá de aquellas discriminaciones que puedan existir en el plano social y normativo de los países, es la violencia sexual que viven especialmente las mujeres de esta población por cuenta de los fetiches y mitos curativos. 

En ciertos países, según la ONU, existe la creencia de que mantener relaciones sexuales con una mujer albina puede llegar a curar el VIH. Algo que podría tener diferentes aristas de victimización si se tiene en cuenta que, además, en algunas regiones de África se concentra la mayor cantidad de casos de sida en el mundo, exponiendo a las mujeres albinas a  embarazos no deseados o enfermedades de transmisión sexual. 

Derechos Humanos de los albinos

 

Debido a todos los casos antes mencionados, es importante que los Estados del mundo pongan sus ojos sobre esta problemática en auge. Además de los casos de violencia sexual, se requieren legislaciones específicas que castiguen los ataques rituales en sus tres dimensiones: el descuartizamiento y comercio de partes humanas; la realización de estas prácticas en calidad de “hechiceros”; y la recurrencia a este tipo de rituales en calidad de clientes. 

De igual manera, otro punto importante que podría llegar a reducir estas situaciones es la implementación de módulos de concientización en los centros educativos que lleven a las personas tópicos como Derechos Humanos, salud sexual y reproductiva, entre otros. 


Asimismo, los Estados deben empezar a asumir su responsabilidad en la garantía de los derechos a la no discriminación de la población albina y rendir cuentas constantes sobre esta gestión específica. Los derechos fundamentales al acceso equitativo a la educación, a la vida, a la no exclusión, a la salud, al trabajo, al acceso a la justicia, entre otros, deben empezar a ser una realidad para que esta población empiece a gozar de su vida en calidad de iguales como ciudadanos.