A Jineth Bedoya le tocó investigar su propia tragedia

Publicado por: gabriela.garcia el Mar, 16/03/2021 - 16:22
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Creado Por
Gabriela García Aguilar
Conozca aquí la historia de Jineth Bedoya, la periodista que fue secuestrada, torturada y víctima de violencia sexual por parte de paramilitares en mayo de 2000 .

A Jineth Bedoya le tocó investigar su propia tragedia. Después de haber sido secuestrada, torturada y violada en mayo de 2000, un fiscal la llamó en repetidas ocasiones para preguntarle el porqué no le ayudaba a seguir recolectando pruebas que condujeran a los responsables de su dolor, pues ella, utilizando sus conocimientos como periodista, se encargó de conseguir algunos testimonios que le revelaron cómo se planeó el ataque en su contra a pesar de que, claramente, ese no era su trabajo ni su responsabilidad.

La reportera comentó las reiteradas revictimizaciones a las que fue sometida después de haber sido víctima de violencia sexual. En medio de la histórica audiencia del juicio contra el Estado colombiano, que se adelantó desde este lunes 15 de marzo en la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), Bedoya narró detalles de lo sucedido en esa mañana de mayo y expresó lo que para ella sería algún tipo de reparación por todos estos años de impunidad. 

El inicio de las amenazas
A Jineth Bedoya le tocó investigar su propia tragedia

Jineth Bedoya se encargaba de cubrir y hacer investigaciones sobre temas judiciales y de conflicto armado. Para el año en el que ocurrió el ataque en su contra era reportera del diario El Espectador y documentaba situaciones sobre tráfico de armas, descuartizamientos, desapariciones, compra y venta de secuestrados y demás violaciones de derechos humanos dentro de la cárcel La Modelo de Bogotá, uno de los centros penitenciarios más peligrosos de Colombia en ese momento.

“Allá concluían todos los grupos armados. Había paramilitares, guerrilleros, integrantes de mafias del narcotráfico y delincuencia organizada. Lo paradójico era que, públicamente, los agentes del Estado combatían a estos grupos ilegales, pero dentro de la cárcel eran ‘amigos’ y tenían alianzas para venderse armamento, negociar, traficar y surtir de armas a algunos frentes de las Farc y las AUC. La cárcel La Modelo era la oficina en la que se conectaba todo el crimen del país”, contó.

Según dijo, las amenazas en su contra iniciaron en 1997 cuando trabajó para la emisora RCN Radio. Por las intimidaciones, decidió pausar la actividad por algunos meses y después, cuando ingresó al diario El Espectador, siguió con las publicaciones sobre las violaciones a derechos humanos que cometían los grupos armados dentro de la cárcel con complicidad del Ejército y la Policía. 

“En mayo de 1999 mi mamá y yo fuimos víctimas de un atentado, el cual denunciamos ante la Policía pero nunca se investigó. Después, el Estado me ofreció un escolta para que me acompañara a trabajar, pero yo no lo acepté porque no era fácil andar con alguien cuidándome la espalda sabiendo que yo tenía el cubrimiento de fuentes judiciales que eran celosas a personas externas. Sin embargo, cuando las amenazas se incrementaron enviamos en agosto una carta al DAS pidiendo protección. La respuesta llegó en noviembre de ese año, donde decían que yo no estaba en riesgo y que por eso no podía acceder a un esquema de seguridad”, dijo.

Todo era una trampa

Tras el atentado, Jineth Bedoya siguió investigando sobre lo que ocurría dentro de la cárcel La Modelo de Bogotá. En abril de 2000, se registró una masacre de 32 internos y, por esa razón, hizo una serie de publicaciones en las que indicó cuál fue la responsabilidad de algunas personas del Estado. 

“Después de la masacre, decidí ingresar a la cárcel para verificar qué era lo que estaba ocurriendo y siguieron las amenazas. Recibimos llamadas donde me decían que me quedaban tres o dos días de vida, incluso, llegaron unas amenazas escritas al periódico El Espectador”.

La periodista mencionó que, tras las amenazas, ella y su jefe, Jorge Cardona, acudieron a la Policía para hacer la respectiva denuncia y un equipo de inteligencia fue a las instalaciones del periódico, tomaron testimonios y dijeron que “la mejor solución para frenar esas intimidaciones era que Jineth se entrevistara directamente con los paramilitares”. Todo era una trampa. 

La noche anterior al 25 de mayo del 2000, Bedoya recibió una llamada en la que le ponían cita en la cárcel La Modelo para entrevistar, supuestamente, a uno de los jefes paramilitares. En ese momento le cambió la vida para siempre. 

“Esa mañana mi editor, Jorge Cardona, el fotógrafo y yo acudimos a la cárcel La Modelo para hacer esa entrevista. Llegamos a la puerta y una persona del Inpec nos dijo que la boleta para ingresar ya estaba lista, pero que teníamos que esperar un momento. Pasaron algunos minutos, el guardián del Inpec abrió la puerta y, mientras mi compañero se fue por el fotógrafo, fui abordada por dos personas en la puerta de la cárcel: un hombre y una mujer. El tipo me intimidó con una pistola 9 milímetros, me llevaron a un lugar cercano a la cárcel y allí me amarraron, me golpearon y me llevaron en un carro fuera de la ciudad. Hicimos una larga travesía en la que afronté todo tipo de abuso y torturas.  Todo terminó en una violación masiva en un lugar a muchas horas de Bogotá, donde había hombres uniformados. Después de eso no sé qué ocurrió, pero me dejaron abandonada en una carretera casi muerta”, narró.

Jineth Bedoya
Un escarmiento a la prensa


Bedoya indicó ante la Corte IDH que las personas que la secuestraron, torturaron y violaron le dijeron que ese ataque era un “escarmiento a la prensa”, pues para ellos los periodistas “se metían en donde no debían y eran un mal para el país”. 

“Decían que la plaga no eran ellos sino la prensa, y repitieron que esto que me hicieron era un escarmiento para todos los periodistas en Colombia”, contó.

La denuncia sobre el secuestro de Jineth Bedoya la interpuso su jefe, Jorge Cardona. Después, se rindieron unas declaraciones y ella misma, en su papel de periodista, allegó varias pruebas a la Fiscalía, entre ellas unas grabaciones de personas que le revelaron cómo planeó el ataque y cómo se consiguieron las armas. Todas esos elementos materiales probatorios, según Jineth, se perdieron. 

“Durante 11 años el fiscal del caso me llamó a decirme que por qué yo no seguía investigando mi caso. Me decía que le entregara todo a él para aclarar el hecho, lo que me pareció que me seguía revictimizando porque yo cómo iba a investigar sobre mi propio dolor y sobre mi propia tragedia. El proceso estuvo paralizado durante 11 años y solo cuando la Flip investigó y lo presentó ante la Corte IDH se reactivó el proceso. Sin embargo siguieron las revictimizaciones como persecuciones, intimidaciones y amenazas constantes. Ninguno de estos hechos ha sido aclarado”, confesó. 

La periodista contó que tuvo que narrar 12 veces ante la Fiscalía General cómo fue que ocurrió su secuestro, tortura y violación, y que, gracias a su propia investigación, pudo establecer que la persona que estaría detrás del ataque que le cambió la vida es una persona de alto rango en la Policía. 

“No les bastó con un solo testimonio, sino que me llamaron repetitivamente para que volviera a contar los hechos. Inicialmente, la investigación que yo adelanté nos llevaba a establecer que había gente de la Policía implicada, que había una red de policías activos que secuestraban personas y se las entregaban a frentes de las Farc. Y sabíamos que había agentes del Estado implicados, lo que no entendíamos era que hubiese gente de tan alto nivel en esta red criminal. Años después, gracias a las investigaciones y testimonios de varios paramilitares llamados, logramos establecer que la cabeza de esta red era un general de la policía, un alto oficial en complicidad con otras personas de la institución y otras organizaciones criminales”.

La transformación de su dolor
No es hora de callar

Jineth Bedoya dijo que su vida se destruyó ese 25 de mayo del 2000, pues le agobia no poder salir a la calle sola y tener que ver  todos los días en su cuerpo las marcas que le dejó la tortura y la violencia sexual; además de la impunidad que ha empañado su caso. 

En la audiencia ante la Corte IDH confesó que, incluso, ha intentado suicidarse, pues cada amenaza recibida desde ese día la hace sufrir una y otra vez ese inmenso dolor. Asimismo, indicó que no aceptó salir del país porque está segura que no es ella la que debe huir porque “no es responsable de nada de lo que pasó”. 

“Mucha gente me dice que pase la página, pero cómo lo hago si me siguen llamando, enviando mensajes diciéndome que si eso ‘me gustó’ y que ‘me lo van a volver a hacer’. Uno cómo puede vivir con eso, cómo dar el siguiente paso. Mi vida se destruyó, a mí me mataron la mañana del 25 de mayo”, señaló entre lágrimas. 

Sin embargo, aseguró que el periodismo ha sido su oxígeno para seguir adelante. La campaña ‘No es hora de callar’, que ella lidera, ayuda a otras mujeres que han sido víctimas de este tipo de flagelo. 

“Yo he sacado valor amparándome en el periodismo, que ha sido mi oxígeno para seguir adelante. También en las mujeres que como yo han sido víctimas de violencia sexual. He creído que la palabra es la mejor forma para transformar el dolor pero lamentablemente mi vida se acabó”, insistió. 

Para Bedoya, un verdadero acto de reparación sería que la cárcel La Modelo de Bogotá desaparezca para siempre y que se construya un espacio de construcción de memoria en ese lugar. 

“Reparar el dolor que tiene que enfrentar una mujer después de la violencia sexual es casi que imposible. ¿Cómo se puede reparar algo que queda quebrado en mil pedazos? Yo he intentado pegar esos pedazos en todos estos años, pero para mí algo reparador es que ese lugar donde inició este ciclo de terror se pueda cerrar. Allá no solo fue un sitio de violación contra mí, sino también donde se han cometido todo tipo de violaciones a los derechos humanos durante décadas. Esa sería una reparación efectiva y una respuesta a las víctimas, que ese símbolo de la impunidad se cierre y se le dé campo a la reparación. La cárcel la modelo de Bogotá debería ser un memorial donde la gente que ha tenido que enfrentar las peores guerras y las peores barbaries se pueda capacitar y formar”, manifestó.