Colombia y Venezuela: historias de amor y desamor

Colombia y Venezuela: historias de amor y desamor

21 de abril del 2017

Hace mucho tiempo, Colombia y Venezuela eran un mismo pueblo. Y puede que aún lo sigan siendo. Sin embargo, las circunstancias y las vicisitudes de la política –siempre es la política, sobretodo la política–, han zanjado una serie de desencuentros, de diferencias, que al final parecen no tener mucho sentido.

La historia de esos desencuentros podría remitirse casi que hasta la Colonia misma. Pero es a partir de mediados del siglo XX cuando empezaron a darse en un nivel más álgido, de ires y venires; y es, en esos días, dónde se encuentra la clave del discurso que lanza cada parte cuando habla la una de la otra.

Hasta 1941, los dos Estados vivieron enfrentados por la delimitación terrestre. Cada uno de los lados solía cuestionar la forma cómo que se habían diseñado las fronteras. La fórmula que se encontró entonces para solucionar las controversias no dejó satisfecho a nadie. Ese ha sido el telón de fondo que ha marcado la relación, especialmente del lado venezolano. En Colombia el conflicto armado le ha dado un protagonismo a los militares; mientras que en Venezuela ese protagonismo nació de los conflictos limítrofes. Hasta antes del chavismo eso era lo que le daba legitimidad a las fuerzas militares en el país vecino.

Socorro Ramírez, docente de la Universidad Nacional de Colombia, experta en la relación Colombia-Venezuela, en dialogo con Kienyke.com explicó que “después del Tratado limítrofe de 1941, fue el periodo más cooperativo entre los dos países. Se lograron construir una serie de mecanismos para reconocer la relación de vecindad que los articula.”

En esa lógica se mantuvieron hasta los años 70 cuando estalló el conflicto por la delimitación, ya no terrestre sino marítima. Ahí acabó ese periodo cooperativo. La relación colombo-venezolana siempre ha estado marcada por largos periodos de tensión y cortos periodos de calma.

Foto: Presidencia Venezuela

Foto: Presidencia Venezuela

En los años 80 se dieron otros conflictos, nuevamente por el Golfo de Venezuela. Ellos sentían que se tenía que compensar lo que se había perdido en la delimitación terrestre con un nuevo tratado de fronteras, ahora en el mar. “Esa tensión marcó completamente la relación entre los dos países, y toda la vecindad estuvo atravesada por el distanciamiento. La dinámica de las zonas de frontera es distinta; es una dinámica de familias compartidas, de comunidades que viven a uno y otro lado, de un mercado de trabajo muy ágil, de comercio al lado donde esté más barato, de uso de los servicios sociales donde estén mejor. Esa realidad informal de la frontera no ha correspondido siempre con los gobiernos de los dos países”, dijo la profesora.

Así, desde los 70 y hasta principios de los 90 primó el conflicto territorial, hasta incluso poder haber generado una guerra en 1987. Para ese momento coincidieron en el poder dos presidentes de frontera: Virgilio Barco de este lado, y Carlos Andrés Pérez del lado de allá. Ambos trataron de construir una institucionalidad para la frontera y poner el tema del Golfo en manos de una comisión negociadora y se quiso construir, también, una comisión que se ocupara de todos los temas concernientes a los dos países. El tema central era generar un mecanismo de dialogo.

De acuerdo a la experta, en los 90 se vivió como en los años 50, de nuevo una década extraordinariamente cooperativa. Fueron años de entrecruzamiento de las dos economías que se hicieron complementarias. Una producía industria pesada, la Venezolana, ligada al petróleo; y otra, la de Colombia, una industria liviana, de manufacturas y comida que encajaba muy bien con las necesidades de los dos países. Los gobiernos se entrelazaron en la economía, y el tema del Golfo perdió centralidad. Se construyó toda una institucionalidad para la vecindad con una comisión militar en dónde dialogaban las fuerzas armadas de ambos países; donde se relacionaban las cámaras de comercio y otros actores; y una comisión que trataba las cuestiones complicadas: el Golfo, los ríos comunes, los delitos fronterizos.

En 1999 llegó al poder Hugo Chávez. Hubo un periodo que correspondió al gobierno de Andrés Pastrana, que fue de gran desconcierto. “De alguna manera Colombia ni entendía ni aceptaba lo que había ocurrido allá. Venezuela trataba de igual manera al gobierno de acá y a la guerrilla, lo que generó una parálisis de las relaciones y tensiones fuertes”, explicó la experta.

En el periodo que corresponde al gobierno de Álvaro Uribe Vélez, se dio, casi que durante todo el tiempo, una extraordinaria cooperación.  “Uribe y Chávez se parecían mucho. Ambos tenían una condición mesiánica; ambos querían salvar a su pueblo; ambos se saltaban la institucionalidad; además ambos eran hombres de provincia contra sus capitales. Se entendieron muy bien y eso permitió que el comercio siguiera, que las condiciones de vecindad y de negociación continuaran; incluso se llegó al punto de una fórmula para el arreglo del litigio marítimo. Se dieron proyectos comunes como, por ejemplo, el Gasoducto de la Guajira. Eso hizo que incluso se hubiera estado a punto de resolver el problema”, comentó la docente.

Esa relación “tan estrecha” permitió que Chávez mediara ante las Farc y fue el facilitador de la liberación de secuestrados. Chávez quiso aprovechar ese papel para presionar al gobierno para llegar a un Acuerdo con la guerrilla y darle protagonismo. Eso hizo que la tensión subiera al punto que Álvaro Uribe le retiró el respaldo. Así se dio una nueva disputa que casi lleva a la guerra, y a la parálisis de todos los mecanismos de vecindad. Al mismo tiempo, en la frontera crecía la presencia de distintos grupos armados.

El desacuerdo entre los dos gobiernos hizo que, primero, casi se diera una confrontación bélica; y segundo, por las sanciones economías impuestas mutuamente, se destruyó el comercio. Además, ambas economías ya se estaban diferenciando por su modelo.

Juan Manuel Santos vio que era insostenible continuar el enfrentamiento, así que logró un dialogo que significó la intervención de Chávez en el Proceso de Paz. De nuevo se dio un periodo de gran cooperación y en donde se intentó articular proyectos comunes. Pero con la muerte de Chávez todo eso se frustró.

A esas alturas, en Venezuela ya se empezaba a vivir la crisis por la dependencia de las rentas del petróleo, cuyos precios ya se iban a pique.

El periodo Maduro-Santos ha sido de gran tensión, a veces manejada con discreción, pero en algunos momentos se han dado momentos de grandes sobresaltos. Durante este periodo no han funcionado ni los mecanismos de diálogo intergubernamental ni la comisión de vecindad, ni la comisión negociadora. Al contrario, ha crecido la problemática fronteriza, que se ha agudizado por los efectos de la realidad de cada uno de los dos países. Del 2013 al 2017 han sido de predominio del desencuentro, aunque ha habido momentos de interacción como los que se han dado para que Maduro apoyara el Proceso de Paz, o en el que Colombia intervino para que, en Venezuela, la oposición y el oficialismo intentaran dialogar.

La profesora concluye que “Colombia tiene que participar con los otros países latinoamericanos en un seguimiento a la situación en Venezuela, a través de los organismos internacionales como UNASUR o la OEA. El agravamiento de lo que ocurre, afecta a Colombia, en primer lugar, por la huida de personas que llegan buscando mejores condiciones y que cada vez es mayor. Pero además porque Maduro ha tenido gran apoyo en los militares, por lo que el asunto del litigio fronterizo, respaldado por ellos, podría agravarse. Se debe pedir que se tenga especial atención sobre todo en los asuntos humanitarios”.