¿Cómo se enteraron estos famosos de que el Niño Dios no existe?

¿Cómo se enteraron estos famosos de que el Niño Dios no existe?

22 de Diciembre del 2013

Beto Cuevas

Tenía 8 años y junto a mi hermana mayor decorábamos el árbol de Navidad. Cuando ya casi terminábamos me preguntó: -¿Sabes quién es Papa Noel? Yo le conteste: -¡Sí! Papa Noel es el que nos trae regalos en Navidad. Al escuchar mi respuesta y con una evidente sonrisa maquiavélica me dice: – Papa Noel es papá… Y yo completo la frase: -…Noel. Y vuelve a decirme: -¡Noooo! Papa Noel es papá. Yo vuelvo a decir: ” Noel”. Pero esta vez con menos convicción porque su cara tenía un esbozo de malicia. Un par de intentos después me di cuenta de lo que me trataba de decir y mi rostro dibujó una gran desilusión. Ese día empecé a dejar de ser niño.

Beto-Cuevas

Daniel Samper Ospina

Supe como a los siete u ocho años. Por un vecino. Había algo de rumores en el salón pero este tipo lo decía con mucha seguridad. Mi reacción fue de triste desconcierto, pero fingí ante mis papas que no sabía por miedo a que desmejoraran los regalos.

Daniel-Samper

Margarita Posada

Pues me negué (como siempre me he negado a creer en todo lo que se saca de alguna ilusión). Mi mejor amigo me decía y yo le alegaba y le decía que era bruto porque, si eran los papás, quién les traía entonces los regalos a ellos. Luego vi una caja de Barbie en el closet de mi papa, y él me dijo que ahí guardaba unos tornillos y yo seguía creyendo. Tenía 5. Hasta que vi a mi tío y a mi mamá a medianoche un 23 llevando unos regalos al árbol.

Margarita Posada

Margarita Rosa de Francisco

Una vez que me quedé despierta y entraron a poner los regalos. Tenía como 8 años y me alegré porque le tenía miedo al Niño Dios porque no lo conocía. Herencia de Martín, mi hermano, que cerraba la puerta del cuarto para que el Niño Dios no entrara, precisamente porque no lo conocía y no era amigo de él.

Margarita-Rosa

Juan Roberto Vargas

Tenía tipo diez años. Hasta esas edad creía que el Niño Dios me traía los regalos. Después supe y entendí que era mi abnegada madre la que llegaba con los regalos. Perdí la ingenuidad bastante tarde. Sentí tristeza porque era perder la ilusión en eso. En la carta al Niño Dios. En si me había portado bien.

Juan-Roberto-Vargas

Guillermo Asprilla:

No me acuerdo, es la edad. Lo único que recuerdo es que decíamos con aire de gran descubrimiento: ¡El Niño Dios son los papás!

Guillermo-Asprilla

Sergio Aráujo

En Valledupar Papa Noel no existe. Solo el “Niño Dios”. Supe como a los 9 años. Me contaron en el colegio los compañeros más grandes. Entonces puse una trampa con cuerdas y sonó cuando iba entrando mi mama y casi se mata. Puse una cuerda bajita en la entrada de mi cuarto, mi mamá venía entrando con la empleada, con los paquetes, tropezaron y cayeron.

Sergio-Araujo

Ricardo Silva

Fue como a las ocho años pero fue durante el año, no en Navidad, y no fue una decepción, sino que me cayeron todavía mejor mis papás. Es que tengo un hermano mayor, cinco años mayor y así es muy difícil que la infancia dure mucho. Mis papás siempre han sido una maravilla. Y me pareció que fueron el mejor Niño Dios. Los regalos llegaban milagrosamente.

Ricardo-Silva

Carolina Guerra

Cuando tenía 9 años alguien del colegio me dijo que ya estaba demasiado grande para andar creyendo en eso y así fue que me enteré. Sentí mucha rabia.

Carolina-Guerra

Andrés Parra

Mis hermanos todos son mayores que yo, de hecho, el que me sigue me lleva 10 años. Algún día me dijeron: “¿Usted quiere tener doble regalo esta Navidad?” “¿Cómo así?” “Sí, ¿usted quiere que esta Navidad le lleguen regalos por dos?” Y yo, “Bueno, de una, ¿qué tengo que hacer?” “Huevón, el Niño Dios son los papás, y sus regalos ya están. Se los compraron ya y están arriba en donde mis papás dejan las maletas. Vaya, sáquelos y dígales: Papá, mamá, vean este poco de regalos que me encontré, y así a mis papás les va a tocar darle otros regalos”. Y yo, muy ingenuamente fui y se los dije. Y la respuesta de mis papás fue: “Ay, esos eran los del Niño Dios, porque es que el Niño Dios no existe”. Luego, perdí la ilusión del Niño Dios y me quedé con una sola tanda de regalos. Qué tristeza…

Andres Parra, kienyke

Alberto Salcedo

Yo crecí en un pueblo llamado San Estanislao, que queda en el norte de Bolívar a una hora de Cartagena. Era un pueblo atrasado y en ese pueblo hablar de Papá Noel o de Santa Claus era como hablar de un ovni o un extraterrestre. Porque por allá no se manejaba ese concepto, allá se hablaba del Niño Dios, y el Niño Dios en principio todos creímos ingenuamente que bajaba del cielo y nos dejaba un regalo en la cama la noche del 24 de diciembre, pero muy pronto algún niño descubrió que el Niño Dios era el papá o era la mamá. Los niños cuando hacen un descubrimiento de ese tipo lo comparten muy rápidamente con los demás niños. Cuando todos quedamos enterados del secreto nuestros padres perdieron un poco de credibilidad porque definitivamente era ridículo caminar en puntillas a altas horas de la noche, del 24, para dejarnos un regalo, y era todavía más ridículo comportarse en la mañana del 25 como si no supieran lo que había pasado. Y era todavía más ridículo que nosotros los niños nos comportáramos como si creyéramos eso.

Alberto Salcedo Ramos, kienyke

Holman Morris

Tenía 4 o 5 años. Nos acostaron y a la media noche vi a mi papá poner los regalos sobre la cama. Al día siguiente hablé con mi papá, que lo negó, y le dije: “Pero, papá, yo te vi!” Al principio solo fueron sospechas, pero luego lo confirmé en el colegio.

Hollman Morris, kienyke

Malú Fernández

Mis papás guardaban los regalos de Navidad en el zarzo, en el techo. El 24 de diciembre, cuando tenía 5 años, mi mamá se subió a bajar los regalos y se le fue todo encima, vidrios y todos los regalos. Mi mamá se cortó el dedo y mi papá el brazo. El ruido me despertó y mis papás me dijeron que el Niño Dios había llegado pero que se había estrellado contra el zarzo. Terminamos en urgencias mientras les ponían puntos a mis papás hasta la 1 de la mañana. El Niño Dios se cayó del zarzo.

María Lucía Fernández

Kathy Sáenz

Tenía como 9 años y me fui a un paseo familiar con tíos y primos. Mis papás no fueron y creo que no calcularon bien cómo el Niño Dios me iba a hacer llegar el regalo así que la noche del 24 yo me dí cuenta que no era cierto, aparte porque ya había oído la historia de que no existía , así que lo comprobé y todo el mundo estaba angustiado por que yo me fuera a dar cuenta, pero en realidad fui muy feliz de saberlo, no sé por qué pero me dio tranquilidad.

Kathy Saenz, Actriz, kienyke

Iván Lalinde

Estaba pasando mis vacaciones de fin de año en Buga, donde mi tía y mi primo. Aunque ya había sospechas, mi primo -que es mayor que yo 3 años- todo el tiempo insistía en decir cosas que me delataran la realidad. Yo puse a prueba todo: Escribí una carta donde le pedía al Niño Dios una tractomula espectacular que vi en el LEY. Primero la vi en la revista de Navidad que dejaban debajo de la puerta para antojar a los niños de todos los juguetes… Fue amor a primera vista. Tanto que le dije a mi tía que me llevara al LEY a verla personalmente. ¡La vi y me gustó más! Llegue a escribir la carta al Niño Dios, carta que tenía que enviar a mis papás en Medellín para que ellos se comunicaran con Él -más puntos para sospechar del niño Dios- que ya me parecía larga la vuelta… Yo llegué el 24 de diciembre a Medellín convencido de que esa noche tendría mi tractomula a control remoto, pues la carta que había escrito era maravillosa. En medio de la fiesta en la finca veo mucho movimiento en el cuarto, todos tenían que ver con un paquete grande que había, pero nadie me dejaba ver… Hasta que mi papá me sacó y me mostraba el cielo como diciendo que el Niño Dios ya había pasado por la finca, que lo mirara, que le gritara… (Yo me la pillé que era para distraerme mientras ponían algo debajo de mi cama) Le seguí la corriente a mi papá, pero cuando llegué a mi cuarto vi el famoso paquete con el que todos tenían que ver unos minutos antes. ¡Todos estaban más emocionados que yo! Dije: “¿Mi tractomula? ¿Tan grande? Eso no es una tractomula… Hhhmmm.” Oh sorpresa, mi cara de decepción creo que no la pude ocultar (hoy me da pena con mis papás) no había tractomula alguna, ¡era una bicicleta! Lo que muchos querían en esa época. Pero yo quería una tractomula a control remoto. Era una bicicleta y amarilla (el color que más detestaba en mi vida) Esa Noche Buena de 1982 me di cuenta que mis papás eran el Niño Dios, que cada año se esforzaban mucho, mucho, para hacernos felices. Fueron sentimientos encontrados, un choque entre tristeza, vergüenza, pena, y gratitud.

Ivan Lalinde, Actor, presentador, kienyke