Dennis Rodman: el ‘gusano’ que le ganó la partida al dictador

Dennis Rodman: el ‘gusano’ que le ganó la partida al dictador

20 de abril del 2013

Un hombre que provocó innumerables peleas en la NBA, tiene problemas con el alcohol, se vistió de novia para hacer pública su biografía, vocifera cuando algo le incomoda y no cumple con la manutención de sus hijos estaría lejos de representar en un cargo diplomático a un país o ser la persona idónea para persuadir a un mandatario para que deje a un lado sus ideales bélicos.

Increíblemente y sin pensarlo, Dennis Rodman, aquel controvertido personaje que supo levantar cinco títulos de la NBA, se convirtió en el “embajador” de Estados Unidos ante la convulsionada Corea del Norte.

Dennis Rodman, Kienyke

Los cambios de ‘look’ han caracterizado a Dennis Rodman

Luego de mantenerse por varios meses alejado de los escándalos, el exbasquetbolista volvió a escena en febrero de este año para protagonizar un particular encuentro con tintes deportivos jugado en el campo de la diplomacia. Rodman, en su momento considerado como el mejor defensor del baloncesto estadounidense, franqueó el hermético régimen comunista del dictador norcoreano, Kim Jong-un, quien cedió ante sus caprichos deportivos para invitar a uno de sus ídolos de infancia a conocer algo más que las particulares reglas con las que se juega el baloncesto en Corea del Norte.

Para ‘El Gusano’ -como es apodado Rodman-, las amenazas bélicas del mandatario norcoreano hacia su país no echaron para atrás la idea de conocer Pyongyang e inmiscuirse en el desconocido mundo dictatorial.

La sorpresiva invitación del mandatario norcoreano para que un personaje estadounidense conociera sus meticulosas formas de gobernar se dio gracias a su devoción por el baloncesto. Kim Jong-un es un apasionado por este deporte y gracias a que disfrutó como nadie los triunfos de los Chicago Bulls en la era dorada de Michael Jordan, Scottie Pippen y Denis Rodman, le abrió las puertas de su país a un personaje de las entrañas de su mayor enemigo.

Acostumbrado a cambiar todo a su parecer, el mandatario norcoreano compartió su pasión deportiva al lado de Rodman en un partido entre los Harlem Globetrotters –un equipo de espectáculo estadounidense–  y un quinteto de Corea del Norte.

Ese fue quizás el momento más provechoso y más dispar del cálido encuentro que sostuvieron mandatario y exbasquetbolista, porque mientras Kim Jong-un le proporcionaba la lección más extraña del baloncesto al estilo norcoreano a Rodman, el controvertido jugador detallaba minuciosamente las actitudes del anfitrión. Sin proponérselo, ‘El Gusano’ le ganó la partida al dictador y no por los 33 centímetros de estatura que los separan, sino porque esa información recaudada sirvió para que el mundo conociera algo más de la historia del líder comunista y la bandera de la paz ondeara por unos minutos en los cielos asiáticos.

“No perdono las cosas que ha hecho. Las odio. Pero es un ser humano y es mi amigo. Lo único que quiere Jong-un es que el presidente Obama lo llame por teléfono. No quiere ir a la guerra. Sólo quiere hablar con él”, fueron las palabras del ‘embajador’ Rodman al terminó del partido en el que gracias a las particulares reglas de Kim, norcoreanos y estadounidenses empataron a 110.

Allí empezaría la gestión diplomática de Denis Rodman, quien se convirtió en el representante más importante de Estados Unidos en estar cara a cara con el hermético Jong-un.

El hombre que tiene en vilo a buena parte del mundo, conmovido por tener a uno de los pívots más recordados de la NBA, dio visos de querer evitar las hostilidades con Estados Unidos, al asegurar que esperaba que esa visita promoviera “el entendimiento mutuo entre la población de los dos países”.

Después de ser tratado como una celebridad y establecer una relación de amistad con Kim, el exjugador de los Lakers, Pistons y Spurs, volvió a su país cargado con valiosa información, algo que fue aprovechado por el FBI.

Aunque el siempre polémico Rodman no tiene ningún vínculo con el Gobierno estadounidense, la Oficina Federal de Investigación lo buscó para recolectar información estratégica del mandatario asiático, “he sido contactado por el FBI y me reuní con ellos, querían saber lo que pasó y quién está realmente a cargo de Corea del Norte”.

Acostumbrado a liar con las autoridades debido a sus constantes excesos con el licor, Denis Rodman se está jugando el partido más serio de su vida y ha asumido la posición de pacifista ante las incesantes amenazas del dictador norcoreano, para ello, aceptará la invitación hecha por Kim para que en agosto próximo regrese en plan de vacaciones a su país.

Aunque Estados Unidos y Corea del Norte no tienen relaciones diplomáticas, ni sus mandatarios persigan ideales cercanos, la reconocida afición de Barack Obama y Kim Jong-un por el baloncesto, es la esperanza para que acerquen posturas y eviten una posible guerra, “ambos son aficionados declarados del baloncesto y creo que nuestro deporte podría ser un buen comienzo para el diálogo”, reconoció Rodman.

Las extrañas reglas del baloncesto norcoreano

Aunque podría servir de canal intermediario entre las partes, Estados Unidos y Corea del Norte están muy lejos de hablar el mismo idioma en cuento a baloncesto se refiere.

Si Denis Rodman supo ganarse dos premios al mejor defensor de la NBA y si brilló en la zona pintada gracias a la inteligencia para estar siempre en el lugar adecuado y saltar en el momento justo para capturar un rebote, su visión del deporte que lo llevó al estrellato cambió luego de su visita a Corea del Norte.

Dennis Rodman, Kienyke

Las reglas del baloncesto de la NBA no existen en el de Corea del Norte

Allí, Kim Jong-un quien es el más occidental de los comunistas, quien amenaza a Estados Unidos con una guerra nuclear pero profesa admiración por Mickey Mouse y se entretiene con el Play Station, maneja a su antojo las reglas de un deporte que desde 1891 mantiene el mismo esquema excepto en Norcorea, donde el fanatismo de su mandatario lo llevó a cambiar las reglas y el modo de juego.

Algún día en medio de las acostumbradas rabietas, decidió que en “su básquet dictatorial” el quinteto que falla un tiro libre es castigado con la pérdida de un punto, por razones simples en el mundo de Kim: atenta contra el espectáculo.

En las canchas norcoreanas, Reggie Miller, Ray Allen, Peja Stojakovic y otros tantos ‘tripleros’,  hubiesen marcado registros inigualables, ya que según las reglas de Jong-un, marcar desde el perímetro no vale tres puntos, lo importante allí es la calidad con la que se llegue al aro. Por ejemplo una clavada vale tres y los envíos desde el perímetro que entren sin tocar la red suman cuatro puntos.

Para el líder supremo, en un juego que se defina en los últimos segundos se pueden marcar 16 puntos, ya que el quinteto que anote una canasta en los últimos tres segundos, sin importar la distancia ni la jugada, suma ocho unidades.

A su estilo, Kim Jong-un pretende dejar un legado imborrable alrededor de los 120 mil kilómetros cuadrados de Corea del Norte y en ese objetivo, el baloncesto es la base de pruebas con las que sacia sus ansias bélicas.