Diana Uribe: una casa de sorpresas y un corazón remendado

Diana Uribe: una casa de sorpresas y un corazón remendado

6 de Diciembre del 2012

Tutankamón, figurines egipcios. Vikingos. Vishnu. Matrioskas. Un ajedrez de Astérix. Afiches y cuadros de Marc Chagall, Pink Floyd, Marilyn Monroe, Julio Cortázar, Amelie, The Godfather III, Frida Kahlo y Gandhi. Gatos de madera. Camiones de juguete. Soldados, geishas, móviles colgando del techo y un mapamundi. Muchos, muchos libros y enciclopedias. Muñecos del Día de los Muertos, Jimi Hendrix y Charles Darwin. Máscaras, elefantes hindúes, fotos y barcos. Muñecos de Don Quijote y Sancho Panza. Huevos de porcelana, collar de flores de Hawái, alfombras de cuero, sofás de terciopelo vino tinto, telas de colores y almohadones con animales. Atrapa sueños, un plato de porcelana del Mago de Oz, muñecos de los Beatles, la boca de los Rolling Stones, muchos CD’s, una pelota de plástico para hacer Pilates, cuadritos de Guayasamín… Diana Uribe vive en una de esas casas que uno preferiría abandonar antes que tener que empacarla. Una casa más entretenida que Disneylandia.

Luego de hacerse esperar durante 45 minutos, llega manejando su carro vestida con un pantalón de flores, una blusa negra con encaje, collar de pepas moradas y rojas, zapatos de cuero rojo y una maleta floreada que trajo de Uzbekistán. Su pinta combina con la sala. Se maquilla un poco para quedar más bonita en las fotos. Le brillan los ojos tanto como cuando era una niña. Tiene una mirada dulce que contrasta con su voz ronca. Coqueta, ha preferido que no mencione su edad. Quedó viuda hace casi diez meses pero parece tranquila, calmada. “Hicimos todo lo que podían hacer dos personas en una vida. ¡Todo! No nos quedó faltando nada. Tuvimos hijos, estudiamos, rumbeamos. Tuve la oportunidad de vivir todas las cosas que quería vivir con él. Se fue y yo quedo con todo lo bailado”. Sin embargo ha llorado mucho. Dice que es muy llorona. Llora cuando está triste, feliz o emocionada. Siempre llora. “Yo soy muy sensible, o francamente cursi”, dice.


Diana y Ricardo se casaron sin ninguna ceremonia y vivieron juntos 30 años hasta su muerte en febrero de 2012.

Lo que más extraña de Ricardo Espinoza, su ‘Richie’, son las largas conversaciones que tenían a toda hora. Diana llegaba de un viaje en África con el horario trastocado y apenas se despertaba su marido, ella comenzaba a hablarle y no paraba hasta tres horas más tarde cuando ya le hubiera contado hasta el más mínimo detalle. También le hace falta mostrarle las cosas que siguieron pasando con sus personajes donde él ya no está. “Toda la vida esperó que ganara el Santafe. ¿Y se muere este man y gana el Santafe? El colmo de la ironía. ¡Preciso!”, dice. Las cosas que siguen pasando con sus héroes, como el estreno de James Bond y Batman, etc. “Cómo evoluciona su pensamiento mágico. Las cosas siguen pasando y él no está…”. Rodeada de sus personajes favoritos, la música y las películas que compartían, Diana hizo un programa en su honor en el que lo festejó en lugar de llorarlo. “Nosotros creamos un mundo alrededor del cine como pareja”.

Vivieron juntos durante treinta años, casi toda la vida adulta de Diana, lo que hace que ahora ella esté volviendo a darle un significado a su vida. Con Richie creó el proyecto para El Espectador de los cien mejores momentos de la historia que salió el 22 de marzo con la edición del domingo. A sus sesenta años, Richie murió de una diabetes descontrolada y muy aguda el 2 de febrero. Y así como todo ese proceso del proyecto sin Richie fue una de las cosas más difíciles que ha hecho en la vida, el hecho de que debía llevarse a cabo y bien hecho, la ayudó a seguir adelante sin derrumbarse. Esta será la primera Navidad sin su gran amor, y así se van acumulando sucesos que vivieron juntos durante 30 años.

Diana Uribe
Cada muñeco que hay en su casa cuenta la historia de un viaje.

Diana y Richie se casaron por lo civil para que su mamá dejara de ponerle problemas por vivir con él (Richie decía que la había sacado de su casa fiada), pero ellos no creían en eso. Desde el punto de vista underground, no estaba bien visto casarse por lo civil, eso iba en contra de la rebeldía propia de la época y de sus amigos. Se casaron casi que a escondidas. Diana se puso una blusa hindú y unos jeans, y jamás tuvieron anillos. Lo único importante era estar juntos y con sus amigos, por eso nunca le dieron trascendencia a esa ceremonia e hicieron una fiesta en su casa con apenas catorce personas. Diana tenía 22 años.

Diana entró a la Universidad de los Andes a estudiar filosofía pues en esa época aún no existía una facultad de Historia. Su tesis de grado se basó en la revolución de los años sesenta, a la que define como una revolución cultural muy profunda, un momento particularmente lúcido. Todos los cambios que afectaron a la humanidad durante esta década hacen parte de quien Diana es hoy en día: la medicina alternativa, el concepto de cuerpo y alma, el yoga, la aromaterapia, el concepto de la ecología, el movimiento feminista y el de los derechos civiles de Martin Luther King, la revolución sexual, la píldora anticonceptiva (la posibilidad de la mujer de decidir sobre su propio cuerpo), la idea de que somos parte del Cosmos (los viajes de los hippies a la India), las esencias florales, la homeopatía, la música, el surgimiento del rock, los movimientos estudiantiles y homosexuales… Todos esos aspectos hacen parte de su personalidad. Diana cree en la inclusión, la diversidad, en el derecho que tiene la gente a vivir de muy diferentes maneras. Siempre le ha tenido un amor desmedido a la vida: “Yo siempre he pensado que la vida es un merengón de guanábana”. Quiere vivirlo todo, no se quiere perder ni la corrida de un catre.

Diana Uribe
Diana tiene una enorme colección de vestidos típicos comprados en cada país al que ha viajado.

Fue profesora de secundaria en cuatro colegios de Bogotá durante siete años y luego dictó clases en tres universidades, también de la capital, durante otros diez. Gracias a su formación académica es una pedagoga y docente de la historia. Trabajando con adolescentes aprendió sus códigos, que considera serios, importantes y respetables. Aprendió a enseñarles como ellos entienden mejor. Su estilo se basa en una enciclopedia editada en Francia entre los años 1751 y 1772 bajo la dirección del reconocido ilustrado Denis Diderot. Esta enciclopedia es una obra de gran amplitud que fue destinada a la vulgarización de los conocimientos de la época y elogiaba a pensadores protestantes, además de desafiar el dogma católico. El éxito de Diana Uribe se basa en la forma coloquial con que cuenta la historia, de manera que le llega a la gente de la calle, a los taxistas, plomeros, los niños, las amas de casa, etc. Su lenguaje es fresco y sencillo. No responde a un planteamiento deliberado, casual o desparpajado. Para ella es importante que se entienda que la forma no puede ser una manera de desconocer el análisis. Su lenguaje informal no desecha el rigor de su investigación. Lo más importante para Diana es que el conocimiento sea entendible para todos. A esto se debe el éxito que tiene su programa de radio los domingos en la mañana y sus intervenciones en algunos programas de noticias de Caracol Radio.

Su marido fue quien comenzó a coleccionar los muñequitos que tanto le gustan. Tiene muñecos de Birmania, Nepal, el Imperio Otomano, Vietnam, Varsovia, Praga, Rusia, Grecia, Troya, La Habana, Burkina Faso, Suráfrica, Viena, Escocia… Ahí están las historias de sus viajes. También colecciona ropa: cada vez que viaja compra trajes típicos del lugar. Cuando estuvo en la India, las mujeres solo comenzaron a hablarle cuando se vistió como ellas. Diana entendió que vestirse como ellas era una muestra de respeto que produce cercanía y aprobación de la cultura. “A mí me fascinan los trapos. Yo me sé los nudos de cada lugar. Cuál es el de Turquía, el de Mali, el de Burkina Faso…” Tiene ropa de Indochina, Libia, Jordania, Turquía, Siria, India, Uzbekistán, etc. Está llena de color. Le encantan los colores. Dice que su color es como de helado de vainilla y por eso todos los colores fuertes le combinan. Le gusta mucho el rojo, el fucsia y el amarillo. Los colores le dan alegría y le llenan el alma. “Normalmente, todo lo que me gusta es de colorinches”, dice.

Diana Uribe
En el patio de su casa tiene un mural que es imagen de una portada del quinto disco grabado en estudio por la banda Led Zeppelin.

Nos lleva hasta su cuarto en el segundo piso de la casa, donde hay libros por todas partes, en estantes y en el piso arrumados unos sobre otros. Más muñequitos y afiches en las paredes. En su cuarto abre el closet y comienza a sacar sus vestidos, blusas y pañoletas. Lo que más le gusta son las cosas de África, e ir a África. También compra ropa en galerías de arte con estampados de sus cuadros favoritos. Y a pesar de que es una colección, se lo pone todo.

“La belleza y la fealdad son un espejismo porque los demás terminan viendo nuestro interior”, Frida Kahlo.

Mirándola es imposible ignorar la presencia de la artista mexicana: Las faldas, vestidos y blusas de muchos colores, típicos de muchos lugares. Sus collares, aretes y pulseras de diferentes formas y muchos colores. Todo muy folklórico, el orgullo de venir de donde viene. En la sala también tiene una foto de Frida junto con quien fuera uno de sus amantes, León Trotsky, colgando de una chimenea. Además de sus pinturas, a Diana le fascina el modelo de belleza que Frida Kahlo se inventó. En el estado de desbaratamiento que padeció casi toda su vida, creó una belleza espléndida, a diferencia del único modelo de belleza de hoy en día que se impone a todas las mujeres de la Tierra, algo que a Diana le parece criminal. “Frida creó un concepto de belleza como a ella le dio la gana. La belleza se puede inventar, uno se puede inventar la belleza. Hoy en día la belleza se volvió una dictadura. La presión estética es tan grande que a las mujeres no nos preguntan qué pensamos o qué creemos, qué tan criticas somos, sino cuántos centímetros tenemos. Es una reducción de todo el mundo social, cultural, espiritual, político, y crítico de una mujer al peso, las calorías y los carbohidratos. Es una manera de volver a la mujer atrás en el tiempo para que no vuelva a pensar en nada, sino en carbohidratos. Es una regresión histórica brutal”. Frida es un ejemplo de que cada uno puede ser dueño de una belleza particular, y no un modelo de catálogo.

Mirando alrededor, casi cada rincón de su casa es evidencia de su pasión por el rock n’ roll. En el patio hay un mural hecho con baldosas pequeñitas, al estilo de Antoni Gaudí, con una portada de un disco de la banda Led Zeppelin que se llama Houses of the Holy donde hay unas niñas desnudas, de espaldas, avanzando sobre unas piedras grandes hacia un punto más alto. “El rock siempre está presente en todo”, dice Diana. Lo que más la ha impresionado y lo que ella llama “la locura furiosa” es haber visto a Roger Waters, uno de los fundadores de la banda Pink Floyd, en vivo dos veces. Si tuviera que salir corriendo de su casa por un incendio, se llevaría los CD´s: “No music, no life”, dice en un inglés impecable que aprendió cuando era niña y vivía con su familia en Chicago mientras su papá estudiaba Ingeniería Civil.

El rock n’ roll, el arte, las películas, los muñequitos, sus viajes, los trajes típicos, sus ojos brillantes y su corazón partido: Diana Uribe es como la maleta de Mary Poppins, llena de sorpresas, llena de vida.