El asesino de Valentina fue amante de la mamá

Lun, 14/05/2012 - 08:00
Escrito por Francisco Argüello.
 

No le permitieron conocer a su padre, menos disfrutar más años de vida. A Sahara Valentina Triviño la asesinaron de cuatro año
Escrito por Francisco Argüello.
  No le permitieron conocer a su padre, menos disfrutar más años de vida. A Sahara Valentina Triviño la asesinaron de cuatro años. Lo hicieron sin piedad, sin agüero. A Pavel Camilo Barbosa Vargas, el homicida que confesó el crimen, no le importó que fuera sobrina de María Camila Triviño, su prometida, para desaparecer  la niña, acribillarla y despistar a las autoridades de las escenas de la tragedia. El crimen de Sahara, quien desapareció el primero de mayo en una finca en Tello, Huila, y apareció descompuesta y carcomida por las aves de carroña, está salpicado de misterios. El primero: la relación amorosa entre Lina Mercedes Triviño, su madre, y el homicida. Asesino de Sahara HuilaSahara Valentina fue sacada de su casa por Pavel y lanzada a un precipicio de 200 metros en el patio de la residencia de la finca en Tello. Fueron novios. Sostuvieron un nexo sentimental de meses, como lo confiesa a KIEN&KE la madre de la niña víctima. “Nos ‘parchamos (relación sentimental), pero fue algo muy corto”, dice la mujer quien se ve tranquila y no llora. “La procesión y el dolor van por dentro”, aclara. Descarta que el asesino sea el padre de la menor como se rumora en el Huila. “No es cierto. Tuvimos relaciones sexuales pero fue hace ocho años, antes de mi hijo mayor que tiene seis años”, expresa sin agüero. “No habían broncas, no creo que por eso él haya matado a mi hija”. La Fiscalía General de La Nación ordenó un examen de A.D.N para determinar si el criminal, hoy en la Cárcel de Rivera, Huila, es el padre y si asesinó a la infante para no reconocerla biológicamente. Y es que ni la madre sabe quién es el verdadero padre de Sahara Valentina. José Alexander Cardozo, soldado profesional, fue sometido a una prueba genética que resultó negativa. Jeison Fernando Tovar, también militar, pasó por el laboratorio pero tampoco resultó ser el padre. Luis Fernando Yara, empleado de una empresa de televisión, tenía agendada la prueba el miércoles pasado, “pero él no es el padre”, asegura Henry González, padrastro de Lina Mercedes. ¿Será el homicida el padre? La respuesta está por resolverse. Pavel Camilo se conoció con la familia Triviño Mota años atrás. Y fue con Lina Mercedes, hoy de 21 años, con quien compaginó. Era de mal aspecto, misterioso y se le veía desempleado recorrer las calles del barrio La Inmaculada, norte de Neiva. De su familia poco se sabe, escasamente que sus padres son docentes de una universidad y un colegio público de Neiva. Hoy prefieren guardar silencio por lo ocurrido. Lina tomó otro rumbo y el hombre de 26 años conquistó un segundo corazón en la familia Triviño: el de María Camila de 15 años, hermana de Lina Mercedes y tía de Sahara Valentina. Una chica ingenua, de poca formación académica y cuyas palabras son escasas cuando habla de su prometido. Llevan un año de relación con un embarazo de ocho meses. Ni siquiera  Camila  conoce el pasado de su pareja. “Me escondía la cédula, se cambiaba los nombres, al principio no quería que supiera cómo se llamaba. Se armaba unos videos…”, relata la joven. ¿Dónde lo conoció? En las canchas del barrio La Inmaculada, dice. “Éramos del barrio”. Aún así se enamoró de él. En la vereda El Vergel de Tello, vivieron los últimos días. Cuidaban una finca de un familiar de Pavel donde ocurrió la tragedia, aunque él se escondía de la Policía sin que nadie supiera. Camila desconocía la relación sentimental entre su pareja y su hermana, aunque observó excesos de confianza entre los dos años atrás. “Los veía reír mucho, con mucha confianza”, dice la menor de edad. Y no descarta que Sahara sea hija biológica de su compañero sentimental. “Tiene parecido y yo se lo decía. Lo recochaba y me respondía que era falso, pero ahora me entero de la relación entre él y mi hermana”, dice Camila, visiblemente desconcertada. La chica, quien desconocía los alcances de Pavel, jamás imaginó que su marido después de acariciar, consentir y mostrar empatía con Sahara Valentina, la asesinara miserablemente. Menos calculó que el hombre con quien dormía en su cama era buscado como aguja por las autoridades porque disparó indiscriminadamente contra Jerlyn Cuéllar Naranjo el 17 de julio de 2011 y lo dejó en silla de ruedas. Y el arma con el pretendió asesinarlo no tenía salvoconducto. “Era una joyita, tenía orden de captura por intento de homicidio y porte ilegal de armas”, resume a KIEN&KE un investigador del Gaula de la Policía quien prefiere omitir su nombre. Asesinato Sahara Valentina Huila Lina Mercedes, la madre, y María Camila, la tía.  María Camila pecó por inocente. Le dejó a su cuidado a Sahara Valentina el martes 1 de mayo. Debía chequearse médicamente el bebé que está por nacer y venir hasta Neiva con la niña era un desastre. “Es pesada y no podía cargarla”. Se escondió de la pequeña, mientras salió de su finca. No quería que llorara. Sahara Valentina, a quien la tía cuida desde hace tres meses porque Lina Mercedes, su madre, la abandonó, quedó con su moña rosada, saco de rayas y pantalón amarillo- el mismo ropaje con que apareció muerta-. “Pensé regresar el mismo día, pero finalmente no pude”. En la noche del 1 de mayo, María Camila llamó por teléfono a Pavel Camilo Barbosa. Sahara Valentina había comido y sus pantis fueron cambiados, informó el hombre al otro lado del cable. “Tía, te quiero, llegue ya tía”, le expresó la niña. A las 7:50 p.m. no había muerto. Minutos más tarde habría ocurrió la tragedia. Sahara fue sacada de su casa por Pavel y lanzada a un precipicio de 200 metros en el patio de la residencia de la finca en Tello. Le golpeó el rostro -según informes preliminares de Medicina Legal- y le quebró varios de sus dientes. Sus diminutas caderas están fracturadas. Su abdomen, también. Falleció asfixiada. El 2 de mayo, diez llamadas perdidas al teléfono de la tía de la menor, alertaron. “Sahara Valentina está perdida. Se extravío de la casa”, reportó Pavel, quien ocultaba el crimen. La familia llegó hasta Tello, Huila y empezó su búsqueda. Los carteles con su foto inundaron calles, avenidas. Estaciones de radio hablaron del tema y periódicos locales informaron de lo ocurrido. Sin la pequeña en casa, María Camila compartió cama con el homicida la noche siguiente. “Lo vi normal, tranquilo, me prometía que la niña regresaría”, cuenta la chica. Al día siguiente dijo que buscaría a la menor, pero desapareció. Se lo tragó la tierra. Nadie daba noticias de su paradero. “Empecé a dudar, algo me decía que todo era muy extraño”, cuenta Camila. Diez días después, el hombre se entregó a la Policía en Baraya, Huila. Lo hizo con dos familiares y suministró informaciones erradas sobre lo sucedido. “No tengo nada que ver con la desaparición de Sahara”, dijo. Y luego confesó el crimen y dio pistas del lugar donde reposaba el cadáver. De Sahara Valentina quedaban sus prendas de vestir, su moña y el zapatico rosado plástico que llevó en el secuestro  -el otro lo conservaba Henry González, su abuelastro-.El cráneo quedó distanciado de sus extremidades. Lo mismo que su escaso cabello mono. “Los restos óseos que tenemos son incompletos, vamos a estudiar muy bien las pocas prendas desgarradas que poseemos”, dijo Carlos Eduardo Valdés, director de Medicina Legal, quien prefiere esperar a que un examen de ADN confirme si los restos son de la niña. Por esto, el cadáver será sepultado como N.N. y sin derecho al dolor que quisiera profesarle la familia. Mientras Mercedes Mota, abuela de Sahara Valentina, realiza las vueltas para que le dejen ver a su nieta así sea embolsada en Medicina Legal, Lina Mercedes y María Camila -las dos hermanas- se miran y guardan un silencio prolongado. “Lina, dígame por favor, por el amor de Dios si Sarita era hija de ese criminal”, pregunta su madre. Y la joven, quien vive con otra pareja en Pitalito y tiene otros dos hijos responde: “Yo fui novia de él, pero no es la hija”. Solo la justicia dirá la verdad.
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