El profesor que respira con el pulmón de un joven de 18 años

El profesor que respira con el pulmón de un joven de 18 años

25 de Junio del 2012

Los pulmones renegridos y deformes de Isaac Gaviria lo convirtieron en un inútil. El poco oxígeno que entraba a su cuerpo no le alcanzaba ni para llevarse una cucharada de comida a la boca. Tampoco para bañarse solo, ponerse los zapatos o bajar unos pocos escalones. Tardaba algo más de una hora en estas tareas, al mismo tiempo que se ahogaba. Para Isaac respirar era doloroso y le provocaba una insoportable presión en el pecho. Su mal estado de salud se resume en una frase que alguna vez le dijo un médico: “usted se fumó los pulmones”. El resultado fue la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), padecimiento que lo tuvo al borde de la muerte en varias ocasiones hasta que recibió un regalo inesperado: los pulmones de un joven de 18 años.

Isaac Gaviria tuvo que esperar algo más de cuatro años para recibir un trasplante de pulmones. Aunque se cree que este es un procedimiento fácil, requiere de un largo protocolo médico. Tuvo que someterse a más de 50 exámenes para determinar si su cuerpo podría recibir un órgano ajeno. También entró a una larga lista de espera. Según información de la Asociación Nacional de Trasplantados, 1035 personas estuvieron en la lista de espera durante el año 2011. El diez por ciento son niños y niñas y el trasplante que más se realiza es el de riñón, órgano que se puede donar en vida. La piel, huesos, córneas, tendones, corazón, intestino, pulmones, hígado y páncreas de un solo donante pueden mejorar la calidad de vida de 55. Isaac Gaviria es uno de los pocos afortunados.

El 24 de enero de 2008, Isaac le pidió a su familia que fuera a buscarle una sopa de mondongo para almorzar. Quería estar solo para suicidarse. El oxígeno que le proveía una máquina no era suficiente para su organismo. Sus días pasaban mientras permanecía sentado en una silla midiendo cada movimiento para evitar la asfixia. Con la poca fe que tenía por esa época, Isaac rezó un padre nuestro. Se introdujo en la boca el cañón de una escopeta repetidora que había cargado con anterioridad.

Profesor con transplante de pulmón
Tras varias décadas de fumar cigarrillo, Isaac Gaviria padeció la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Su única salvación fue el trasplante de pulmones.

Isaac dice que antes de apretar el gatillo una voz dulce le dijo: “No le has pedido a quien tienes que pedirle”. De inmediato, Isaac se puso de rodillas y le pidió perdón a Dios. Recuerda que ese día pensó: “aquí va a pasar un milagro”.

La salud de Isaac comenzó a deteriorarse en el año 2001. Hubo un episodio en especial que le dio una alerta que jamás olvidará. Isaac, administrador de empresas de profesión, se encontraba en Ciudad de México porque estaba a cargo de una conferencia sobre la seguridad pública en América Latina. Antes de subir al atril, sufrió un broncoespasmo y una fuerte disnea. El aire le faltaba y no podía respirar. Un médico que se encontraba en el mismo lugar le salvó la vida porque llevaba un cilindro de oxígeno portátil en su carro. Días después regresó a Colombia y fue hospitalizado. Fue así como dejó el cigarrillo.

Isaac comenzó a fumar cuando tenía 14 años. Al principio eran unos pocos, como cualquier adolescente. Pero luego de cuatro décadas de consumo, alcanzó a fumar entre dos y cuatro cajetillas al día. En el libro de su autoría ‘Historia de un gladiador victorioso’, donde cuenta su caso, Gaviria confiesa que pensaba que no podía vivir sin el cigarrillo. Con aquel “veneno infame que contiene más de 600 sustancias contaminantes, nocivas y adictivas”, asegura.

El paso de los años y su dependencia al tabaco le produjeron a Isaac la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Un padecimiento que no tiene cura. El EPOC es ocasionado principalmente por el cigarrillo. Además se manifiesta con bronquitis crónica o enfisema; es decir, la destrucción de los pulmones a través del tiempo.

Frente a este diagnóstico, Isaac decidió irse a vivir a la ciudad de Santa Marta para respirar un aire de mejor calidad. Allí duró un año a la espera de la mejoría. No tenía otra alternativa porque su cuerpo no estaba produciendo la cantidad suficiente de Alfa 1-antitripsina, una sustancia indispensable para pensar en un trasplante de pulmones.

Profesor con transplante de pulmón
En la actualidad, Isaac Gaviria se ejercita durante 45 minutos al día. No tiene dificultades para subir escaleras o hacer sus actividades habituales. 

Su estado de salud empeoró y fueron más frecuentes las hospitalizaciones. En una ocasión, Isaac tuvo que ser llevado de urgencias a causa de la risa que le produjo el programa de televisión ‘Sábados Felices’. También era motivo de hospitalización una larga conversación o un baño sin el sol del mediodía.

Ocho meses después de que Isaac intentara suicidarse ocurrió un milagro. A las 3.00 p.m. del 14 de septiembre de 2008, Isaac recibió la noticia de que había llegado su donante. Recuerda con precisión que estaba en la habitación 254 de la Clínica Cardiovascular en Medellín. Llevaba más de un mes hospitalizado e implorándole a Dios la muerte.

Minutos después del anuncio, Isaac fue bañado con desinfectante y llevado a una sala de cirugía durante casi ocho horas. Allí le hicieron una incisión el pecho de manera horizontal, abrieron la caja torácica y fracturaron unas cuantas costillas para poder trabajar. Isaac dice que él fue consciente de la cirugía. Asegura que salió de su cuerpo y pudo ver cómo varios seres dorados colaboraron en el trasplante. Luego durmió por varios días en una tranquilidad que no logra describir.

Después del trasplante, Isaac aprendió a respirar y caminar por segunda vez en la vida. También sobrepasó varias enfermedades respiratorias y una temporada de tres meses en cuidados intensivos. Hoy, a sus 62 años, es un hombre activo que trabaja sin descanso y hace deporte durante 45 minutos diarios. Isaac Gaviria no celebra su cumpleaños. La fecha que ahora conmemora su nacimiento es aquella en que recibió los pulmones de un joven de 18 años que murió en un accidente.