El sastre de la guayabera de Obama

El sastre de la guayabera de Obama

9 de abril del 2012

El líder cubano Fidel Castro aprovechó la típica prenda Caribe, que utilizarán todos los gobernantes en Cartagena, para reclamar por la ausencia de Cuba en la Cumbre de las Américas. Esto les dijo a los periodistas cubanos: “Lo curioso, amables lectores, es que Cuba está prohibida en esa reunión (Cumbre de las Américas); pero las guayaberas, no. ¿Quién puede aguantar la risa?” Según Castro, la guayabera es una prenda que nació a orillas del río Yayabó, en Cuba, por lo que su nombre original era “yayabera” y no guayabera.

Obama tendrá una guayabera hecha a mano y a su medida. Edgar Gómez, el sastre más reconocido del Caribe colombiano y que ha vestido a más de un personaje, fue el encargado de diseñar y confeccionar la prenda del Presidente estadounidense. Tendrá un diseño clásico pero con detalles y apliques acordes al carácter extrovertido y alegre de Obama. Para darle elegancia ésta tendrá un cuello alto, puño doble para mancorna y las iniciales del Presidente bordadas.

Édgar Gómez tiene una historia larga en Cartagena que empieza con su llegada en la década de 1970, cuando llegó vestido con un pantalón amarillo bota campana y una camisa verde. Esa era la última moda en San Cristobal, Venezuela, donde había emigrado a los 18 años y era dueño de una pequeña fábrica de confecciones. En ese entonces, el centro histórico era un cúmulo de casas en ruinas y un nido de delincuencia. Había peleas constantes entre pandilleros del barrio Getsemaní y San Diego. En Bocagrande sólo estaba el Hotel Caribe, rodeado de algunas casas, playas y manglares. En la playa del Hilton había un quiosco donde las parejas se emborrachaban y se escondían en la oscuridad de la noche. Los ricos huyeron al barrio Manga y se vestían con camisas azules claras y pantalones tipo bagui.

Según Fidel Castro, la guayabera es una prenda que nació a orillas del río Yayabó en Cuba, por lo que su nombre original era “yayabera”.

Gómez vio un anuncio en El diario, de la Costa, que ofrecía para la venta una máquina de coser marca Singer. Llegó a una mansión del barrio Manga y lo recibió un hombre llamado Víctor Araújo, que vivía con su mamá y preparaba reinas. Era gay. Quedó fascinado por los pantalones bota campana de Gómez y le dijo que con la máquina que acababa de comprarle le entallara una ropa que había comprado en un viaje por Europa. Había perdido peso y ya no lo servía. Empezó el sastre de los gays de Manga y luego empezó a confeccionarle a la gente más acomodada de Cartagena.

Un día, Víctor Araújo lo invitó a almorzar al restaurante árabe de Bocagrande. Al final, entraron a la cocina, la atravesaron y llegaron a un cuarto lleno de telas, las más bonitas, finas y sofisticadas que hubiera visto hasta ese entonces. Eran de contrabando. Araújo le decía a Gómez cuánto podía cobrarle a tal o cual cliente, y así le hizo ropa a la reina de belleza Beatriz Sierra, a los Lemaitre, de Jabones Lemaitre; a los Mogollón, dueños de una imprenta; a los Román, de la Kola Román; a los Vélez y los Araújo, del negocio inmobiliario, y a los invitados al Reinado Nacional de la Belleza, como Miguel Bosé y Pacheco.

Édgar Gómez ha vestido con guayaberas a los presidentes Pastrana, Uribe y Samper, entre otros.

Fueron ellos quienes les mostraron la ruta al mundo de las guayaberas. Casi cien años antes, en Cuba, un campesino le había dicho a su esposa que le hiciera una camisa con unos bolsillos anchos para poder meter guayabas en sus paseos por el río Yayabo. Hoy la guayabera ya es historia. Y en Cuba, donde muchos meten habanos en vez de guayabas en sus bolsillos, se debe usar en todos los eventos oficiales por decreto. La guayabera ya era popular en todo el Caribe cuando Édgar Gómez se radicó en Cartagena. García Márquez las usaba –en talla L– en las tertulias a las que asistía en el restaurante Divo, de Bocagrande, junto a Alejandro Obregón y Gastón Lemaitre. El día que Gabo se puso la primera en un desfile, a manera de chanza, Gómez vendió veinte camisas en menos de diez minutos. En los años noventa le llegaron los políticos y mandatarios como clientes y por el taller de Gómez pasaron las medidas para las guayaberas Álvaro Uribe Vélez, Andrés Pastrana, Ernesto Samper, Juan Manuel Santos, el rey Juan Carlos de Borbón y Bill Gates.

Bill Gates encargó su guayabera sin revelar su identidad.

Un día recibió una llamada extraña de Bogotá en la que le dieron las medidas de un hombre sin nombre: 1.80 m de estatura y talla 34 de pantalón. Al entregar las camisas en el Hotel Caribe, la mujer que le encargó las camisas le confesó al oído que el cliente era Bill Gates. Gómez fue al Hotel Las Américas a escuchar la charla del hombre más rico del mundo en ese momento. Al ver que Gates tenía su guayabera puesta su hija le pellizcó el brazo. Édgar brincó y la prensa se dio cuenta. De nuevo, las cámaras lo señalaron como el hombre que le hacía las guayaberas a los poderosos que visitaban Cartagena. Gates le compró veinte camisas más de diferentes colores. Durante su visita siempre se las puso por dentro.

La lista de hombres poderosos con las guayaberas de Édgar Gómez no parece terminar. Alejandro Santo Domingo, David Lee –el sonidista de The Matrix–y el canciller venezolano, Nicolás Maduro, tienen sus camisas en los armarios. El nombre de su marca es contundente: Ego. Pronto, Hugo Chávez también tendrá una guayabera Ego, avaluada en 500 mil pesos y hecha con lino italiano importado. De seguro, la camisa será la más fresca que Chávez se haya puesto en el calor de su poder.