El Vendaval que se fue

El Vendaval que se fue

21 de julio del 2011

Tenía unos ojos grandes, con una cornea tan blanca y tan grande que Carlos Saldarriaga pensaba que detrás de sus 400 kilos y su pelo castaño había un ser humano disfrazado de caballo. Era tanta la confianza que le tenía su dueño que, incluso, subía a su hijo de un año en su lomo, a pelo, mientras él, Vendabal de San Luis, comía en su pesebrera su bocado favorito: un pedazo de panela.

Y cuando estaba en pista, Santiago Escobar, su veterinario, recuerda que miraba para todos los lados. Esa cualidad es conocida en el mundo equino como “ojivolado”, algo que denota a un caballo despierto, tranquilo, que puede caminar con una cadencia sin igual mientras mira al público y a los otros caballos sin asustarse por un grito, un sombrero que vuela desde el público o un movimiento brusco de un espectador.

“A veces, cuando lo miraba a los ojos, yo pensaba que me leía la mente. Eran ojos como de una persona”, recuerda Carlos Saldarriaga, su criador, y quien lo vendió con mucho dolor al Criadero Barcelona, de Caldas, Antioquia, hace tres meses. Fue un negocio difícil, pero lo hizo porque no era un adiós definitivo, o al menos no tan contundente como la muerte.

El lunes 18 de julio, a las 6 a. m., estaba en la ducha de su casa. En medio del ruido del agua oyó que su celular timbraba con insistencia. Al salir, vio una llamada perdida de Fernando Agudelo, el montador con el que Vendaval había acumulado triunfos en once ferias grado A y se perfilaba como un animal fuera de concurso. La noticia le sacó las lágrimas a Saldarriaga, quien no lloraba desde la muerte de su mamá.

Dos horas antes, a las 4 a. m., a 500 kilómetros de la casa donde Carlos Saldarriaga dormía, Vendabal de San Luis estaba en un camión que atravesaba la carretera de la Mesa, Cundinamarca. El viernes 15 de julio fue gran campeón en la categoría trocha y galope de la feria Agroexpo 2011 y regresaba a su hogar, en el municipio de Caldas, Antioquia. Iba al fondo del camión, en el mejor sitio posible para evitar marearse, acompañado por cuatro caballos más del Criadero Barcelona. Iba separado del resto de animales para que no lo patearan en el estrés el viaje. Estos datos son lo único seguro, pero la versión conocida es que un vehículo que iba en sentido contrario encandiló con sus luces al conductor del camión, quien se salió del camino, se estrelló contra una roca y volcó el camión. Una versión dice que Vendaval iba con la cabeza metida entre dos palos y murió degollado. Otros dicen que murió ahogado por su propio peso, por el de los demás caballos y los hierros torcidos del camión. Su cadáver fue trasladado a Bogotá, donde pudieron rescatarle cerca de 25 pajillas de semen para que su legado no se perdiera.

Santiago Escobar, su veterinario, destaca su buena alzada, la capacidad de “resorte” de sus patas, su altura, su musculatura, su buena salud y su ritmo al caminar. Dice que si hay una música que pudiera acompasarse con su paso, sería la salsa. Dice también que no ha conocido un caballo con mejor carácter: “uno se podía meter por debajo suyo y tocarle los testículos y no daba patadas. Nunca lo vi pararse en dos patas y nunca lo vi morder a nadie”, recuerda. Por esto, y por sus premios, se dice que una pajilla suya llegó a costar tres millones de pesos. “Yo inseminé una yegua mía con una pajilla de Vendaval cinco días antes del momento ideal, y nació el potrico. Es decir, su semen estuvo dentro mucho tiempo. Era un animal de una fertilidad de 75%”, afirma Escobar.

http://www.youtube.com/watch?v=nyC6_b1hXM0

Vendaval fue un animal con voluntad. No sólo tenía una mirada de ser humano, sino la opción de elegir. En sus inicios, bajo el entrenamiento de Jorge Gutiérrez en una finca de Puerto Berrío, Antioquia, mostró que quería ser trotón galopero ‒un paso más pausado pero más recio, “que se siente más en el culo”, se dice en términos coloquiales‒. Sin embargo, en algunos concursos los jurados recomendaban que se pasara a trochador galopero, porque tenía un paso más rápido, pero Carlos Saldarriaga lo dejó tranquilo:  “en el Criadero San Luis dejamos que el caballo sea lo que quiera ser, y él empezó a trotar mucho. Así se convirtió en trochador galopero y se hizo famoso”.

El luto que tiene el mundo equino por Vendaval de San Luis es enorme. Y se suma a otra muerte trágica: el miércoles 20 de julio murió bajo el peso de su cuatrimoto el montador Fernando Marín, más conocido como ‘Maravilla’. Su entierro fue el jueves 21 de julio a las 5 p. m. en Medellín. A él asistieron también Carlos Saldarriaga y Santiago Escobar, que todavía no se recuperan de la muerte de Vendaval. Menos mal su mamá, ‘Shakira’, y su papá, ‘Consentido’, no saben que murió. No tienen cómo saberlo, como tampoco lo saben sus ochenta hijos y esposas, que ni siquiera lo conocieron. Vendaval de San Luis nunca tuvo sexo con una yegua. Murió virgen a los 68 meses y 24 días de edad. Cientos de personas del mundo equino tienen hoy su foto en el Blackberry y cuatro mil han leído las condolencias de su muerte en el foro de la página web suscaballos.net. Allí, un poema lo despide dice “Hoy están  tristes y  piensan / ¿Por qué te fuiste? / Pero puedo decir / Nunca me fui, siempre he estado aquí”. Se dice que el Criadero Barcelona planea embalsamarlo, pero ese acto es innecesario: en el mercado existen cerca de 300 pajillas congeladas con su semen, a la espera de que alguna de ellas se convierta en un hijo que supere su excelencia.