Gustavo Gómez: “mi mejor amigo es mi mujer”

Gustavo Gómez: “mi mejor amigo es mi mujer”

26 de enero del 2014

Debí esperar casi doce años para tener la siguiente conversación. Cuando Julio Sánchez Cristo me contrató para trabajar desde el estudio de Miami contaba únicamente con un millón de pesos, que fue el premio que me dio por producir la entrevista con Paul McCartney. 500 dólares no son suficientes para vivir en Miami, y Gustavo lo sabía. Una mañana, terminado el programa, dijo que quería hablar conmigo y salimos de la cabina para hablar en un corredor angosto. Me regaló 100 dólares y me abrazó.

—Yo siempre voy a estar agradecida contigo, —le digo inflada de amor. —Fuiste muy generoso conmigo. Y quiero contarte algo. A las 2 o 3 semanas de mi llegada a Miami salimos a almorzar con Julio a una pizzería que quedaba a pocas cuadras de la emisora. Cuando terminamos de comer me acerqué a la caja y saqué de mi billetera uno de los 5 billetes de 100 dólares que me quedaban…

— ¡No me digas que el billete era falso!  —Me interrumpe riéndose duro.

—Era falso, y la cajera lo rompió por la mitad sin disimular el placer que le producía la acción.

—¡Ah! ¡Mi billete! Eso solo tiene una cosa buena, que no me pasó a mí. Qué tristeza, ¿en serio? ¡Qué grave! Ojalá supiera de dónde salió. Ay, lo siento mucho, qué mal momento. Era falso, hijueputa… ¿Por qué no me contaste antes, estás segura que era el mío? ¿Los otros de dónde los sacaste? Colombia es una maravilla, y tengo dólares falsos en mi casa.

Nos demoramos casi cuatro meses en cuadrar esta entrevista, pues Gustavo dice que los periodistas están para hacer entrevistas y no para darlas. Además no considera que su vida sea tan interesante, pero yo no estoy de acuerdo. De los medios de comunicación, la radio puede ser la que permite que sus oyentes conozcan con mayor profundidad a los periodistas, lo que fortalece la cercanía entre ambos.

Gustavo Gomez periodista colombiano;Foto:Lina Rozo

“El periodismo objetivo no existe. El periodismo es subjetivo. Lo que el periodista debe hacer es ser equilibrado”, afirma Gustavo. Son las mismas líneas que ha utilizado en Twitter y por las que ha sido llamado cínico y otros insultos menos cordiales. “A través de las redes se cometen muchas canalladas porque, precisamente, conocen muchas cosas de la vida de uno. Es más fácil atacar a alguien cuando lo conoces. Y sobre todo en un país como Colombia donde se presume la mala fe de todo el mundo, sobre todo de los periodistas y donde hay tantos intereses políticos y de poder que hacen que cualquier información de un periodista toque unas fibras sensibles de una parte de la opinión que cree que está haciéndole daño a sus intereses”.

Mientras le hago preguntas, Gustavo se preocupa porque mi grabadora esté prendida y funcionando. Le pide al mesero que le baje el volumen a la música y se asegura de que su ensalada no traiga aceitunas o alcaparras. Luego mira su celular y se disculpa por hacerlo. Yo me acuerdo que mi primera impresión sobre él, hace 13 años, fue temerle. A simple vista parece un hombre serio, de ojos grandes y expresivos que parecen bravos. Me tomó un tiempo comprender que es de esas personas que logran ser muy payasas sonriendo poquito. Mordaz.

—¿En algún momento ha sido difícil que te tomen en serio?

—Sí, muchas veces. Sobre todo en momentos de grandes controversias políticas donde la gente cree que las cuestiones de la personalidad de uno son un defecto para explotar a la hora de atacar. El país es así, polarizado. Se es malo o se es bueno. Se es Darth Vader o Luke Skywalker. Pero a mí me resbala. Me importaría si a mí me pagara un contratista, o el colegio de mis hijos lo pagara algún empresario, si recibiera plata debajo de cuerda por opinar. Pero a mí me pagan un sueldo. A mí me tiene sin cuidado. Iba a ser abogado. Escogí este oficio porque me divierte, si no, estaría vendiendo fajas o lavando carros, si es por comer. Entonces, como escogí este oficio porque me divierte, lo hago como me divierte. Hago un periodismo absolutamente normal, como el de cualquier persona. Lo que pasa es que he incorporado buena parte de la manera en que soy en la vida real en el ejercicio de mi carrera. De manera innata he hecho el humor de la mordacidad, del humor negro. Lo aprovecho en el periodismo porque no puedo ser un Gustavo Gómez en el periodismo y un Gustavo Gómez en la calle. Eso tiene grandes ventajas porque crea gran sintonía con mucha gente, pero también, en un país lleno de prejuicios la gente dirá: “Es que el tipo no es serio”.

—¿En algún momento se te ha ocurrido hacer un producto periodístico con humor como lo hacía Garzón?

—Una cosa es que la gente lo vea a uno y lo conozca. Que uno sea conocido, no famoso. Otra cosa es que uno crea que porque está ahí se parece o tiene el mismo nivel intelectual de otras personas. Con cinco millones de Gustavos Gómez no se hace el pie derecho de Jaime Garzón. Pero Garzón era más humorista que periodista y yo soy más periodista que humorista.

Gustavo asegura que el puesto que tiene en la mañana le queda grande. Dice que se sienta en la silla de Darío Arizmendi, en la de Hernán Peláez y en la que alguna vez se sentó Yamid Amat, y que aunque hace su mayor esfuerzo, le quedan grandes. Pero yo no le creo esa falsa modestia. Yo creo que Gustavo Gómez se goza inmensamente su trabajo y sabe exactamente para qué es bueno. Por eso está donde está. No le creo cuando justifica los dos premios que se ha ganado diciendo que uno de ellos no lo mandó él sino Caracol (Simón Bolívar por la entrevista a Clara Rojas luego de su liberación), y que el otro (Simón Bolívar al periodista del año) no se postula sino que lo escoge un jurado.

—¿Eres ególatra?

—No. ¿Cómo podría serlo con este cuerpo?

—Esa es tú forma de verte a ti mismo. Yo te veo increíble.

—¿Por qué no te casaste conmigo? —Me pregunta sin sonreír.

—Porque llegué tarde.

—Es una buena razón, —Y entonces sí se ríe.

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Cuando era chiquito lo matonearon en el colegio porque era el único con acento paisa. Por eso, como método de supervivencia, se concentró en perder el acento y hoy es el único de su familia que no parece paisa. “Todo colegio en Colombia es un infierno. El INPEC debería funcionar en un colegio. No te perdonan nada”. Si a sus hijos los matonearan, Gustavo les diría que contaran, a sus papás y a sus profesores. Que no se lo traguen, “y menos en internet donde los pueden matar sin que uno se dé cuenta. Es un peligro. Ese cuento de que el niño va a ver pornografía en internet, eso ya no es nada. Cuando éramos niños íbamos a escondidas a comprar la revista Macho y mandábamos al que tuviera cara de grande a alquilar películas porno. Eso ya no es un peligro, el peligro es la gente. El diablo son los demás en las redes sociales hoy. No el porno ni nada de esas cosas”.

Aunque es mamador de gallo, un payaso, y pareciera que tiene muchos amigos, Gustavo asegura que tiene pocos y son de toda la vida. Tiene excelentes relaciones con sus colegas, pero después del programa cada uno se va para su casa. “Amigo”, para Gustavo, es una gran palabra. Amigo no es cualquiera. “Mi mejor amigo es mi mujer. Partamos de esa base”. Tampoco tiene amigos dentro de la política, y la razón es específica. Su papá, un abogado conservador, se demoró muchos años en convertirse en Magistrado de la Corte Suprema porque como no se metía en política fue vetado durante mucho tiempo. Además de que no cuenta con amigos políticos, Gustavo tampoco ha votado. Jamás. Ni siquiera ha inscrito su cédula.

“(Mi papá) Llegó por sus propios medios pero se demoró mucho. Él no iba nunca a nada, ninguna reunión social, yo lo veía en la casa con mi mamá, con nosotros, y era muy doloroso. Yo por eso descubrí que los políticos eran unos redomados hijos de puta. Todos. Hasta los que parecen no serlo. Entonces dije, no voy a darle mi voto a ninguno. No voy a expresarle a ninguno que creo en él. La gente me dice: ¡Vote en blanco! No me da la gana, es mi derecho constitucional no votar. Yo me atengo a la ley. No creo en ustedes, hagan un esfuerzo porque crea en ustedes”.

Dice que en ocho años solo ha tenido dos o tres peleas al aire. Donde sí pelea es en Twitter, tanto que alguna vez el mismísimo Félix de Bedout le dijo que no peleara más. “Imagínese a Darth Vader diciéndole a uno: ¡Oiga, no sea tan malo!” Gustavo ha trabajado con algunos de los periodistas de quienes –dentro del gremio- más se rumora con respecto a lo duro que es trabajar con ellos. Nombres como Julio Sánchez Cristo, María Elvira Bonilla, Yamid Amat y Fernando Garavito, de quien se dice que botaba máquinas de escribir por la ventana y se tragaba las cuartillas de los periodistas si estaban mal. Pero Gustavo dice no haber tenido ningún tipo de problema con ninguno.

—¿Entonces por qué no te fuiste con Julio para Caracol, hace 12 años?

—Había oído chismes de que Julio se iba a Caracol, pero no estaba enterado, no sabía. Al tercer día de que Alberto no volvió me dijeron que no iba a volver nunca. Un día una señora me llamó y me dijo: bueno, Gustavo, entra el día tal y la cosa es así… Y yo, ¿Perdón? ¿Se están trasteando conmigo? Nadie me ha hablado de frente de este asunto. —Gustavo prefirió irse a trabajar a la revista Soho con Daniel Samper.

—¿Qué lección aprendiste con el fiasco del doctor Cuero?

—Yo hice una vez un perfil, para una publicación, sobre Cuero. Cuando pasó todo este escándalo me fui a leer el perfil: Nunca el man dice que trabajó en la NASA. Nunca. Dice que hizo unos proyectos para la NASA. Creo que el profesor Cuero es un producto de un sobredimensionamiento de todos los periodistas que nos montamos en el tren. Pero él no es un delincuente. A él se le dio trato en los medios de comunicación de delincuente, de rata, de mentiroso, y no lo es. Lo que pasa es que en Colombia o inventó la válvula de yo no sé qué, o no sirve para nada. Sobredimensionamos e inflamos a la gente. No creo que el doctor Cuero sea el mentiroso y el delincuente que los periodistas pintan. Me parece que es el tipo de persona que no fue capaz de ponerse los pantalones para decir quién era. No hizo nada. Me parece que es un hombre bueno que no hizo lo que dicen que hizo.

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—¿Dónde te ves en diez años?

—No tengo metas. La gente me dice: ¿pero cómo se le ocurre? ¡Uno tiene que querer ser director de El Tiempo, uno tiene que reemplazar a Darío, desbancar a Peláez, tomarse RCN! Esas no son metas, esos son puestos, esa es jerarquía, eso es un formalismo. ¿Qué quisiera hacer toda la vida? Que me dejaran hacer mi trabajo, que lo disfrutara y que me pagaran bien. Yo no estoy haciendo la fila detrás de Darío para ver si alguna vez se aburre y me dan el puesto a mí. Es más, creo que cuando Darío se vaya, la renovación es traer alguien de afuera. Me parece que tiene más lógica. No soy el sucesor de Darío.

—¿Qué es lo que te pasa en los tobillos?

—Tengo pie plano, no pude hacer el servicio militar y no hago deporte. Por el pie plano, por tantos años de caminar mal, se produjo un desbalance y hay un roce entre el hueso y el pie. Ahí hay un cartílago, pero como hay una mala posición, se peló y se desapareció. El cartílago no se regenera. Muy doloroso, es terrible. No podía caminar, es como eléctrico. Entonces tengo injertos, y tengo el hueso de un muerto. Es algo que me asusta mucho, siempre se va a desgastar. Si llego a viejo seré un viejo de muletas o silla de ruedas.

Quienes más lo conocen aseguran que es obsesivo tomando fotos. Que desespera. La razón por la que lo hace es que no tiene ningún registro de su niñez y ahora está empeñado en que quede algún registro de su vida. Para que nadie se olvide de él. Gustavo crea carpetas para cada evento al que asiste, y a cada una la titula con el año, el mes, el día y el nombre del evento. De cada carpeta saca las cuatro mejores fotos y las mete en otra carpeta de donde saca fotos para imprimir álbumes. Cada año compra un nuevo disco duro externo, para que si se daña, se pierda información de solo un año y no todo lo que hay en su computador. El contenido de cada disco duro es luego copiado en alrededor de 50 CD’s. En su casa ya no tiene más espacio para recibir más libros, y a los CD’s ya les comenzó a botar la caja, porque no le caben más regalos. Y a pesar de eso, guarda absolutamente todos los CD’s de música porque quizá en el futuro pueda necesitar un referente musical, como, digamos, saber cómo sonaban Los 50 de Joselito. Y a pesar de tener tanta música, no tiene tiempo para oír un solo disco entero.

—¿Cuál es la diferencia entre el coleccionista y el acumulador?

—Al acumulador le importa más lo que acumula que los seres humanos. Una de las cosas que más me satisfacen y lo que mayor placer me da son los vinilos, todavía compro vinilos de los Beatles. Yo los vendería todos si estuviera en juego la seguridad, la vida o la felicidad de mi familia.

Y este coleccionista de música y objetos relacionados con los Beatles afirma no tener una canción favorita pues esto depende del día. Nunca ha sido parte de un club de fans de la banda, ni tampoco de Star Trek, que también lo obsesiona. “Aborrezco, no, perdón, le tengo prevención a la gente que se llama Beatlemaníaca. Gente aburrida que por analizar la música no la disfruta”. Para Gustavo los Beatles y Star Trek son una experiencia íntima que le gusta disfrutar en su casa, solo.

“La pasión que uno siente por un grupo se mide por el número de canciones que le llegan al alma. No es una competencia entre los Rolling Stones y los Beatles de ver cuál es mejor, depende de qué parte de su alma le toquen a usted. Es un porcentaje”.

Conoció a la banda de Liverpool cuando era un niño, se los presentó Luis Miguel Olivar, un muchacho mayor que él que vivía en el barrio y quien –curiosamente- es la persona que se inventó a Marbel. Olivar le grabó un casete marca Colsubsidio con unas canciones de la banda y otras instrumentales. Durante esa misma época, cuando su hermana cumplió 15 años le regalaron el Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Su hermana, que oía Mercedes Sosa y música por el estilo, le regaló el disco. Y Gustavo quedó enganchado para el resto de su vida. Todavía tiene el casete, que es el primer objeto de su colección de los Beatles.

Me hubiera quedado conversando con él otras tres horas, pero ya casi son las cuatro de la tarde. Sus hijos están por llegar del colegio y Gustavo quiere irse para la casa a ayudarlos con las tareas.

@Virginia_Mayer