La cosa secreta de Vicky Dávila

La cosa secreta de Vicky Dávila

15 de Marzo del 2011

Muchos años antes de ser la voz femenina más importante de la radio, Victoria Eugenia Dávila Hoyos, conocida por todos como Vicky Dávila, también trabajaba con la voz. Desde niña Vicky empezó a cantar, una aptitud que heredó de su papá, Gustavo Dávila, quien era un hombre bohemio cantante de tangos, oficio con el que Vicky recuerda “los levantó” en su niñez.

Es tal el talento de Vicky para la música que a los nueve años daba conciertos y ganaba dinero. Incluso, estuvo en una audición a los 22 años para presentarse al proyecto “Marbelle” en Sonolux, pero al final fue escogida Maureen Belky Ramírez y el resto es historia.

Vicky es la hija mayor de cinco hermanos, de los que ella, “Pacho”, el saxofonista, y Álvaro son hijos de Gustavo Dávila. “Yo casi que fui un papá para mis hermanos”, asegura Vicky al recordar la separación de sus papás  y cuando su mamá salió de la casa con ella y sus dos hermanos a vivir una vida lejos de la bohemia de su papá.  La primera infancia de Vicky transcurrió en una finca en Buga. “Yo jugaba como si fuera otro niño”. Se revolcaba en los pastizales con su hermano Pacho, con quien también cuidaban como un tesoro la vieja grabadora de su mamá, Luz Aida, en la que grababan sus voces dando noticias trágicas inventadas. La preferida era en la que un niño moría atropellado por un carro, y después en la que un carro, de manera extraña, moría atropellado por un niño.

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Mientras Vicky y Pacho eran unos niños, la situación económica de la casa  empeoró. Vicky tuvo que separarse de su mamá. Se fue a  vivir con su abuela materna, a quien ella llamaba “mamá Carmen”, quien en ese momento podía matricularla en el colegio. Así pudo empezar la primaria. “Mi mamá me mandó a vivir con mi abuela en un acto de responsabilidad, porque ella sabía que no tenía plata para ponerme a estudiar, y mi abuela sí”.

Mamá Carmen fue una de las personas más importantes en la vida de la periodista. Entre las enseñanzas que le dejó fueron las tablas de multiplicar, que aprendió cuando sólo tenía seis años, pero también aprendió a lavar la única camisa y el único par de medias que tenía para ir a su colegio, el del Batallón Pichincha, en Cali.

Cuando la situación de sus papás parecía haber mejorado, Vicky regresó a Buga y cambió de colegio. Entró al Instituto Rojas Orejuela, donde su pasión por la música se hizo más evidente y empezó a cantar con sus primos en un grupo que llamaron El trío Luis A. Calvo y Victoria Eugenia. Allí empezó una carrera musical cantando música colombiana, en la que incluso llegó a interpretar la canción Mensajero del amor al Papa Juan Pablo II en su visita a Cali en 1986.

Aunque Vicky asegura que desde los nueve años la única profesión que de verdad rondaba su mente era la de ser periodista, ella acepta que el canto la apasionó. También afirma que quiso ser monja y que, incluso, estudió unos semestres de ingeniería industrial. Asegura que aún no sabe por qué lo hizo, pero dice que la presión para que estudiara “algo que sirviera” fue tal vez el motivo.

Vicky Davila, periodista

Pero un tío la convenció para que se inscribiera en la Universidad Autónoma del Valle. Aunque en ese entonces el semestre costaba trescientos mil pesos, era  mucho dinero, pero empezó a estudiar periodismo con la ayuda de una de sus tías maternas y con un auxilio para estudio que le daban a su papá en el trabajo.

A los quince días de estar en su nueva carrera, uno de sus compañeros de clase, Mauricio, quien ya falleció, le dijo que en el canal regional Telepacífico buscaban una presentadora. Vicky presentó el casting convencida de que sus presentaciones le servirían para hablar en público y perder los nervios frente a una cámara. A la semana siguiente la llamaron del canal y a los 19 años Vicky apareció por primera vez en televisión como presentadora del programa El Senado Hoy, donde no le pagaban. Sin embargo, para mantenerse y poder pagar el peinado que se hacía a la semana, el manicure y los pasajes en bus que debía pagar para ir a trabajar, Vicky entró a ser profesora de religión y comportamiento en un colegio de monjas en Cali y regresó al lado de Mamá Carmen. Cuando la llamaron de otro programa y le ofrecieron un pago Vicky dejó la docencia.

Así empezó en Vámonos de paseo, una programa que se pasaba los viernes en la noche y en los que la presentadora salía con una shorts que muchos recuerdan todavía. “Tenía unas piernas divinas”, recuerda Rosa María Agudelo, gerente de producción del programa.

Desde entonces su carrera periodística no ha parado, ni siquiera se detuvo cuando su primer esposo Juan Carlos Ruiz murió de un aneurisma cerebral y ella se quedó sola con su hijo, Simón. Tampoco se alejó de la carrera cuando se rumoro que saldría de RCN por los errores cometidos en el cubrimiento del terremoto de Armenia el 25 de Enero de 1999, fecha en la que por primera vez se transmitía un hecho con antena Fly Away que permitía directos largos y en tiempo real. Sin embargo, Vicky asegura que aprendió la lección.

Vicky Dávila es una mujer que vive la vida al revés. Mientras muchos colombianos duermen, ella ya está lista para trabajar. Cuando la gente almuerza y termina su horario laboral, ella descansa y se prepara al final de la tarde para presentar las noticias de las 7 p. m. La directora del noticiero de La F.M. resume su ritmo de vida en dos frases: “salgo de mi casa cuando aún es de noche, y cuando regreso es de noche otra vez”.

Es una mamá sobreprotectora y lo acepta. Habla por celular con su hijo, Simón, al menos dos veces, desde que él se despierta hasta que llega al colegio, y aunque le da un beso de buenos días todos las mañanas a las 4. 45 a. m. antes de salir a trabajar, aprovecha cada minuto de cuñas del noticiero para hablar con él. Hacia las 7.30 a. m., y si el ritmo de las noticias lo permite, Vicky destapa su lonchera con frutas, una tortilla de pan integral y un trozo de queso campesino para desayunar.

Con preguntas como “Ministro… ¿cómo amanece?”, logra romper el hielo con cualquier personaje en su noticiero radial. A las 10 a. m. se reúne con su productora y con el editor de periodistas en su oficina, que está llena de cuadros con recortes de periódicos y revistas, en los que aparece con diferentes personajes frente a su escritorio.

Vicky es de pocos amigos, o mejor, de una única y mejor amiga: Clara Elvira Ospina, la directora de Noticias RCN. Habla con ella todos los días, casi siempre aprovecha para llamarla cuando sale de la torre sonora de RCN Radio. Cuando no tiene un compromiso se va a su casa en el barrio Rosales para reponer las horas de sueño que le faltan. A veces le gana su gusto por las compras y pide que la lleven a algún almacén. Zara es uno de sus favoritos.

A las 4.00 p. m. empieza a preparar todo para irse al noticiero de televisión, y ya en el canal, mientras las maquilladoras le retocan el maquillaje que ella misma se hace todos los días, repasa las dos emisiones de la Cosa Política, que graba en pocos minutos para tratar de estar en su casa antes de las 10 p. m.

A veces le da por cantar mientras las cámaras se prenden, canciones colombianas, un bolero o un vallenato de los que estén de moda y que tanto le gustan. Los más cercanos a Vicky dicen que canta porque le gusta y porque la pasión por la música se le convirtió en un hobby cuando decidió ser periodista. Pero también dicen que canta para no olvidar de dónde vino y cómo empezó.