La mujer detrás de Pirry

La mujer detrás de Pirry

4 de diciembre del 2010

María Alejandra Cardona ha botado seis teléfonos Blackberry en 2010. Los pone en la silla del copiloto de su Peugeot y desaparecen. A su tarjeta de crédito llegan cuentas de cobro de cuatro celulares perdidos. Sus amigas saben que si lleva varias semanas desaparecida es porque botó el celular o porque está en una cárcel del Salvador rodeada de matones de la Mara Salvatrucha, conversando con el asesino en serie Luis Alfredo Garavito, con el sicario “Popeye” en su celda de Cómbita, en Australia nadando con tiburones –en el mismo sitio donde murió un mes después de su visita el cazador de cocodrilos, Steve Irwin–, en la selva colombiana durmiendo en la hamaca de un guerrillero que murió en un bombardeo del Ejército, en el Norte de México en ritos de la Santa Muerte y buscándose una bala perdida en la guerra de los narcos.

Ella ha sido, junto al realizador Eduardo Contreras, la mano derecha en gran parte de las investigaciones que ha hecho Guillermo Prieto La Rotta, más conocido como Pirry. Es una periodista egresada de la Pontificia Universidad Javeriana y una despistada de nacimiento. Y gracias a eso se ha metido a sitios donde muy pocos se arriesgarían. Por despistada no reconoce el peligro, por despistada hace esfuerzos sobrehumanos por investigar un tema hasta el tuetano, por despistada trabaja con la fuerza de una hormiga obrera.

Pero después de trabajar cinco años en Especiales Pirry, entró al reality Manos a la obra, de RCN, que presenta junto al actor Camilo Sáenz. Los dos viajan por todo el país construyendo escuelas y demostrando que no es necesario mucho dinero para que la gente tenga condiciones dignas en sus comunidades.

Para María Alejandra Manos a la obra se ha convertido en un reto nuevo. Es posible que sea la persona que mejor conoce a Pirry. Las peleas que tienen son tan potentes que alguien externo pensaría que presencia el final de una relación. O los momentos previos a un homicidio. Siempre recuerdan cuando pelearon en un hotel de Nueva York o Los Ángeles, en un aeropuerto de Tailandia, en un barco en las Islas Griegas, en la casa de Juanes en La Florida. Incluso han peleado de noche debajo del agua en la Gran Barrera de Coral, en Australia. Pero un rato después se van a almorzar, acuerdan ir a escalar a Suesca al día siguiente o verse en la noche para ir a comer o a cine. Por eso, para María Alejandra este proyecto es una experiencia nueva, es dejar atrás las fórmulas del periodismo de Pirry para contar historias de otra manera. Sin tanta sangre y fuego, que son los temas que la persiguen, sino historias de esperanza.

En los pocos meses que lleva de grabación de Manos a la obra ha recorrido medio país y ha visto las diferentes caras de ese problema llamado Colombia. La inocencia y ausencia de Estado en las vidas de los campesinos de Caparrapí, Cundinamarca; la crudeza de Ciudad Bolívar, en Bogotá, donde llegan los campesinos desplazados; la pobreza extrema de la Comuna 3, en Medellín, donde su población está en medio de una guerra de combos.

María Alejandra ha ganado dos premios Simón Bolívar, uno de ellos por una historia sobre las niñas que reclutan las Farc. Hoy en día es madrina de bautizo de la hija de una de esas niñas. Y tiene cientos de historias que siguen su curso después de haber terminado sus investigaciones. Para ella es muy difícil cortar la relación con los personajes. Le ha gustado conocer a Nelson Mandela y Shakira, pero también recuerda el asco que sintió de hablarle de forma cordial a Luis Alfredo Garavito, el asesino de al menos 176 niños. Ella excavó decenas de huecos en las montañas de Colombia en busca de las fosas del asesino. Especiales Pirry estuvo nominado con esa historia a un premio Emmy.

Hay algunas noches en que a María Alejandra le cuesta salir a bailar. Después de escuchar a sus personajes semanas enteras necesita un par de días para digerir la información. En cierta forma ha aprendido a bloquear sus sentimientos. Le molesta verse como una sanguijuela, chupando historias como sangre. Le molesta no poder llorar cuando oye esas historias. Todavía no sabe qué tanto daño le hacen. Es una maniaca del ejercicio, del yoga y la meditación. Ahora es vegetariana. Dice que cree que se está enloqueciendo al tratar de encontrar un poco de tranquilidad. Pero no lo logrará. Piensa demasiado en los demás.

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