La verdad de los fantasmas del “museo de las momias”

18 de marzo del 2016

Sus visitantes sienten un frío inusual y sus celulares explotan. ¿Por qué?

La verdad de los fantasmas del “museo de las momias”

Un frío que penetra los huesos de quienes asisten, celulares que se apagan sin explicación alguna, madera que cruje sin que la pisen y mutaciones humanas que no dejan de asombrar, estos son algunos de los mitos que rodean al Museo del Ser Humano.

Con más de 40 años de existencia esta antigua casa-museo de dos pisos, ubicada en Los Mártires, pleno centro de Bogotá, un lugar estigmatizado por ser una zona de tolerancia y encontrarse cerca al Bronx, cuenta con una fachada sencilla, un color beige un poco gastado por el tiempo (como la mayoría de las casas en este sector), su interior, con pisos de madera, alberga ocho salas de exposición donde es posible ver la evolución de un feto y los daños que puede tener por abortos ilegales o causados por alguna sustancia psicoactiva.

Insisten quienes la visitan que la casa conserva un frío “inusual”, no se explican si es por la arquitectura antigua o el escalofrío que crece al recorrer el lugar. Esta casa ubicada en la calle 23a N°18-90, cerca al Cementerio Central, alberga más historias por contar que piezas por observar.

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En la entrada se encuentra un cartel invitando a la gente a apagar sus aparatos tecnológicos y a no tomar fotografías pues sus elementos electrónicos podrían dañarse. De allí nacen muchos de los rumores que acompañan al museo, pues sus visitantes creen que es debido a actividades “paranormales” que estos objetos se dañan.

Que las personas sientan frío es constante en el lugar. “El frío genera una cierta cantidad de electromagnetismo, que puede provocar la manifestación o incluso aparición de alguna entidad, que a la vez puede que absorba ese clima”, comenta algún blog en el que se narra la experiencia de quienes han asistido al museo.

Este lugar, lleno de tabúes, fue creado el 3 de agosto de 1973 por el Dr. Alfredo León Hernández, científico que ha realizado el trabajo de investigación y aplicación de técnicas para manejo de tejidos humanos, el museo cuenta con 225 piezas en perfectas condiciones que muestran a los visitantes fetos producto de abortos, con malformaciones a causa de insestos o problemas de adicciones.

El Dr. León inició el museo con fines de aprendizaje. “Nace de ver la ausencia de un material que sirviera para que los estudiantes pudieran reforzar sus conocimientos, no es lo mismo una clase magistral que una práctica donde se puedan ver las piezas que son estéticamente hermosas, en las cuales se puede revisar y aprender”, comenta Melba Rocío León, quien en persona se encarga de hacer el recorrido por el museo y explicar cada una de las piezas que se encuentran en él.

Las 225 piezas que se encuentran en el interior, dice Melba León, se lograron conseguir “a través de la Universidad Nacional”. “Ha sido posible tener discusiones a nivel ético, bioético y académico -continúa la señora León- y al ver todo el beneficio que se ha tenido gracias a la colección, ha sido posible crear necesidad de conciencia genética.”

Visitar el museo no es difícil, con solo llamar y agendar un recorrido es posible conocer todas las piezas, sentir ese frío en persona. Entrar solo vale $10.000. Estudiantes de la Universidad Iberoamericana son visitantes frecuentes, hacen los recorridos de 6 a 8 pm para analizar las momificaciones. Desde estudiantes bogotanos hasta franceses recorren el museo cada año en busca de nuevas experiencias culturales y de ser posible sensaciones. Los artistas acuden con regularidad buscando plasmar la inquietante belleza de las piezas.

¿Qué causa el daño repentino de los dispositivos tecnológicos de quienes visitan el museo? La misma ciencia dio una explicación. El Dr. francisco Guzmán, físico que visitó el museo, aclaró que no es por actividad paranormal que los aparatos se dañan, se trata de un electromagnetismo positivo creado por los materiales que se usan para la momificación y el hecho de que estén tanto tiempo en la misma sala lo que ocasiona el daño. El electromagnetismo negativo que da la tecnología crea un choque y quema las pantallas, descarga los celulares y en algunos casos funde los bombillos.

¿De dónde viene el frío del cual todos los visitantes al museo se quejan? Melba León, quien dice no haberlo sentido nunca, aclara que es fruto de “escalofríos”, el impacto que genera en las personas ver las piezas hace que su piel se erice.

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