Los días difíciles de Álvaro Lemmon

Publicado por: admin el Dom, 09/02/2020 - 03:23
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Hace unos meses los seguidores de Sábados Felices notaron con sorpresa la ausencia de uno de los hombres insignia del programa. Durante más de 30 años todos los sábados muchos lo vieron contar chi
Los días difíciles de Álvaro Lemmon
Hace unos meses los seguidores de Sábados Felices notaron con sorpresa la ausencia de uno de los hombres insignia del programa. Durante más de 30 años todos los sábados muchos lo vieron contar chistes, anécdotas y ‘echar carreta’ acompañado de una guitarra y su sentido del humor que provoca risas, apoyo e incluso rechazo en cierto sector. A pesar que reconoce que los años no llegan solos, sabe que aún tiene mucho para dar. Sin embargo, llegó un momento en el que se cansó y consideró que desde el equipo de Sábados Felices se le estaba faltando al respeto a un hombre de su trayectoria, al mismísimo Álvaro Lemmon, conocido popularmente como 'El hombre caimán'. [single-related post_id="1242536"] "No estoy muerto ni mucho menos. Estoy cansado de la gente de Sábados Felices, sobre todo los nuevos que no hacen sino hablar entre ellos, cuchichear, y tomé la decisión de irme", afirmó Álvaro visiblemente molesto a KienyKe.com. Los más de 44 años que duró en el programa lo hacen una autoridad al momento de hablar de humor en Colombia. En su largo trasegar en la televisión nacional muchos han evidenciado su cambio físico. Las canas en su pelo y bigote son el claro ejemplo de que los años no llegan solos. No obstante, él mismo enfatiza en que no está viejo, ni mucho menos acabado. Quienes lo conocen lo describen como un 'bacán' de toda la vida. Le gusta cantar, bailar, hacer chistes y dejar huella por donde pasa. Sin embargo, tiene un genio pesado. No le tiembla la voz para decir lo que piensa y cómo lo piensa. Es por esto, que en el momento que sintió que las cosas no iban bien en la que fue su casa por tanto tiempo habló sin tapujos sobre el tema. [single-related post_id="1231180"] "Yo iba a grabar todos los lunes que es el día en el que normalmente se graba, pero llegó un momento en el que me cansé de las injusticias, me cansé de que en edición me mocharan los programas. Grababa tres minutos y me dejaban un minuto no más". En su momento el canal le envió una carta en la que le informó que su contrato no sería renovado. El 31 de octubre terminó su vinculo con Caracol y toda esta situación la tomó como un irrespeto a su trayectoria y los años de vida que le dio a Sábados Felices. La situación de Álvaro se dio a conocer gracias a un mensaje que compartió a través de Twitter. Viendo lo que ocurrió con Kepa Amuchastegui quien ofreció sus servicios en diferentes campos en redes sociales, el humorista decidió hacer lo mismo. Su teléfono no dejó de sonar. Amigos expresaron mensajes solidaridad. Periodistas que querían conocer todos los detalles de lo sucedido y una que otra oferta de empleo llegó a su celular. [single-related post_id="952225"] Fue a RCN donde ofreció sus servicios haciendo libretos, chistes e incluso como imagen de las carrozas que suelen engalanar eventos públicos. Sin embargo, fue Telecaribe quien le abrió las puertas y le ofreció un empleo como jurado de 'La fórmula del humor' un reality que busca reconocer lo mejor del talento nacional en este rubro. "De esto me quedo con el cariño del público. Me han mandado cualquier cantidad de mensajes, tuve más de 5.000 trinos de apoyo. La gente me quiere mucho, gracias a Dios soy un artista al que la gente lo adora. Toco guitarra, canto, hago libretos, soy actor, he estado en miles de novelas, ¿cómo van a echar a un tipo como yo?", es la pregunta que no dejó de hacerse Álvaro Lemmon por esos días. Lo cierto es que su vinculo con Caracol se cerró por terminación de contrato. Él mismo lo admite. No obstante, lo que más le molestó fue la forma en que todo se dio. Al preguntarle sobre si le gustaría regresar al canal su respuesta de forma categórica es "NO". Quiere nuevos aires, nuevos horizontes. Además, para el hombre de Plato, Magdalena hay algo que no se negocia: la dignidad. Por: Andrés Romero Cuesta.