Los “Seis imposibles” de Darío Vargas

28 de septiembre del 2018

Estuvo casi toda su vida profesional en medio de la televisión nacional, cuando esta era el centro de la vida de los colombianos durante la década de los ochenta, también fue asesor de dos gobiernos. Desde entonces Darío Vargas también colidera una firma de comunicaciones, Dattis. Mas tal vez nunca se imaginó, durante décadas de […]

Los “Seis imposibles” de Darío Vargas

Estuvo casi toda su vida profesional en medio de la televisión nacional, cuando esta era el centro de la vida de los colombianos durante la década de los ochenta, también fue asesor de dos gobiernos. Desde entonces Darío Vargas también colidera una firma de comunicaciones, Dattis. Mas tal vez nunca se imaginó, durante décadas de reconocida experiencia entre medios y política, escribir un libro no desde el conocimiento anterior, sino desde una pasión oculta, la literatura.

Más aún, que abordara los más profundos y personales recuerdos de fracasos y desventuras amorosas, reunidos en el libro de relatos breves que acaba de lanzar gracias a la editorial Libros Malpensante. “Seis Imposibles”, 65 páginas de recorrido por fiebres de fútbol, canciones favoritas de Andrés Caicedo, calles y sonidos de Nueva York, Madrid o Ciudad de México, y por supuesto un trasfondo de despechos.

“Realmente no lo pensé inicialmente como un libro, sino que empiezo a escribir un relato y de ahí paso al segundo, al tercero, y solo cuando voy en el cuarto percibo que hay una unidad, que es la relación entre amor y comedia. Cuando me dedicó al sexto hago una ligera variación, pero eso ya es para que el lector la perciba”, dijo.

El título dice que lo tomó de una película que casi termina con Roberto Pombo: “La película se iba a llamar Tres imposibles tres, y era sobre la imposibilidad de realizar un amor para un hombre que se enfrentaba a decisiones complicadas, que le imposibilitaban continuar el romance con su mujer. La película fue filmada pero nunca editada. Cuando me di cuenta de la similitud dije ‘me voy a robar el título’, pero Andrés Hoyos, mi editor, dijo que le quitaramos ese seis al final”.

Por el volumen de tiempo que le requería su firma Dattis, Vargas se vio obligado a escribir el libro entre las nubes, literalmente. Subido en aviones, aprovechaba para agregarle unas cuantas letras a sus relatos. Vuelos Bogotá – Medellín, Barranquilla – Bogotá, o hacia EE. UU, se volvieron el escenario para moldear el texto.

“Por causa de mi oficio como socio fundador de Dattis, uno tiene que escribir muchas cosas. Discursos, documentos, artículos de prensa, entre otros. Pero relacionados a otros temas. Realmente esta es mi primera experiencia con la literatura. Fue una sensación rara porque cuando acabé pensé que ya estaba todo hecho, pero el ojo crítico de un editor como Andrés Hoyos me permitió descubrir muchas posibilidades”, recalcó.

Exitos con despecho

Nuevamente, la carrera de Vargas ha sido muy exitosa, con un recuerdo especial de su paso por el sector televisivo. “En RTI, una de mis mejores épocas, fui director de programas deportivos, que tenían mucho rating. De allí pasé a la Consejería de Comunicaciones del gobierno Gaviria”, recuerda. No parece común imaginar tal acumulado de decepciones amorosas, pero el autor ve el tema con un lente distinto:

“En todo caso yo miro hoy las experiencias desde la distancia y son muy gratas. En su momento fueron dolorosas. Sentarse a esperar que lo llamaran a uno por teléfono o que llegara una carta, porque en esa época no había correo electrónico. Pero la reflexión del libro es que puede que los amores imposibles perduren mucho más que los realizados”, dijo.

Tal vez con un despecho similar, pero ya desde lo literario, evoca la pérdida de Andrés Caicedo para el mundo de las letras: “Fue uno de los escritores colombianos con más potencial. Desde luego no alcanzamos a ver qué pudo ocurrir. ¡Que viva la música! es su obra central, pero yo me quedo con Angelitos Empantanados”.

La experiencia de sumergirse en la literatura le gustó. Prevé tal vez intentar una novela policiaca. No lo asegura porque sabe que tendrá que hacerla nuevamente subido en un avión.

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