¿Por qué Silvio Ruiz no desprecia la basura de los bogotanos?

¿Por qué Silvio Ruiz no desprecia la basura de los bogotanos?

17 de septiembre del 2015

La primer sede de la organización estaba ubicada en la calle del Cartucho. Tenían un edificio con dos pisos; el primero albergaba los materiales y los carros ‘esferados’, y el segundo piso era utilizado por algunas mujeres para cuidar a los hijos de los recicladores.

Entre todos reunían dinero para comprar pañales y alimentos. “Se tuvieron más de 300 niños. Había sala cuna, párvulos, gateadores, prescolares, escolares y mujeres que se capacitaban en cocina y en atender a los niños”, afirma Silvio Ruiz, el líder de la Asociación de Recicladores de Bogotá.

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Con el apoyo del Ministerio Internacional, entidad estadounidense que apoya a los niños de bajos recursos, y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), lograron crear el jardín infantil de los recicladores en 1995.

Luego, y con ayuda de otras entidades y amigos, compraron una casa ubicada en el barrio La Concordia, en el centro de Bogotá, para darle lugar a la asociación y al jardín. Actualmente, esa casa es la sede de la Asociación de Recicladores de Bogotá y recibe el material de reciclaje de la zona.

Tres años después, el Estado empezó a crear jardines para los niños, así que la necesidad fue decreciendo hasta que decidieron terminar el jardín y montar un comedor comunitario que costaba $500 pesos por persona para los habitantes de calle y trabajadores.

Durante la administración de Luis Eduardo Garzón, uno de sus asesores les ofreció formalizar el comedor. De esta forma ya no tendrían que cobrarle a sus comensales, sino que la alcaldía les daba los recursos para preparar los almuerzos. “Se pasó de 50 o 60 almuerzos diarios a 350. Ellos nos pagaban 300 y hacíamos 50 más porque sabíamos que había gente que no estaba en el programa”.

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Silvio Ruiz Lider Reciclador-

Desde 1995 Silvio trabaja como representante de la Asociación de Recicladores de Bogotá, pero su labor tiene un origen muy humilde.

Como muchas otras familias en Colombia, Silvio Ruiz oriundo de Samaná (Caldas), hizo parte de las estadísticas de desplazamiento por culpa de la violencia.

Sus padres, unos campesinos que huyeron del corregimiento de Florencia en ese pueblo caldense, llegaron a Manizales con sus hijos y un costal de ropa. En la pobreza absoluta pasaron por inquilinatos y casas de tránsito.

En 1983, a los 12 años, tomó la decisión de dejar el estudio por tres razones: su madre, que era la que trabajaba, estaba enferma. Silvio no tenía zapatos para ir a estudiar, y porque tampoco habían alimentos en su hogar.

Se puso en la tarea de encontrar un trabajo para sostener a su familia, así que fue al basurero más cercano. “Encontré en el botadero de basuras de Manizales una oportunidad de rebuscarme la vida”, comenta Silvio.

En ese entonces el botadero tenía tres sistemas de trabajo: llegaban los carros, depositaban la basura en la carretera, algunos reciclaban y lo que quedaba era lanzado al río. Los niños se metían al río y con un plato “barequeaban”, es decir, sacaban del fondo del río cosas como huesos, puntillas y vidrio para luego vender.

Su primera semana de trabajo ganó $500, lo que le alcanzó para un mercado y de allí en adelante supo que podía responder por su familia por medio de la basura.

Tres años después, la ciudad decidió dejar de lanzar la basura al río para construir un relleno sanitario en el cual los recicladores no cabían. Así fue como a la edad de 15 años, Silvio decidió organizarse con otras personas para que los tuvieran en cuenta.

Con el apoyo de entidades públicas y privadas, Silvio aprendió a leer. Eso le ayudó a hacer los boletines que enviaba a las demás cooperativas para incentivar a los recicladores a unirse y crear un movimiento.

Bogotá como meta para construir su trabajo

Como delegado de la cooperativa de Manizales, visitar a Bogotá se volvió constante. En 1992 viajó a la capital liderando las movilizaciones del gremio en protesta a la masacre a los recicladores en la Universidad Libre de Barranquilla, y desde ese año hasta el 95, iría a estar a cargo de la asociación durante el día, y en la noche se dedicaría a reciclar para tener el sustento diario.

Finalmente, fue en el 97 que le ofrecieron un trabajo de promotor en la Asociación de Recicladores de Bogotá. Su principal objetivo era encontrar a los recicladores, censarlos e invitarlos a hacer parte de la cooperativa.

Silvio Ruiz Lider Reciclador-

Los recicladores vs la empresa privada

Por medio de demandas, acciones de tulelas y movilizaciones sociales lograron, que en el 2003, la Corte Constitucional protegiera sus derechos. Sin embargo, varios puntos se quedaban por fuera, como lo era el tema de las carretas de tracción animal: “desde ese tiempo querían quitarlas, pero sin ninguna solución”, comenta Silvio.

“En el 2011 por medio de una licitación de aseo, megaempresarios de la basura nacionales e internacionales pretendían -con el Distrito- hacernos creer que nos iban a tener en cuenta. Entonces nos iban a regalar unas acciones imaginarias para quedarse ellos no solo con el aseo, sino también con el reciclaje. Así que demandamos y la corte nos dio la razón”.

La Asociación de Recicladores de Bogotá logró bloquear la licitación de los empresarios, y en ese preciso momento el alcalde Gustavo Petro se encuentra con una excelente oportunidad para crear la empresa pública e incluir a los recicladores.

“Petro lo aprovechó y contó con el apoyo de los recicladores. Digamos que logramos hacer una buena negociación porque ahora los recicladores, por primer vez en el mundo, iban a tener pago por el reciclaje. Eso es una cosa revolucionaria en términos de este tiempo.”

Los logros obtenidos

Los recicladores lograron negociar el pago de un salario base de $150.000, que en la actualidad beneficia a unos 12 mil trabajadores. Además, más de 105 cooperativas en todo el país se han asociado. “Ya hay niños comiéndose un helado con los papás, ya se pueden comprar unos zapatos, gente pensando en comprar una cama, una puerta…etc.”

A partir de una alianza nacional de reciclaje, con el apoyo de cuatro ministerios, representantes de la industria y varias ONG les entregaron 8 mil kits de uniformes a los recicladores en Bogotá.

En el 2013, la Alcaldía de Bogotá censó a 2.980 carreteros para darles la opción de escoger un alternativa de sustitución para sus vehículos de tracción animal. Diez de ellos escogieron la opción de vivienda y 44 decidieron optar por el plan de negocios. Durante la entrega de vehículos, se recibieron 238 caballos.

Silvio Ruiz no ha dejado su labor a un lado; actualmente reparte su horario en las labores administrativas que conlleva ser el líder de la organización y el reciclaje. Dos veces a la semana dedica las noches para recorrer las calles bogotanas en busca de lo que le da de comer.

-¿Les enseñan a los recicladores sobre la ecología?

Digamos que una de las ventajas más importantes del reciclaje, es que aún sin saberlo tiene efectos positivos en el planeta. Por ejemplo, sería mentiroso si le digo que nos metimos al reciclaje por ecologistas. No, nosotros nos metimos porque teníamos hambre, porque no teníamos empleo y en vez de volvernos delincuentes nos volvimos recicladores. Básicamente fue la opción que nos presentó la vida y por fortuna la encontramos.

Ya después de estar organizados, empezamos a capacitarnos y a entender que por una tonelada de cartón que se recicla son 20 árboles que no se cortan y que se demoraron 15 años en crecer. Que por una tonelada de vidrio se ahorra 400 grados en los hornos; por reciclar una tonelada de plástico se ahorra 80 barriles de petróleo; cosas de esas que, nosotros sin saberlo, tienen efectos positivos. Y si los capacitamos en los efectos positivos del reciclaje para que ellos le digan a la comunidad que hacer.

-¿Cuáles son las zonas de Bogotá más recomendable para los recicladores?

Yo creo que la ciudadanía ha tomado poco a poco conciencia sobre la separación de los residuos y hay algunas zonas buenas. Por Puente Aranda en el barrio La Primavera tenemos una ruta selectiva; llegamos todos los martes a las 7:00 am con el camión y música, y la gente nos saca las bolsas con reciclaje. Atendemos fácilmente como unas 800 o mil viviendas.

Algunas empresas ya separan los residuos y los entregan a los recicladores, pero también hay cosas feas como lugares que le ponen candado a la caneca para que los recicladores no saquen la basura, o empresas donde no dejan entrar a los recicladores.

-¿Para usted qué es la basura?

Tiene dos significados.

La basura es una disfunción social, es decir, no la deberíamos generar. Si la generamos, deberíamos manejarla bien de tal manera que no fuera basura. Entonces, el hecho de que haya basura quiere decir que no funcionan ciertas cosas en la sociedad, aunque es paradójico porque yo vivo de la basura.

La basura para mi es el sustento, la vida, oportunidades: se puede encontrar un libro, una colección de cassetes con toda la música de la época. Incluso ropa bonita. Cosas más pequeñas, pero valiosas.

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