Santiago, el niño estrella de la salsa

Santiago, el niño estrella de la salsa

11 de noviembre del 2013

Santiago Ayala baila a nivel profesional desde los seis años. No sería bailarín si una tía no lo hubiera llevado a escondidas a la escuela la Nueva Dimensión, una de las primeras que comenzó a enseñarle salsa a los niños en Cali. Sus papás querían que fuera futbolista. Gracias a la salsa Santiago, quien tiene 13 años y vive en el barrio 20 de julio cerca a Aguablanca, ha viajado por varios países del mundo: Rusia, Mongolia, Japón, y es uno de los bailarines principales del show en Delirio (Cali).


El maestro Luis Carlos Caycedo comenzó la escuela Nueva Dimensión para niños porque quería entretener a sus hijos, y los de sus vecinos, y que ocuparan el tiempo libre en otras actividades fuera de las drogas u otros vicios. Al principio fue difícil porque las personas asociaban el baile con el alcohol y la promiscuidad, pero mientras entrenaba un grupo de pequeños varios niños se fueron antojando. Iban a jugar fútbol los sábados en la tarde, pero terminaban preguntando cómo hacían para bailar salsa. Ahora esta escuela cuenta con más de 120 bailarines que tienen entre 3 y 12 años.

Niño Delirio Santiago Ayala, Kienyke

Todos los que pasan por la escuela Nueva Dimensión empiezan con tres canciones: Lupita, Cógele el golpe y Cali pachanguero.

A pesar de que Caycedo no era bailarín profesional, sino “bailador” en fiestas o discotecas -como él dice- se aprendía coreografías de memoria y le enseñaba a los niños. Así formó desde el 96 grupos como los Príncipes de la salsa (6 a 12 años) o los Biberones de la salsa (3 a 6 años). Este último se formó después de que le pidieran entrenar un grupo para entretener al público, mientras los jurados deliberaban en un concurso de salsa. El día que salieron los pequeños bailarines los almacenes del centro comercial se desocuparon para verlos, “como si estuvieran regalando plata”, afirma Luis. Su mayor atracción era que se equivocaban, o se caían y eso divertía más a la gente. Por cuatro años tuvieron presentaciones constantes. De los integrantes de los Biberones salió una campeona mundial de salsa y otras grandes estrellas en esa modalidad de baile.

“Con ellos es fácil porque no les da pena, en cambio el adulto tiene miedos acumulados de toda su vida. Estos niños necesitan dedicación y ganas de hacer las cosas, como Santiago, porque bailar no es difícil, pero hay que coger técnicas y aprender a divertirse cuando se baila. Hay gente que lo hace con miedo y ese es el problema. Si usted se equivoca, disfrútelo, siga equivocándose que eso se puede volver una habilidad”, afirma Luis Carlos.

Niño Delirio, Luis Carlos Caycedo, Kienyke

Luis Carlos Caycedo fundó una escuela de salsa inicialmente para ocupar el tiempo libre de sus hijos y el de sus vecinos. 

Santiago, por ejemplo, es uno de los bailarines niños más dedicados y es tan responsable que se levanta antes que todos. Él cree que lo que lo diferencia de otros niños es su “repique” y su expresión, que lo ayuda a desenvolverse con facilidad en el escenario. Además de bailar en un grupo reconocido de la ciudad en el 2009 pudo cumplir su sueño de montar en avión e ir al mar. En febrero de este año fue a Argentina, China, Rusia y Mongolia. En unos años planea estudiar ingeniería y por eso está en un semillero de matemáticas en la Universidad del Valle. Sin embargo, tampoco quiere dejar el baile y aspira a ser campeón mundial.

“No es tanto el talento, sino el esfuerzo y la dedicación que le pongas a las cosas. El baile es mi vida, lo que corre por mis venas”, afirma antes de su presentación durante la I Bienal Internacional de Danza de Cali.

Sus entrenamientos son constantes si tiene algún concurso, pero normalmente entrena miércoles y sábados  o acuerda días con su pareja de baile, Daniela. Además va a una academia a hacer baile deportivo y entre eso y el estudio ocupa sus días.

Niño Delirio Santiago Ayala, Kienyke

Santiago, que se prepara para su presentación en el show ‘La pinta’, no parece nervioso. La tarima lo ha hecho artista.

Luis afirma que en su escuela no reciben solo niños que se consideran “talentosos”, sino que se acepta a todos. Incluso hay niños con discapacidades físicas o psicológicas que hacen terapia con el baile.

La manera en la que Santiago logró convertirse en uno de los artistas fijos de Delirio fue coincidencia. “Le dije a la dueña que si le podía presentar un niño, porque el anterior renunció para irse a otra escuela, y le encantó, a la gente le maravilló y empezamos a explotar lo que él sabía. Se ha ganado un gran puesto y se le trabaja la cabeza para que mantenga la humildad. Hay que educar a la gente como personas, no solo como bailarines. La compañera de Santiago, Daniela, tampoco era muy buena según los profesores, pero les dije que tenía algo, gracia, picardía, y ahora le va muy bien. Ellos se van perfeccionando cada vez más, gracias a la tarima y al rango de exigencia del lugar”.

A estos niños bailarines ya no los chantajean con dejar de ver televisión o no jugar en el Xbox, sino con no poder bailar. “Los niños quieren es relacionarse con gente de su edad, no con los mayores, y acá lo hacen, pero con una buena causa. Cuando entran todo es juego, después les digo: ‘usted está bailando muy bonito’, mejor váyase para el otro grupo y ahí se acaba el juego, pero en realidad aprenden jugando”.

Esta noche el show empieza con ‘Agúzate’ un homenaje a Richie Ray y Bobby Cruz. Santiago, y los demás bailarines niños, se roban el show por sus trajes,  pasos perfectos y encanto. Santiago conserva la seriedad de un adulto y le mete toda la intensidad a sus pasos. Es seguro y enfocado porque ha comprendido que en el baile no es tanto el talento sino la disciplina lo que lo hace lucir. Él se ganó un puesto como el niño de Delirio, un lugar al que aspiran llegar muchos de los otros niños que en Cali aman la danza.