¿Se puede ser feliz en pareja?

20 de enero del 2020

Por Armando Martí

¿Se puede ser feliz en pareja?

"La siesta"de Vincent Van Gogh - Cortesía ReprodArt

El amor es el secreto que le da vida a todas las cosas del universo. Es casi imposible de definir por medio de la razón, pero sin duda se puede percibir desde el corazón. Amar es sufrir, ilusionarse, reír, temer, apegarse, inspirarse, contradecirse y entender que el mejor camino es rendirse ante el amor para gozarlo en pareja. Recordemos que, al fortalecer nuestra autoestima, los sentimientos sanos se desenvuelven de forma natural, sin forzarlos y mucho menos exigirlos.

Por amor nos sentimos atraídos hacia otra persona, teniendo el impulso ancestral y químico de unirnos a ella para formar la pareja. En las primeras etapas, que pueden durar entre seis meses y un año, idealizamos al ser amado sin poder “ver” su verdadera naturaleza.

El desafío real es la convivencia, en donde para tener éxito debemos “aprender a comprender” al otro, pues entre más se comparte la intimidad más pueden emerger varios de los defectos reales en la pareja. Entonces el otro se convierte en un espejo que refleja nuestras carencias y virtudes. Por lo tanto, nos ayuda a conocernos a nosotros mismos descubriendo de lo que somos capaces de dar o no, en esta unión.

Sin embargo, desde mi punto de vista, es importante entender que cada pareja es un mundo y ambos deben buscar la forma de adaptarse y funcionar armónicamente. Antes de asumir un compromiso, que muchas veces se hace de forma apresurada e inmadura, es aconsejable que la pareja conviva por un tiempo para descubrir quiénes son en realidad.

De este modo, eligen desde la voluntad consciente construir una relación que no necesariamente “consista” en permanecer juntos para sentirse seguros, pues una vez definido el vínculo emocional, este se autoabastece a través de la confianza y la energía producida de corazón a corazón, es decir, todo aquello contrario al miedo y a las expectativas, factores que causan la mayoría de las separaciones y rompimientos afectivos.

“El orgullo de Dijon” de William Hennessy – Cortesía ReprodArt

Es natural sentir prevención al abrirse ante la intimidad con el otro, pensando que ya no hay defensas contra la decepción y el dolor. Por eso elegimos la estrategia de “cerrar el corazón”, que si bien es cierto temporalmente anestesia los sentimientos, también nos impide la posibilidad de experimentar muchas de las dimensiones del amor a través del diálogo sincero para establecer la confianza como principal premisa.

Esta nueva actitud positiva, ayuda a gestionar el hábito malsano de sentirse juzgado o juzgar, erradicando los resentimientos y las intenciones ocultas en la pareja para que pueda florecer con una nueva vitalidad basada en el compañerismo y la amistad, que son sinónimos de comprensión y compasión ante las mentiras y los errores que como seres humanos podamos cometer.

En otras palabras, si tengo miedo por las amenazas de abandono y venganza de mi pareja, seguiré mintiendo para sobrevivir y justificar mi deslealtad. Esta acción defensiva genera una insoportable tensión emocional que intoxica todavía más la relación. La decisión de una pareja sana sería abandonar esta actitud y dedicarse a descubrir la naturaleza de sus carencias y aciertos.

Detrás de toda sospecha y exagerados celos, existe una insatisfacción propia no resuelta, la cual disfrazamos exponiendo los defectos del otro. Deberíamos expresar nuestra necesidad de ser atendidos y comprendidos generando la correspondiente empatía al “ponernos en los zapatos del otro”, así ganaríamos no sólo paciencia sino también tolerancia y estabilidad.

“El beso” de Kathe Kollwitz – Cortesía ReprodArt

La felicidad de una relación sana se basa en el equilibrio entre el dar y el recibir, comprometiéndonos gustosamente hacia la meta de un amor pleno y total. La pareja se encadena emocionalmente cuando uno da más que el otro. Al no existir una igualdad entre ambos, aparece la enfermedad de la codependencia afectiva, convirtiéndose en un vínculo de dominio-sumisión, pues una relación feliz y madura necesita de dos personas independientes que se hagan cargo de sí mismas, compartiendo algunos espacios de sus vidas.

Una nueva disposición en la relación sería la de responsabilizarnos de nuestros propios deseos, fortaleciendo la admiración por el otro. Toda unión afectiva tiene dos caras y ambas se deben aceptar, pues no puede existir orden sin confusión, ni gozo sin dolor. Razón por la cual, muchas veces, las crisis y los desacuerdos son necesarios para construir un nuevo y beneficioso cambio en la relación.

En resumen, en una pareja sana es primordial el respaldo de la confianza con el fin de sentirse conectados por profundos vínculos amorosos, evitando la dependencia exagerada y conservando su esencia que habilita la decisión de continuar juntos desde la voluntad y no desde el resentimiento o el miedo.

Cada pareja intuye cuando algo está fallando y ambos tienen la capacidad de decidir qué es lo más saludable para la relación. Sin duda, la comunicación es el mejor camino hacia la serenidad y la armonía, pues desde una conversación sincera, la pareja podrá comprender sus sentimientos y pensamientos de una manera más genuina y honesta.

El principio del fin en la pareja

La necesidad de perfección y dominio sobre el otro es el principio del fin en la pareja, por la sencilla razón de que el amor nace y no se impone. La mayoría de las relaciones terminan porque una vez que la persona conquista a la otra, esta deja de hacer las cosas que antes hacía para agradarla, debido a que sus intenciones no eran congruentes y, de esta manera su disfraz cae por la fuerza de la verdad dando paso a la decepción y a la desconfianza.

Sin duda, para algunas personas uno de los vínculos más difíciles de lograr es ser amigos de ellos mismos fingiendo que el amor habita en sus vidas, cuando en realidad los verdaderos huéspedes son el resentimiento y el odio, generados muchas veces, por algunos traumas no superados de la infancia.

Una de las dificultades para lograr el amor sano es cuando la soberbia, el miedo y la mentira le ganan a la humildad, la compasión y el perdón. Vigilar, obligar, competir, controlar, culpabilizar, victimizarse, celar y amenazar, impiden la experiencia real y auténtica de amar.

Como Coach Ontológico de Vida y Terapeuta de Pareja, analizo que en muchas de las consultas de mis asesorados no existen en realidad motivos importantes para decidir separarse y terminar con el gran capital emocional invertido en ellos, construido además desde el justo propósito de consolidarse y encontrar la felicidad.

“Adam and Eve” de Catherine Abel – Cortesía ReprodArt

A veces, pequeños o grandes errores, al igual que comportamientos aprendidos en la infancia y creencias familiares, tienen solución a través de sencillas pero eficaces sesiones de concientización para cambiar ciertos hábitos nocivos por medio del entrenamiento y potencialización de la conciencia personal.

A continuación, les presento algunos de los errores más comunes que he detectado durante las asesorías enfocadas en el aprendizaje del manejo de las crisis, para efectuar cambios benéficos en los miembros y dinámicas de la pareja:

  • Acumular molestias y detalles que, al no expresarse, explotan de forma inadecuada y se vuelven inmanejables.
  • Recibir consejos de personas, amigos y familiares que no tienen una madurez y estructura emocional lo suficientemente desarrollada para opinar sobre la intimidad en pareja.
  • Burlarse o ridiculizar a la pareja delante de los demás, especialmente con algún defecto físico o de carácter que cause humillación y resentimiento.
  • Levantar la voz, amenazar y gritar a la pareja, para imponer las ideas como si siempre se tuviera la razón.
  • Elegir y proyectar sentimientos tóxicos como la amargura y el pesimismo, erradicando la alegría y el buen humor que son el combustible y la energía para enfrentar los desafíos y pruebas de la vida.
  • Adivinar y no preguntar los motivos por los cuales la pareja está teniendo una mala actitud y constante enfado.
  • Repetir lo mismo una y otra vez, sacando en cara lo que se da y, además, criticando todo lo que la pareja dice o hace.
  •  Decir constantes mentiras (pequeñas o grandes) para esconder el miedo ante la amenaza de abandono y la rabia a causa de la manipulación.
  •  El desborde de los celos exagerados al no entender que cada persona tiene una historia personal en su pasado y no se puede convertir en el objeto de nadie, ya que, tiene el derecho a su libre albedrio y a asumir las consecuencias de sus decisiones.
  • Justificar que la ausencia de relaciones sexuales e intimidad no es tan importante en la pareja, cuando en realidad es todo lo contrario.
  •  Asumir el errado papel del padre/esposo, al igual que el de madre/esposa/, con el fin de “volverse” educadores de la pareja como si no fueran capaces de crecer y responsabilizarse de sí mismos.
  •  Sin contar con el apoyo de la pareja, tomar decisiones que afecten el dinero y presupuesto económico para llevar a cabo el proyecto de vida que juntos eligieron.

“Amantes” de Otto Mueller – Cortesía ReprodArt

¡Sí se puede ser feliz en pareja!

Una pareja sana es todo menos “perfecta”. La madurez es la capacidad de conocernos, aceptando nuestro carácter y temperamento, con el propósito de mejorar y buscar el equilibrio y la consideración hacia uno mismo, para entender a nuestro compañero o compañera.

De esta manera, reforzamos conceptos y sentimientos tales como: la libertad, la confianza, el apoyo, la admiración y el entusiasmo por un proyecto de vida juntos, ejercitando día a día la tolerancia, el entendimiento, la simpatía, el cariño, la solidaridad, el erotismo, la pasión y el sexo. Incrementando, además, la espiritualidad, la sintonía, la asertividad, la amistad, la complicidad, la comunicación y la superación de ambos miembros de la pareja.

Las verdaderas historias de amor comienzan cuando dejamos ser a la otra persona quien realmente es, ofreciendo una calidad de vida al ser amado. Un regalo sencillo y muy efectivo para la estabilidad en pareja, es no hacer sufrir innecesariamente al otro, logrando ser humilde y sincero a la hora de reconocer nuestras fallas sin la carga de la vergüenza y la culpa.

“Baile en la ciudad” de Auguste Renoir – Cortesía ReprodArt

Este acto de consideración con nosotros mismos consiste en tener el valor de cambiar aquellas cosas que sí podemos cambiar en nuestro interior, para ofrecernos un amor sano que nace desde la voluntad de estar juntos, entendiendo que el peor de los pecados es no ser feliz.

Finalmente los invito a dejar de ser espectadores de las historias de amor de los demás. Construyan y vivan su relación sin miedo. El amor es algo que sucede y no se analiza. Concentren sus esfuerzos en no cambiar al otro, y, por el contrario, procuren aceptarlo y comprenderlo, pues cada uno de nosotros también tiene su propia historia.

Una de las claves para dejar de ser analfabetos emocionales es vivir de instante en instante desde el amor y la paz, no sólo en pareja sino en unidad con todos nuestros semejantes y seres vivos, junto con la naturaleza y el universo mismo.

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