Un colombiano en la guerra de Irak

Un colombiano en la guerra de Irak

27 de diciembre del 2010

Carlos Bermúdez Bermúdez se bajó del avión C-17 en la base estadounidense en Karcutt, Irak. A 42 grados de temperatura, con una camisilla, uniforme, chaleco, casco, guantes, rodilleras, lentes de visión nocturna, rifle m-4 y una pistola automática, pensó “acá hace mucho más calor que en Barranquilla”.

Carlos Bermúdez Bermúdez nació el 4 de Julio de 1980, y desde entonces, parece que hubiera estado predestinado a servirle a la patria que no lo vio nacer, sino de la que hoy es ciudadano: Estados Unidos. Vivió hasta los 16 años en el barrio La Victoria, de Barranquilla, donde nació. De ahí, gracias a que una tía había tramitado la residencia de todo su núcleo familiar, Carlos, sus papás y hermanos, se fueron a vivir a Orlando, Florida.

Allí terminó el bachillerato, comenzó a estudiar administración de empresas, pero no terminó. Tuvo muchos oficios, en imprentas, empresas de automóviles, en el correo, pero se aburría sobremanera y conseguir empleo se volvió muy difícil cuando comenzó la crisis.Desde hace varios años, había tenido interés en ingresar al Ejército de Estados Unidos, pero siempre existían obstáculos por parte de su familia. Un día estaba en el computador buscando empleo y encontró un mensaje promocional del U.S. Army, donde invitaban a llenar un formulario. Al día siguiente lo citaron para explicarle en qué consistía el proceso. Durante seis meses le realizaron pruebas físicas, médicas, psicológicas y test de inteligencia. Sólo le informó a su familia de la decisión cuando le informaron que debía firmar su contrato que lo uniría por tres años a las fuerzas armadas.

La incorporación la realizó en el centro de reclutamiento de Tampa, Florida. De ahí saldría trasladado a la base Fort Benning, en Georgia, donde se graduaría como soldado profesional. Su entrenamiento duró tres meses, sin descanso, de mucha instrucción militar. La preparación tuvo cinco fases: roja, donde le enseñaron disciplina, respeto y conocimiento de los mandos militares; azul, que tiene un énfasis en conocimiento y manejo de armas; blanca, donde se trabaja en polígonos y puntería; oro, donde se  enseñan técnicas de ataque y defensa, y la negra, que es un resumen de todas.


Carlos en una de las fases de entrenamiento en la base militar de Fort Benning en Georgia.


Después de graduado, ingresó a la división de Infantería. Fue trasladado a la Unidad 25 de Infantería en la Segunda Brigada de Combate del Batallón 114, en la Base de Schofiel Barracks, en la Isla de Oahu- Honolulu, la más poblada de Hawai. Allí le informaron que viajaría en pocos meses a Irak. Lo llevaron al desierto de California a otro entrenamiento para adaptarlo al sitio donde iba a estar el año siguiente.

En la actualidad, su misión principal es escoltar y vigilar a los comandantes de su batallón cuando están en reuniones. Así mismo, en el sector donde está ubicado, el Ejército de los Estados Unidos asiste, entrena y apoya a las fuerzas iraquíes en diferentes misiones. Bermúdez dice que la fuerza pública de allá es muy desordenada, que no tiene mucha idea de operativos ni de inteligencia militar.


Bermúdez con algunos de sus compañeros de infantería.

Una mañana regresaba de hacer una batida en el pueblo de Laylan, al norte del país. Él y sus compañeros iban en cuatro carros blindados cuando sintieron una explosión muy fuerte. Un rebelde les lanzó una granada, que no le hizo daño al carro ni a ninguno de los soldados. Se devolvieron de inmediato, acordonaron el lugar y no pudieron atraparlo. Luego buscaron si había gente que los estuviera grabando, porque de esa manera hubieran podido saber por lo menos quién había enviado el ataque. En Irak las fuerzas rebeldes árabes les pagan a las personas que se atreven a hacer algún atentado contra los militares de Estados Unidos. Para hacer efectivo el cobro, el atacante debe llevar una prueba, que casi siempre es un video.

Bermúdez afirma que el problema en Irak es en realidad en el sur, donde están las ciudades como Bagdad o Tikrit, donde hay combates frecuentes. En el norte, donde él está, el Ejército cuenta mucho con la ayuda de los kurdos, “que son muy amables y nos hacen las cosas muy fácil”, afirma. En seis meses regresará a Estados Unidos, donde deberá estar por dos años más en el Ejército. Él espera con ansias el regreso, pero más que él su mamá y su novia, Paola, con quien se casará si la misión termina con éxito.