La caricatura de esta semana muestra a Gustavo Petro sosteniendo una hoja arrugada que dice "HOJA DE VIDA". Sobre su cabeza aparece el juego de palabras: "¿PhD? Mejor PH" y, entre paréntesis, "Pacto Histórico". El chiste funciona porque es simple, pero no inocente: sugiere que, en ciertos contextos, la credencial política puede terminar pesando más que la formación académica real.
La noticia de la semana
El dibujo dialoga con las denuncias alrededor de la Fundación Universitaria San José. En los últimos días se conocieron señalamientos sobre la obtención de títulos por vías cuestionadas, incluyendo versiones según las cuales al menos 40 personas vinculadas al actual Gobierno habrían acudido a esa institución para conseguir credenciales académicas. Más allá de los nombres, el foco se desplazó rápido hacia un punto de fondo: si la hoja de vida se construye con atajos, el sistema de selección y ascenso en el sector público queda en entredicho.
Lo que sugiere la caricatura
La hoja arrugada en manos del presidente no parece un documento oficial ni un formato serio. Se ve improvisada, casi como un papel de trámite. Esa elección visual apunta a una idea concreta: la hoja de vida no debería ser un accesorio, sino un resumen verificable de capacidades. Por eso el contraste entre PhD (doctorado) y PH (sigla política) funciona como crítica. No está diciendo que todos deban tener doctorado, sino que el estándar mínimo debería ser coherencia, transparencia y verificación.
Preguntas que quedan abiertas
El caso pone presión sobre los mecanismos de control: ¿quién valida títulos y certificaciones cuando se trata de cargos públicos? ¿qué responsabilidad tienen las entidades que nombran, contratan o ascienden? ¿cómo se corrige si se confirma que hubo información falsa o irregular en una postulación? Y, quizá lo más sensible, ¿qué mensaje se envía a quienes sí se forman con rigor cuando el sistema parece premiar conexiones o lealtades?
La caricatura no acusa: señala una tensión. La discusión de esta semana, al final, no es sobre siglas. Es sobre calidad del servicio público, confianza institucional y el valor real de la educación cuando se vuelve moneda política.
