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La euforia dura unas horas.
La historia dura años.
Abelardo ganó una elección. Pero la victoria que definirá su legado apenas comienza.
Los colombianos esperan respuestas en seguridad, empleo, crecimiento económico, educación y oportunidades. Esperan resultados, no discursos.
Las urnas entregan legitimidad.
La gestión entrega credibilidad.
Y ahí es donde empiezan los gobiernos que dejan huella y terminan los que se quedan en las promesas.
A partir de mañana ya no hablará el candidato.
Hablará el presidente.
Y Colombia empezará a medirlo no por lo que prometió, sino por lo que sea capaz de cumplir.
