Cada 13 de marzo coincide una fecha clave para la salud global: el Día Mundial del Sueño y la Semana Mundial del Cerebro. Ambas conmemoraciones ponen sobre la mesa una verdad respaldada por la ciencia: no puede existir un equilibrio real entre mente, cuerpo y emociones sin un descanso reparador.
Diversos estudios de instituciones como Harvard Medical School y el National Institute of Mental Health han demostrado que la falta de sueño altera directamente el funcionamiento cerebral.
Uno de los efectos más relevantes ocurre en la amígdala cerebral, encargada de procesar las emociones. Cuando una persona duerme mal, esta se vuelve hiperactiva, mientras que la corteza prefrontal —responsable del razonamiento y el control de impulsos— disminuye su actividad.
El resultado es claro: mayor reactividad emocional, impulsividad y dificultad para gestionar el estrés. A esto se suma el aumento del cortisol, la hormona del estrés, que impacta negativamente varios sistemas del cuerpo.
Dormir mal afecta la salud mental
La psicóloga Érika Rojas advierte que el déficit de sueño va mucho más allá del cansancio físico.
Dormir menos de seis horas de forma constante incrementa el riesgo de trastornos como ansiedad y depresión, además de dificultar la regulación emocional en la vida diaria.
Durante el sueño profundo, el cerebro activa el llamado sistema glinfático, encargado de eliminar toxinas acumuladas, procesar experiencias y reorganizar la información emocional y cognitiva.
Sin este proceso, el cerebro pierde su capacidad de “resetearse”, afectando la memoria, el estado de ánimo y la toma de decisiones.
Higiene del sueño: claves para cuidar el cerebro
Frente a esta problemática, los expertos recomiendan fortalecer la higiene del sueño, una serie de hábitos esenciales para proteger el sistema nervioso y mejorar la calidad del descanso:
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Rutinas estables: acostarse y levantarse a la misma hora ayuda a regular el reloj biológico.
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Menos pantallas: evitar dispositivos electrónicos antes de dormir favorece la producción de melatonina.
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Ambiente adecuado: un espacio oscuro, silencioso y fresco mejora la calidad del sueño.
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Cuidado con estimulantes: reducir cafeína y alcohol al menos seis horas antes de dormir.
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Rituales nocturnos: actividades como leer, respirar conscientemente o escribir ayudan a relajar la mente.
En el marco del Día Mundial del Sueño, especialistas hacen un llamado a cambiar la percepción del descanso. Dormir bien no es un hábito opcional ni un signo de disciplina: es una necesidad biológica fundamental.
