Colores acuarelados en Salento

Foto: Carlos Mario Rodríguez - @carloswario

Colores acuarelados en Salento

11 de marzo del 2018

Desde Armenia, en un bus de ventanas pequeñitas y luego de un viaje endulzado con empandas de Cambray* conocí Salento.

Si algo me parecía emocionante de viajar al Quindío, era la posibilidad de visitar el lugar protagonista de tantas postales del turismo en Colombia y presenciar en vivo el brillo de los colores que caracterizan la arquitectura y el paisaje cafetero… Pero conocí Salento en un día nublado, de cielo gris y lloviznas ocasionales.

Bajamos del bus en la Plaza de Bolívar y noté que mis fotos definitivamente no iban a ser postales, pero, en esa ambigüedad que existe entre el color y la luz, el telón gris y la atmósfera húmeda que mojaba las fachadas, me llevaron a descubrir un Salento de colores acuarelados, que se difuminaban por las gotas de lluvia intermitente.

Foto: Carlos Mario Rodríguez. @carloswario

El recorrido comenzó en la Plaza, no hacía falta un día soleado para sentir la alegría de la gente, como era puente festivo, el lugar estaba lleno de visitantes y las risas de los niños se mezclaban con la música que se escapaba de las puertas y las ventanas de los negocios del contorno de la Plaza: un escenario de casonas blancas, detalles coloridos y balcones llenos de flores.

Puertas y ventanas de #Salento

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Doblamos la esquina siguiendo una fila de carritos Willys y llegamos a la Calle Real, (la más importante de Salento), un paseo en el que cada portón, balcón y ventana era más colorida que la anterior. Caminamos bajo los aleros de las casonas, también combinados entre colores pasteles, ácidos y primarios, y así, entre ríos de gente, artesanías colgadas de las paredes y una que otra entrada para probar y ver la cantidad de productos a la venta, llegamos hasta las escaleras del Alto de la Cruz.

Foto: Carlos Mario Rodríguez – @carloswario

Como si la gama de verdes de la vegetación que enmarca la subida no fuera suficiente, los 253 escalones estaban también pintados con los colores del loro orejiamarillo*. Una vez llegamos a la cima, y luego de perder el aliento, vino la recompensa para los ojos, una majestuosa vista de la naturaleza exuberante del Valle de Cocora y del pueblo, esta vez difusos por la niebla.

Foto: Carlos Mario Rodríguez – @carloswario

El mirador es un lugar para contemplar el color, para columpiarse, saltar con sensación de infinito, y ver desde allí un municipio que es en sí mismo una paleta de colores. Ni el más gris de los días podría opacar los rosados y azules celeste, los rojos y verdes brillantes, los amarillos y los turquesas que resaltan los detalles de la arquitectura tradicional… ¡Salento es color!.

Paleta de color inspirada en Salento – @carloswario

Partimos cuando la amenaza de lluvia se cumplió. Del regreso recuerdo el aroma del café, el sabor de la trucha, los patacones y el arequipe de maracuyá; me he quedado con el recuerdo de la gente de ojos bonitos y con los dibujos que hicimos en el viaje de regreso.

Definitivamente vale la pena volver y recorrer de nuevo las calles de Salento, no en búsqueda de días más soleados, pero sí, de pasos más lentos.

* Las empanadas de Cambray son empanadas dulces rellenas de bocadillo y elaboradas con una masa similar a las almojábanas. Son características de los departamentos del eje cafetero. Conozca la receta en este enlace. 
** Las escaleras del alto de la cruz están pintadas de amarillo, verde y azul: los colores del loro orejiamarillo, la especie de ave que habita las palmas de cera del Valle de Cocora. 

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