Crecimiento económico, ¿para qué?

Crecimiento económico, ¿para qué?

13 de febrero del 2018

Muchas de las campañas políticas y gobernantes insisten en que el crecimiento económico del país es uno de los temas centrales en sus propuestas o gestión, plantean esta meta como estratégica para el progreso de la nación y sus diferentes sectores, garantizando así grandes inversiones en aspectos estratégicos como la infraestructura, salud, educación, vivienda, etc.

Prometen que el crecimiento económico garantizará que muchos ciudadanos podrán abandonar la pobreza e incrustarse en una prospera clase media. Este discurso está acompañado de decenas de fórmulas que van desde mantener la confianza inversionista hasta la globalización de la producción nacional como pilares del soñado y cacareado crecimiento del que tan pendiente están tanto actores del sector público como privado. Se convierte en una obsesión que año tras año, desvela a muchos pues la expectativa que esta meta crea en los mercados es alta.

Por otro lado, tal y como lo revela el informe de Oxfam International presentado en enero pasado en el Foro Económico de Davos, lugar en el que se reúnen la élite política y económica mundial, el 82% de la riqueza generada durante 2017 se quedó en las manos del 1% de la población mundial.

Entre otras cosas este informe revela que “Tan sólo 8 personas (8 hombres en realidad) poseen ya la misma riqueza que 3.600 millones de personas, la mitad más pobre de la humanidad. La super concentración de riqueza sigue imparable. El crecimiento económico tan solo está beneficiando a los que más tienen. El resto, la gran mayoría de ciudadanos de todo el mundo y especialmente los sectores más pobres, se están quedando al margen de la reactivación de la economía”.

Es por lo anterior que el cuento del crecimiento económico en países como Colombia es un sofisma en el que, a la brava, nos han querido meter nuestros dirigentes públicos y privados, otro espejismo más que tanto medios de comunicación como la sociedad se ha encargado de ponderar y hacerlo ver como esencial cuando en realidad resulta regresivo.

Y no quiero decir que el crecimiento económico no sea importante, pero en la forma que se está dando, no resulta serlo y hasta se vuelve amenazante para la inmensa mayoría de los ciudadanos. En estos países tercermundistas todo el aparato estatal está diseñado para proteger y afianzar las fortunas de los ricos.

Incluso si el costo es hacer a los pobres más pobres, desde el sistema judicial hasta el financiero, están minuciosamente organizados para que a los millonarios no se les presente inconveniente alguno con su voraz acumulación de riqueza.

En Colombia podemos ver el ejemplo con el señor Luis Carlos Sarmiento Angulo, cuyo inmenso poder le da para tener, desde Fiscal General de la Nación de bolsillo, hasta ganarse las más gigantescas licitaciones del país a pesar de su demostrada ineficiencia y dudoso accionar en la ejecución de las más importantes obras de infraestructura del país.

Ricos locales que juegan internacionalmente por escalar en listas de millonarios, nada los para, no tienen un techo, quieren todo el dinero del mundo en su bolsillo.

Es más que deprimente y aterrador este panorama de lo que tiene para ofrecernos el mundo a usted y a mí, a nuestros hijos y nuestros nietos, una economía basada en la democracia fue convertida, al amaño de unos pocos, en una plutocracia sin viseras.

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