De los neonazis y el homosexual

Mié, 28/03/2012 - 14:48
La muerte de Daniel Zamudio, el joven homosexual chileno agredido el pasado 3 de marzo por sus preferencias sexuales, conmueve a Chile y al mundo por los macabros detalles que se han ido conociendo a
La muerte de Daniel Zamudio, el joven homosexual chileno agredido el pasado 3 de marzo por sus preferencias sexuales, conmueve a Chile y al mundo por los macabros detalles que se han ido conociendo a medida que se desarrolla la investigación. En primer lugar, las heridas de Zamudio deberían ser suficientes como para escandalizar a cualquier persona con un mínimo de sensibilidad: esvásticas marcadas en el cuerpo con una botella despicada de pisco, quemaduras de cigarrillo en varias partes, parte de una oreja desaparecida y un traumatismo cráneo encefálico que fue el que finalmente acabo con su vida. Además, los medios chilenos empiezan a detallar el perfil de Raúl López Fuentes, de 25 años de edad, Alejandro Angulo Tapia, de 26 y Patricio Ahumada Garay de 25 (tres de los implicados en el crimen) y se destapa un macabro panorama: esta no es la primera vez que estos jóvenes están implicados en ataques de este tipo y sus antecedentes ya los perfilan como delincuentes incurables. López, el más experimentado del grupo, registra ataques a varios ciudadanos peruanos, riñas y ataques a “punks” y varias detenciones anteriores. Angulo, por su parte, registra también ataques xenófobos contra ciudadanos de nacionalidad peruana mientras que Ahumada ha sido capturado en varias ocasiones por atracos y hurtos simples. Por supuesto, el brutal crimen contra Zamudio se presenta como el más salvaje (los fiscales chilenos en el caso están pidiendo que se sumen cargos de tortura y asesinato a los de asalto), pero los antecedentes dicen mucho sobre lo que estos antisociales pueden lograr. Y aparece un interrogante: ¿pueden personas así resocializarse en los centros de detención chilenos, o el hecho de internarlos en una penitenciaría los convertirá en criminales de alto calibre que cuando salgan nuevamente a las calles solo serán una mayor amenaza que cuando entraron? No hay que olvidar que los centros penitenciarios no son una manera de vengarse de los delincuentes, quitándoles la libertad, sino que son centros de rehabilitación, donde aquellos que han cometido crímenes pagan condenas con la esperanza de algún día reintegrarse a la vida en sociedad. Pero ¿pueden personas como estas, que claramente actuaron sin ningún tipo de respeto o consideración por la vida e integridad de un ser humano, reintegrarse algún día a la sociedad? Este tipo de interrogantes surgen cada vez que un crimen tan macabro sale a la luz pública y la respuesta nunca es clara. En nuestro país hubo gran revuelo cuando se conoció que el asesino y violador de más de 130 niños Luís Alfredo Garavito quedaría en libertad luego de cumplir parte de su condena, cobijado por varios beneficios a los que se habría acogido. Pero, ¿puede un hombre como Garavito volver a las calles sin que exista la amenaza latente de que reincida en sus inhumanos actos? El caso de Daniel Zamudio en Chile debería abrir nuevamente el debate sobre lo que, personas que actúan con desprecio por la integridad humana, deberían pagar y si realmente son capaces de reintegrarse a una sociedad funcional. Por ahora, un sentimiento de profunda tristeza queda en el aire, y no habrá nadie quien pueda consolar a la familia después de saber el sufrimiento por el que tuvo que pasar su hijo antes de morir.
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