Desconocimiento histórico o paranoia anticomunista

2 de diciembre del 2017

Más allá de la aparente ignorancia, es la paranoia anticomunista lo que resalta

Desconocimiento histórico o paranoia anticomunista

La historia no pelea con la razón, son innumerables las referencias históricas que se han hecho alrededor de la masacre de las bananeras, ocurrida un 5 de diciembre de 1928, más allá de la mención de nuestro nobel de literatura Gabriel García Márquez en Cien Años de Soledad, o la de Cepeda Samudio, sin embargo no se necesita ser historiador para saber que un evento como este, nos acompañará en nuestra historia toda la vida como república.

Aun cuando existen diferencias frente al número de muertos, principalmente por los obsoletos mecanismos forenses de la época, amén del poco interés que el gobierno regente de Miguel Abadía por esclarecer este hecho y principalmente por ser dicho gobierno el principal responsable de estas muertes, en defensa del gobierno de EE.UU. y sus exigencias de protección de los derechos de la empresa United Fruit Company, incluso por encima de los trabajadores, siendo esta la principal razón de la protesta laboral.

Todos estos hechos son incuestionables, aun cuando no haya exactitud en el número de muertes, es inaceptable que una integrante del congreso, politóloga y personaje público con gran reconocimiento social y político, como lo es la Representante del Centro Democrático Maria Fernanda Cabal, los presente como si no hubieran ocurrido y fuese solo una creación de la mente “enferma” de un comunista cualquiera.

Es impensable que la neurosis persecutoria de la derecha colombiana, estigmatice bajo el rotulo de un “mito histórico que se trae siempre en la narrativa comunista” un evento reconocido a nivel nacional e internacional, con independencia de si fueron 3, 7 o 3 mil muertos en esta de las primeras luchas obreras del país y en las que se primó los derechos de la empresa extranjera por encima de los propios.

No es la primera vez en la que la congresista tiene un yerro de esta naturaleza; ya anteriormente le habíamos escuchado con otras salidas en falso, como cuando aseguraba que una de las razones por las cuales desestimaba la acción de Naciones Unidas en el proceso de paz, era porque en ella se encontraba la Unión Soviética.

Desconociendo nuestra poco ilustrada congresista que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, se desintegró en 1991 gracias a la perestroika y a la glásnost de Gorvachov, o cuando en el video donde explicaba sus declaraciones recientes sobre las bananeras, aseguró que en el holocausto del palacio de justicia, no existieron desapariciones forzadas, ya que según la congresista, dichos desaparecidos “ya estaban apareciendo”.

Es de considerar que más allá de la aparente ignorancia de nuestra senadora, lo que se resalta en este fenómeno es la paranoia anticomunista, que les lleva a muchos de los integrantes de su partido a ignorar la historia misma, incluso por encima de la razón.

En tanto sus argumentos puedan mostrar la “perversión” de la izquierda y lo “dañino” que puede llegar a ser, según su creencia, la posibilidad de un gobierno de izquierda, socialista o comunista, sin que se pongan de acuerdo ni siquiera en las significativas diferencias que existen entre uno y otro concepto, al parecer es más importante la derrota de todo lo que suene medianamente a izquierda.

En Colombia se ha abonado el árbol de la guerra por siglos, amparado en la lucha contra la diferencia, generando una poderosa polarización entre los unos y los otros, por años nos hemos matado una mitad contra la otra mitad, justificado por la eliminación del oponente asumiéndolo como enemigo.

Es necesario trabajar por la unión y la reconciliación del país, asumir que las diferencias nos unen, sin sacrificar la historia ni la dignidad de las víctimas de todas nuestras guerras, no podemos continuar con la mentira o la desinformación como combate en la arena política.

Cada vez es más aplicable la trillada frase aquella que afirma que “un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”, o en el caso Colombia, quien no conoce su historia se deja confundir con facilidad.

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