Desde Chicago: Si Colombia fuera un salón de clases, Daniel Samper sería el “bully”

23 de mayo del 2017

La triste realidad es que en Colombia todos somos muy duros con las críticas, y Daniel no es la excepción.

Desde Chicago: Si Colombia fuera un salón de clases, Daniel Samper sería el “bully”

Foto: Salua Kamerow

Foto: Chicago de noche por Salua Kamerow

Foto: Chicago de noche por Salua Kamerow

Bully que se respete tiene la capacidad de ser popular. De entrada, cae muy bien, es coherente a la hora de justificar su deficiente comportamiento y muy especialmente cree que el otro “se lo buscó”. Hace todo lo que tiene que hacer y dice cuanto puede decir para lucir como mártir si llegara a quedar en evidencia. Me quedé pensando en esto luego de leer la última columna de Daniel Samper: “el Uribismo mata sin matar.”

El día de la Madre lo celebré en Chicago, abrí el New York Times temprano en la mañana y encontré de todo sobre la celebración a las mamás: crónicas, noticias y artículos de opinión. Algunos sugerían cambios en el salario de las mujeres, otros proponían discusión sobre la depresión post-parto y uno que otro describía la relación madre-hijos, dónde comprar los regalos del día de la madre y qué comprar. Sin escatimar, cada uno fue escrito para enriquecer y resaltar la batalla diaria de las mujeres y madres; para exponer la desigualdad que nos apremia y la misoginia cotidiana por la que luchamos erradicar constantemente.

Como lo es mi rutina, ojeé Semana, El Espectador y El Tiempo para enterarme de qué estaba pasando en Colombia. Semana se “lució” como siempre con un artículo de Daniel Samper Ospina, a quien no se le desconoce su experiencia como periodista y humorista. A muchos nos ha hecho carcajear y ahora con su meta de ser Youtuber reconocido, tiene que hacer un esfuerzo mayor para conseguir seguidores.

Llegué a la parte donde decía A Jorge y a mí sí nos pareció raro que la doctora le pusiera Amapola a la hija, con todo lo que ha sucedido con el cartel terrorista FAR. Pero bueno, de grande será heroína, como la mamá” y no podía creer que Semana hubiera publicado un artículo así en el día de la madre.  Me imaginaba lo desastroso que pudo haber sido para Paloma y su familia levantarse a festejar su primera maternidad con un artículo donde ella y su hija de 5 meses eran el foco de la burla.  El artículo estaba cargado del humor grotesco y las sátiras que caracterizan a Daniel Samper en todos sus escritos y videos.

Por un momento pensé en la libertad de prensa y, confieso, aun lo sigo pensando. Porque el problema de sancionar la prensa es que terminamos sancionando nuestra libertad de pensamiento y de expresión, lo que no me parece apropiado dadas las condiciones en las que está nuestro país; nuestra constitución no aguanta más atropellos. Pero, ¿dónde queda el respeto a los menores y a la mujer? ¿Ese mismo respeto del que pregonamos constantemente con hashtags que se vuelven tendencia en las redes y que al mismo tiempo es desechable? ¿Dónde está esa frontera invisible entre el acecho periodístico y la libertad de expresión y prensa? Me late que el artículo fue publicado adrede el día de las madres porque, ¿cómo más explicamos seguir hablando de lo mismo una semana después?

Una de las frases más populares de Voltaire fue “estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.” Definitivamente eran otros tiempos, la sociedad de la época no se sentía con el derecho a oprimir, burlarse y matonear a las mujeres públicamente en aras de ejercer su derecho a la libre expresión o prensa, y se les reconoce que no había esa consciencia que tenemos hoy sobre el matoneo contra la mujer.  Esa misma consciencia que nos da la carga de ser más cuidadosos hoy con lo que se dice, cuando se dice y dónde se dice. Yo sigo intentando aprender la lección. 

Foto: Centro de Chicago por Salua Kamerow

Foto: Centro de Chicago por Salua Kamerow

Eran ya las diez de la mañana y me fui a caminar Chicago. Tenía una reservación a las siete de la noche en un restaurante de comida italiana y esperaba ansiosa. Caminé por el Lincoln Park y el Grant Park, la vista del Centro de Chicago desde ambos parques es hermosísima. La temperatura llegaba a los 20 grados centígrados más o menos, y el desplacer de la brisa helada me fastidió. Corrí a resguardarme y por mucho que quise caminar por el malecón del río Michigan, la brisa fue soberana.

Llegué puntual a Sapori Trattoria, un restaurante italiano cuyo chef es Anthony Barbanete, americano e hijo de italianos, traté de conocerlo y conversar sobre su restaurante, pero ya se había ido. Me recibieron con una rosa para conmemorar de la manera más cliché el único día de los 365 días del año en el que todos recuerdan nuestro trabajo como mamás, al punto que parecieran los otros 364 días pasar desapercibidos. Sugerí un par de entradas para mi mesa y cada uno ordenó su plato fuerte. La exquisitez de cada receta me recordó que la verdadera comida italiana se prepara con ingredientes auténticos y desde cero: albahaca fresca, quesos caseros y masa de pasta hecha artesanalmente. El hito de la noche fue el Osso Buco, una carne cocinada por varias horas y guisada en una deleitable salsa napolitana.

Foto: Osso Buco en Sapori Trattoria por Salua Kamerow

Foto: Osso Buco en Sapori Trattoria por Salua Kamerow

Madrugué al siguiente día. Tenía programado pasar al menos ocho horas en uno de los tantos llamativos turísticos de Chicago: El Field Museum. Una masiva estructura de 120.000 metros cuadrados con 27 millones de artículos para mostrar en diferentes campos como la ciencia, el arte y la historia del mundo. Sin embargo, no todos los artículos son mostrados en el mismo momento debido a la falta de espacio.

Foto: Cloud Gate por Salua Kamerow

Foto: Cloud Gate por Salua Kamerow

Mi último día en Chicago lo pasé en bicicleta pues el clima se había tornado clemente. Manejé por todo el camellón del río Michigan, desde el Planetario hasta la marina cerca del Maggie Daley Park, un lugar espectacular para que los niños entre 1 y 12 años se distraigan al aire libre patinando, escalando muros, jugando mini golf, o haciendo picnics. No me faltó el Skydeck en la torre Willis; una cubierta en vidrio saliente en el piso 103 de un edificio construido para los fanáticos de las alturas. La vista desde ahí es tenebrosa, pero el secreto está en no mirar hacia abajo. Y, obvio, no me faltó la “selfie” en el Cloud Gate.

Foto: Field Museum por Salua Kamerow

Foto: Field Museum por Salua Kamerow

Cené en Tanta; uno de los treinta y pico restaurantes con la firma de Gastón Acurio, el chef peruano graduado de la famosa escuela gastronómica Cordon Bleu de Paris. La decoración del restaurante, el diseño de un par de paredes, las recetas en el pizarrón del bar y los múltiples colores impregnaron la huella peruana en una de las ciudades más grandes del Estado de Illinois. Dato curioso si aún no lo sabe es que la capital de Illinois no es Chicago, es Springfield.

El menú es genuinamente peruano; me quedé con las ganas de saber de dónde traen el pescado y por qué el ají de gallina, plato peruano popular, no hace parte del menú. El aroma del cilantro y el sabor del ají rocoto fueron el toque no tan secreto pero determinante en la preparación de estas recetas. Mi ceviche favorito el Nikei, con un poco de remolacha y un sumo agridulce.

Foto: Ceviche Tasting en Tanta por Salua Kamerow

Foto: Ceviche Tasting en Tanta por Salua Kamerow

Volví a mi casa a repetir la rutina dominguera, ya no celebrando el día de las madres, pero sí, tratando de entender por qué es que Daniel Samper cree que puede en cada publicación matonear a todas y todos y cuando se ve en el ojo del desprecio social por su particular forma de hacer “periodismo,” se pone a lloriquear en las redes sociales que lo han “matado sin matarlo.” Muchos han sido cadáveres del periodismo despiadado de Daniel Samper, ni siquiera una niña de 5 meses se salvó del matoneo.

La triste realidad es que en Colombia todos somos muy duros con las críticas, y Daniel no es la excepción. Acribillamos al que sea con comentarios y acabamos con la honorabilidad del que no piensa como nosotros. Todos los temas se vuelven personales, la vida privada del que está siendo señalada sale a flote y ya no se respetan ni a las parejas, hijos o padres. La vida es un boomerang, hoy contra ellos y mañana contra nosotros, especialmente cuando el periodismo se vuelve un ejercicio para librar angustias personales y no para informar imparcialmente sobre los hechos. Lo cierto es que, si Colombia fuera un salón de clases, Daniel Samper sería el “bully.”

Así me despido hoy desde Chicago, mañana desde algún otro lugar.

@donajodona

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