El Cantinflas de Millonarios

9 de junio del 2011

Lamento confesarle a todas las almas azules que vagan en pena hoy por Bogotá, que Millonarios no quedó eliminado en el minuto 79 del partido de ayer cuando Cichero y el resto de la defensa embajadora decidió, en medio de una semifinal, echarse una siestecita y permitir a tres jugadores de La Equidad fabricar la jugada que terminó en un gol de colegio marcado por un caucano de nombre Wilberto. El equipo de la capital quedó eliminado desde el mismo fatídico momento en el que el venezolano, llegado hace poco a nuestras tierras, afirmó que “Millonarios (era) el Barcelona de Colombia”.

Para empezar, debo reconocer que Millonarios ya me caía mal desde antes que uno de sus jugadores osara compararse con el mejor equipo del mundo. Primero, porque en un país como el nuestro, con tantas desigualdades y una riqueza tan mal distribuida, tener ese nombre parece una mala broma y es tan socialmente paradójico como si el campeón de la liga de fútbol somalí se llamara ‘Big Mac FC’, o ‘Real Rodizio’. Segundo, porque hoy ‘Millos’ no es más que historia, y sus hinchas no reconocen que cambiarían los trece títulos anteriores por una estrella hoy. La historia solo hace felices a los curadores de los museos. De las glorias pasadas solo viven las glorias pasadas, y aquellos que no encuentran felicidad en el presente. Y hoy tiene más presente el Chicó, que fue campeón en 2008 o Equidad, que ganó la deslucida Copa Colombia y está a punto de colgar la primera estrella a su escudo.

‘Millos’ me cae mal porque hizo de su archienemigo a Nacional, equipo al que culpan de quitarles la Copa Libertadores de 1989 con ayuda de los narcotraficantes. Menos mal ‘El Mexicano’ era tan solo un sufrido empresario de Pacho que no le metió mano a cuanto partido de fútbol pudo. Siempre es más fácil ver la paja en el ojo ajeno.

Sus hinchas son malos perdedores y sufren delirio de persecución. ‘Millos’ siempre es derrotado, a su juicio, porque el árbitro pitó en su contra, porque fuerzas oscuras quieren evitar el tan esperado resurgir del ballet azul, o porque Estados Unidos lo puso como condición para firmar el TLC con Colombia. Deberían empezar a reconocer que, por ejemplo, poder cobrar un penalty pitado a su favor a causa de una “imprudencia”, es un beneficio que pocos equipos han tenido en este país. El fútbol es un juego, y los árbitros casi siempre se equivocan, pero no siempre en contra de nuestro equipo.

Me cae mal Millonarios porque Samuelito es su hincha declarado, y porque la solución a los problemas de la capital no es Clara. Porque su escudo se identifica ineludiblemente con una de las más funestas apariciones  del fútbol colombiano reciente, el Cheque García, y porque en sus filas militaron jugadorcillos como John Mario Ramírez, que siempre quiso ser el centro de todas las miradas, cuando nunca fue más que un mediocampista promedio en este pobre torneo colombiano.

Pero señores, he decidido que el equipo que cayó eliminado ayer en Techo me cae mal, pero muy mal, sobre todo, por permitir a Cichero ser titular luego de semejantes declaraciones ‘cantinflezcas’ en las que osaba, quien sabe bajo el efecto de qué droga alucinógena, compararse con el Barcelona, comentrario sobre el que, de verdad, creo que no vale la pena emitir ni un solo juicio de valor, porque caería en la torpe defensa de lo evidente.

Pero en beneficio de los de sangre azul y antes que nada, debo decir que deben estar orgullosos de casi todos sus jugadores, sobre todo de aquellos que con sus declaraciones no los convierten en víctimas perfectas de las burlas de sus compañeros de trabajo. Su equipo llegó mucho más lejos de lo que se esperaba, no solo por sus falencias técnicas, especialmente en defensa, donde coincidencialmente manda Cichero, sino por el pasado financieramente turbulento de una empresa que fue desordenada y corrupta. Deben mejorar muchas cosas si quieren ser campeones, pero principalmente, deben entender que, como supongo decía mi abuela, la lengua es el peor azote de aquello que Shakira le menea todas las noches a Piqué, y no a Cichero, que creo que no clasifica ni a Marbelle.

Aunque ahora que lo pienso, creo que el central venezolano se refería, al hacer su ya célebre símil, al Barcelona de Guayaquil, que marcha noveno en un torneo con doce equipos, y que este año solo ha ganado la cuarta parte de los partidos que ha disputado. Si eso es así, pido excusas públicas y de manera anticipada a todos los hinchas colombianos, venezolanos, ecuatorianos y catalanes, que se hayan podido molestar por mis comentarios desobligantes, y desde cualquier punto de vista exagerados.

En Twitter: @Santiagomezm

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