¿El nuevo amanecer de Bogotá?

Dom, 08/04/2012 - 05:07
Se van a cumplir 100 días de mandato del alcalde Petro. Y, muy a mi gusto, un debate acerca de cómo se debe llevar a cabo el desarrollo urbano fue abierto en varios me

Se van a cumplir 100 días de mandato del alcalde Petro. Y, muy a mi gusto, un debate acerca de cómo se debe llevar a cabo el desarrollo urbano fue abierto en varios medios de comunicación. Con mediocridades sin fin y excepciones muy destacables, un gran número de analistas se alinearon en ambos extremos, el de las “decisiones técnicas” y el de los esfuerzos políticos. Aparentemente, el primero estaba guiado por Peñalosa, quien se engolosina aún con la fatal idea de tener en su cabeza la verdad sobre el desarrollo urbano ‘correcto’. El segundo fue liderado por Petro y su política del amor… de izquierda. Ahora bien, mientras los ciudadanos se desgarran sus vestiduras hallando su lugar en ese nicho al lado de los cerros, queda en el ambiente la sensación de que varias preguntas están siendo machacadas pero aún carecen de forma: ¿nos debemos alinear más hacia una visión demócrata –política- del urbanismo o más hacia una visión desarrollista –técnica-? En otras palabras, ¿damos más privilegio a la eficiencia administrativa o a la legitimidad legislativa? ¿Son irreconciliables ambas posiciones? La academia en Colombia parece dormida ante estas cuestiones, y mira desde la tribuna del coliseo como romano a los cristianos.

El discurso y la campaña de Petro pusieron en el debate público esa cosa amorfa llamada la “política del amor”. Y ahí se va a quedar, como una especie de monstruo, en la medida en que los ciudadanos aún la veamos con desidia. Ya es mucho decir de nuestra cultura cuando la simple expresión ‘amor’ es un asunto sobre el que se debe blasfemar, mientras se ridiculiza y desecha.[1] Sin embargo, no es una idea estúpida. Petro la asocia con otra idea, mucho más debatible, pero todavía aceptable, de rescatar las ‘capacidades humanas’. Sin afirmar que el dueño de ‘Bacatá’ sea un ducho en estos temas, el concepto de ‘capacidades humanas’ se acopla a un debate ético actual sobre el Capabilities Approach en Welfare theory, en el que han trabajado pensadores de la talla de Martha Nussbaum y Amartya Sen. Este no es el lugar para ahondar en ese debate, pero basta con decir que esta visión ética le da valor a una serie de capacidades enteramente humanas, arraigadas a la cultura y contextos sociales para vivir decentemente entre pares. No es un análisis ético cuantitativo, sino cualitativo:

http://en.wikipedia.org/wiki/Capability_approach

No es coincidencia que Petro hablara en su discurso de posesión de la “capacidad para vivir en la ciudad”, la “capacidad para pensar”, la “capacidad de moverse”, la “capacidad para acceder al conocimiento y la información” o la “capacidad de decisión”. Hasta ese punto, la ‘política del amor’ tiene sentido si se refiere a la recuperación de nuestra capacidad de ser ciudadanos en una ciudad que enloqueció llena de furia tras ocho años de poca ejecución del brazo de izquierda bogotano. Ese potencial político entonces no debe ser desechado. Cuando un analista como Héctor Riveros, Peñalosista a morir, se dedica a inflar las burbujas especulativas sobre el gobierno de la ciudad, sólo busca hurgar esa masa retórica para ver si encuentra algo de “decisiones técnicas”, preconcebidas por esa suerte de mesías del urbanismo, y olvida que se gobierna entre seres humanos.

http://www.lasillavacia.com/historia/el-discurso-de-petro-decenas-de-lugares-comunes-tres-consignas-dos-sorpresas-y-una-ilegalid

Pero Petro también es de izquierda, también dice luchar en contra de la exclusión social, de la desigualdad social y la pobreza. Políticamente tiene sentido y le da legitimidad a su mandato, en una ciudad donde los privilegiados miran hacia el occidente como un sitio polvoriento, caluroso, de balas rasantes y ladrillo sin pañete por doquier; sin futuro y asqueroso. Pero la izquierda también ha sabido ser supremamente ineficiente: defiende intereses que se esconden tras muchas de las marchas estudiantiles[2] violentas, de los paros de transportadores, del gremio taxista; así rezagan en siglos de decadencia a varios millones de personas, mientras refuerzan su caudal político. Los Nule eran parte de todo eso. Es válido abrir el debate sobre el porte de armas y las corridas de toros. Es un movimiento político que envía un mensaje claro a la ciudadanía: las costumbres alrededor de la muerte deben ser rechazadas. Pero analistas como León Valencia creen que la eficiencia administrativa va a ganarse con acciones del tipo “se lanzó a renegociar”, “buscar nuevas alternativas para”, “señaló que haría”, “cuestionó”, “se comprometió a”, “entró en el debate sobre”.

http://www.semana.com/opinion/respiro-para-petro/173909-3.aspx

Eso es basura. El discurso de posesión habló de algo específico: reordenar la ciudad alrededor del agua, el aire y los seres humanos. En sus mismas palabras, eso significa garantizar el consumo mínimo vital, liberación de espacios de agua, redensificación con viviendas de interés prioritario y social, descontaminación, transporte sostenible y ambientalmente responsable, seguridad civil preventiva, atención integral a la niñez, reestructuración de la Universidad Distrital, uso de la ALO como nuevo corredor verde y más persecución de recursos. Todo eso bajo el manto de la inclusión social.

http://www.bogota.gov.co/portel/libreria/php/x_frame_detalle.php?id=48199

El problema de movilidad parece ser lo que llegó primero. Y los ciudadanos sí tienen derecho a preguntar “¿cuándo va a ponerse a gobernar?”. Hay un SITP por poner en marcha, una situación relativa al metro, la terminación de las fases de Transmilenio, el incremento de medios de transporte sostenible y el mejoramiento del tráfico. Petro dejó ya un plan de desarrollo a discutir, que no ahonda más en lo que mencioné arriba. A la hora de hablar de temas precisos, sobre la línea de metro prometida en campaña, la viabilidad y practicidad del tram, la renegociación de términos de los contratos del SITP –y toda la logística para llevarlo a cabo-, y el montaje de la fase IV y finalización de la fase III de Transmilenio, el alcalde al menos no es claro. Abrió unos cabildos para pagar la cuota de participación ciudadana, pero son desordenados y desinformados. ¿De qué van a hablar si no hay políticas claras en el ámbito público? La estrategia no es ver en qué concuerda la gente para diseñar políticas públicas sobre ese acuerdo, sino presentar algo claro y medir el debate.

http://www.lasillavacia.com/historia/los-usuarios-de-transmilenio-el-florero-de-llorente-de-la-izquierda-32014

Ahí radicó el crecimiento exponencial de ese remedo de representación ciudadana llamada “Usuarios de Transmilenio”, y de ahí a la piedra contra el bus hay muy poco. Esta gente no tiene ni idea por qué está peleando. Pero peor aún, están apoyados por todo un gremio de empresarios que hace mucho quiere recuperar el control de la movilidad en Bogotá (pues el gobierno lo fueron recuperando tras la salida de Peñalosa al finalizar el 2000). Lo grave del asunto es que la izquierda quiere adueñarse de esas voces del “pueblo”, y los guiñapos del Polo están peleando desde diferentes frentes para lograrlo. La Silla Vacía, tiene un buen análisis sobre esto.

http://www.lasillavacia.com/historia/petro-y-robledo-la-pelea-es-peleando-32068

¿Qué queda de la inclusión social y la reducción de desigualdades?” La eficiencia administrativa aún está por verse, y es una cuestión de meses y años. Pero, ¿queda algo de los matices políticos que le quiere dar el nuevo alcalde al debate público bogotano? No dudo que la asesoría extranjera solicitada hace meses está más que bienvenida, pero ¿cuáles son las conclusiones? Eso es lo que pide Gina Parody, cuando ennumera alocadamente una serie de medidas, y es ahí donde es más tecnócrata de lo que quiere parecer. Tiene razón en el fondo. Y mientras el mar de incomprensiones no se vaya calmando, la izquierda todavía va a seguir apareciendo como políticamente oportunista e inepta hasta la saciedad. No hemos llegado a los 100 días: aún queda tiempo para formular el mandato, pero tampoco es mucho.

Cristian Calderon

Twitter: @cristofecalva

cristofecalva@gmail.com

sinverguenzapublica.blogspot.com


[1] De igual manera, Mockus era sólo un monigote cuando hablaba de ‘Bogotá coqueta’.

[2] Sin satanizarlas, pues en ellas he estado y sé de gente valiosa que les dedica su potencial.

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