Los ladrones de las 45 obras del maestro Omar Rayo (1928-2010) aprendieron bien la lección: no les pasó lo mismo que a su dios, quien se atrevió a robarle a Zeus su bien más preciado. Hermes, el famoso dios de los ladrones y el comercio, logró arrebatarle la espada a Ares, el ceñidor a Afrodita, el tridente a Artemisa e incluso el cetro a Zeus, pero cuando intentó robarle su rayo le temió a la violencia de las llamas. Lastimosamente quienes se llevaron estas obras de 60 seleccionadas, que iban a ser trasladadas al Museo Rayo en Roldanillo (Valle del cauca), no se quemaron con el fuego y tuvieron tiempo aparente y suficiente —desde el 15 de enero hasta el fin de semana del 9 de abril— para sacar una a una las piezas de acrílico sobre lienzo de gran formato del taller ubicado en el centro de Bogotá. Este asalto, que no dejó ninguna chapa forzada, ni un túnel ni un vidrio roto, me recuerda una historia sobre el maestro una semana antes de su muerte.
Una viajera, que en la última semana de mayo de 2010 fue al pueblo para compartir un proyecto educativo con los niños de un colegio, se hospedó en La Posada, un hotel que queda por la calle 8 justo al frente del Museo Rayo. Esa tarde estaba haciendo un calor impresionante, ella llegó de una jornada intensa de enseñanza a meter los pies en agua y pensando en estrellarse contra la almohada hasta el otro día; sin embargo, miró al otro lado de la acera y se encontró con un edificio amarillo que le hacía homenaje a la geometría y al relieve. Caminó hasta allá y se dio cuenta que estaba cerrado.
Exposición "Tizón, fósil del fuego- Pinturas conmemorando el XXIX aniversario de la Fundación del Museo Rayo"
La iglesia de Roldanillo tiene una de las obras del maestro Rayo en una de sus paredes.
