Se rumoraba que Venezuela nos iba a invadir. Sin embargo, no sabía por qué si Chávez seguía siendo el “nuevo mejor amigo” de Santos. El caso es que una noche, no propiamente de música de alas sino de esas en las que uno está reunido con los amigos, unos misteriosos bombardeos –bastante cerca, por cierto– nos dejaron mudos. La verdad, en ese momento lo primero que pensé era que la guerrilla se había tomado la cuidad (cosa improbable –entre comillas– porque dudo que puedan tomarse ASÍ alguna “gran cuidad”). Inmediatamente daban la noticia: sí señores, Venezuela nos había invadido.
“Estados Unidos, ¿por qué nos has abandonado?”
Me acuerdo que eso fue lo único que dije en todo el sueño (or should I say pesadilla?). También me acuerdo que no es que me importara mucho en realidad lo que estaba pasando, porque en caso de una guerra uno siempre está convencido de que los obuses jamás caerán en los techos de alguna casa conocida y que las trincheras no estarán en el parque del barrio. En cambio, una de los del grupo –de amigos– sí estaba bastante preocupada, y hasta verdad sería porque era una de los pocos revolucionarios pacíficos de su universidad. Decía que lo que más le dolía eran los niños, porque al fin y al cabo ella –como muchos, me imagino– ya tenía su conciencia y su ideología.
Yo no entendía nada de lo que decía mi amiga ni me imaginaba eso qué tenía que ver, pero le creía. ¿Sería que los obuses tendrían incorporado (cual chip en aquellas botas) un identificador de conciencias y les caería en la cabeza a los niños? ¿A Chávez tampoco le gustan los niños o qué? ¿Porque aún son propiedad privada de sus papás? No sé, ningún informante me dio el dato.
Ahí tengo un blanco. Ya saben, la mente suele bloquear recuerdos a manera de protección. La siguiente escena era en mi cuarto (el anterior. Los que conocen mi casa: el que se comunica con el de mis papás. El que dejé de usar cuando ya no era chiquita, sí, cuando tenía como 19). Había dos camas, mi mamá estaba acostada en una y yo en la otra… y, ¡trin!, entró Chávez. ¡¡¡Entró Chávez!!! Chávez en mi cuarto, Chávez después de haber invadido Colombia. Los mayas no tenían razón, ¡ese era el fin del mundo! Me preguntó algo sobre una compra, unos imperialistas y un porcentaje, creo. Pero, uno: no sabía de qué me hablaba; dos: ¡qué le iba a andar contestando! Según unos dibujos, mi psicólogo me dijo que tengo problemas con la autoridad, es decir, que no recibo órdenes; y tres: soy de las que le compra "a Colombia" y no se da cuenta de que dice "made in wherever". Como no le contesté, le preguntó a mi mamá. Creo que ahí era el fin del mundo. Sonó el despertador: 5:30 a.m., hora de ir a trabajar.
Desde la última vez que dije que jamás me había confundido tanto, jamás me había confundido tanto. Y desde que soñé que corría entre campos de trigo cogida de la mano con Andrés Pastrana, no había vuelto a soñar cosas tan políticas.
Me iré a dormir… a ver si me encuentro con López Michelsen.
