Este país parece un cuento, y encima de todo mal escrito

5 de julio del 2012

La verdad es que jamás iba a volver a escribir. Pero un tweet que decía que “los ciudadanos con sus escritos, audiencias, y desde sus celulares y computadores salvaron la Constitución que conquistaron”, publicado la semana pasada –semana que será recordada (no por mucho tiempo, me imagino) porque el Presi devolvió al Congreso la famosa […]

La verdad es que jamás iba a volver a escribir. Pero un tweet que decía que “los ciudadanos con sus escritos, audiencias, y desde sus celulares y computadores salvaron la Constitución que conquistaron”, publicado la semana pasada –semana que será recordada (no por mucho tiempo, me imagino) porque el Presi devolvió al Congreso la famosa [de]forma a la justicia–, me motivó a escribir por qué me siento orgullosa de ser colombiana.

Solo en un país como Colombia se podrían inventar un juego que se llame “Perfume al bollo”; solo en un país como Colombia al vicepresidente se le escapa el calificativo “zarrapastrosos” para referirse a los que no viajan en primera clase, y el registrador asevera que “la corrupción es un mal inevitable”; solo en un país como Colombia los ciudadanos tumban mencionada reforma por Twitter, se juran los más participativos y democráticos, pero en las elecciones del Valle hay más de un 80 % de abstención, que para mí no es sinónimo de “histórico” ni de “inconformismo, sino de pereza y desinterés. Ojo, solo en un país como Colombia. Pero no está mal; al contrario… porque este país parece un cuento, y encima de todo mal escrito. Por eso, Colombia es como McDonald’s: me encanta.

En este cuento, peripecias como las mencionadas suceden a diario y por montón. Por ejemplo, despenalizan la dosis mínima (22 gramos de marihuana [once bareticos] y 2 gramos de coca [que eso sí no sé cuánto sea porque estoy acostumbrada a las grandes bandejas de plata]), pero se da la orden de cazar el microtráfico. ¿Entonces qué, magistrados? ¿De dónde me saco los baretos y el perico? ¿Monto un cultivo en la huerta de la casa y una cocina, o qué? ¿Pa’ que después me digan “la patrona del mal”? ¡Y quién es el pendejo que se le ocurre pensar que dicha despenalización puede ser la puerta de la legalización!

Por otro lado, al exsenador y siempre bandido Juan Carlos Martínez lo sueltan para dictarle otra orden de captura a la mañana siguiente. Mientras tanto, el Negro (señores de Chao Racismo, por favor no me vayan a demandar, digo Negro porque así es su apodo, ¡y no se lo puse yo! [por cierto, si tengo unos zapatos negros, ¿cómo debo decir que son de ese color?]) se pierde, no lo encuentran, y finalmente resulta que se fragua ‘culo’e’ fraude electoral: montar una registraduría paralela a la original para poner gobernador en el Valle.

Acto seguido hablemos de la captura de una banda de asaltantes que opera en un sector de Bogotá. Tras unos videos como pruebas contundentes, todos los integrantes de tal agrupación rechazan los cargos y se declaran víctimas. ¡¿Ah?! Y, para seguir –y a propósito de víctimas y videos–, la moda verano 2012 (y de aquí en adelante) son cámaras por todos lados, en los semáforos, en los postes de energía, en los techos, en los árboles; incluso, pronto habrá helicópteros sobrevolando las ciudades (en aras de la seguridad, claramente). El cuento tendrá una segunda parte: bienvenidos a una nueva versión de Gran Hermano. Por cierto, a huevo en mi trabajo ese bombillo es más que un bombillo.

Por consiguiente, me permito decir que por eso hay que leer, para saber al menos dónde están las cámaras. Sí, leer. Y lo digo yo que iba a participar en el Premio periodismo Semana Petrobras “El país contado desde las regiones”, y ya teniendo listos los textos, la inscripción, el sobre, la plata del envío, me dio por leer las normas del concurso y me di cuenta de que no calificaba. ¿Ya ven qué pasa si uno no lee? Se corre el riesgo de convertirse en presidente de la Cámara de Representantes.

En este país muy poco tiene respuesta: no es sino pensar en que la vida vale menos que un celular; que mis papás me siguen dando la plata del día aunque yo ya esté trabajando; que no es raro que todos los desgraciados mencionados en estas líneas entren al plató de Laura (en América) y que como no demoran en controlar hasta los pensamientos… ¡que pase Twitter!

Pese a ser colombiana, tristemente conmigo no pasa nada. Por ende, me le sumo a Maruja: “Ay, Tola, estamos ‘áut’: ni nos invitan al matri de Fritanga mi estamos en el diario de Chupeta… Solo falta que no nos mencione Santoyo”.

No obstante, ¿qué hubiera sido de nosotros si el barco de Pocahontas hubiera llegado acá? ¡Así me encanta!

La Pava Navia
@MaclaNavia

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