Fútbol desteñido: los errores de la Dimayor

Fútbol desteñido: los errores de la Dimayor

27 de Agosto del 2017

@JulianCaperaB

Castigan el folklore y no la violencia, pretenden cobrar un show que no tienen.

A la actual dirigencia de la Dimayor le aplaudo algunas cosas; el esfuerzo serio para darle vida al fútbol femenino profesional en Colombia, la voluntad de su presidente, Jorge Fernando Perdomo, para siempre ponerle el pecho a la brisa y el castigo a quienes simulan e intentan engañar a los árbitros.

Sin embargo, algunas veces, da la sensación de que no tienen una dimensión real de nuestro fútbol. Parece que no conocieran sus implicaciones culturales y menos su valor como producto comercial.

Esta semana la Dimayor en su boletín de sanciones comunicó un castigo a la hinchada de Atlético Nacional por los fantasmas que sus hinchas exhibieron en el clásico ante América de Cali. El documento habla de ‘conductas inadecuadas de sus espectadores, consistente en el uso de pancartas y banderas de tipo ofensivo’.

Se está pretendiendo que el hincha deje de serlo, qué renuncie a una parte esencial de este juego, que es burlarse del rival. Las bromas entre seguidores de distintos clubes son algo inherente a la idiosincrasia del fútbol. Están presentes en la oficina, en el colegio, en el barrio y hasta en las asambleas de la Dimayor, entre los mismos dirigentes. El fútbol es popular, y la chanza corre por las venas del pueblo.

Es increíble que se tomen medidas por un muñeco que a nadie le hace daño, y no por los disturbios dentro del estadio ese mismo día. La violencia hay que atacarla de frente y con severidad. Pero no se puede convertir eso en una excusa para quitarle color al fútbol donde más lo tiene: en la tribuna.

El problema no es el fantasma. El problema es no asumir la broma como tal y reaccionar violentamente a eso. Y con una medida como la de esta semana se valida esa forma de actuar. Se le está diciendo al violento que tiene razón en reaccionar a una broma. Se difuminan las culpas y se confunde al verdadero responsable.

Ese mismo día, el presidente de la Dimayor, Jorge Perdomo, anunció que se trabaja en la posibilidad de un canal Premium (con costo adicional) para emitir los partidos de más rating del fútbol colombiano. Otra propuesta que, de entrada, tiene serios inconvenientes.

Parece que se creyeron el cuento de que somos la segunda mejor liga del mundo, pero se olvidaron de las cifras de desempleo, del ridículo salario mínimo y de las dificultades de la mayoría de las familias colombianas para sumar un gasto más a su cuentas.

Mientras el canal WIN estuvo únicamente en DIRECTV, era reducido el número de colombianos que tenía acceso al fútbol local en sus casas. La gente no se cambió de operador de cable, a pesar de que eso implicaba no ver a su equipo. Seguramente lo harán menos ahora que la oferta es por un solo canal y no por todo el paquete que ofrece la programación de un operador diferente.

Las horas siguientes a ese anuncio estuvieron marcadas por los apagones en el estadio de Tunja en el partido Patriotas-Nacional y por un Cali-América por el que más bien habría que pagarle a la gente para ver. Es cierto, el fútbol colombiano ha crecido en muchas cosas y ha ganado calidad como producto comercial, pero no es la Premier League, y los colombianos no tienen en poder adquisitivo de un país de primer mundo.

El fútbol actual es cada vez más distante del deporte del que nos enamoramos en una cancha de arena, en una tribuna donde los coros y las banderas rimaban con lo que pasaba en la cancha. La fiesta de todos, se convierte en un tema de pocos.

 

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