La educación en el post-conflicto.

2 de febrero del 2015

Aún en Colombia el aire sigue siendo el mismo. Todavía no alcanzamos a percibir un grado de cambio, porque aunque la guerrilla haya decidido declarar el cese unilateral de acciones ofensivas contra las fuerzas armadas, en las calles de las ciudades siguen robando inocentes, baleando personas, masacrando animales, y descuartizando seres humanos. Pero no vamos […]

Aún en Colombia el aire sigue siendo el mismo. Todavía no alcanzamos a percibir un grado de cambio, porque aunque la guerrilla haya decidido declarar el cese unilateral de acciones ofensivas contra las fuerzas armadas, en las calles de las ciudades siguen robando inocentes, baleando personas, masacrando animales, y descuartizando seres humanos. Pero no vamos a dejar que las acciones de unos cuantos indolentes y macabros se hagan mayoría y desaparezcan las buenas intenciones de los que en verdad queremos y actuamos con paz. Es tiempo de pensar en el daño que el conflicto armado de siglos, le ha causado a la educación en Colombia.

En la guerra de los mil días las convicciones eran tan agudas, que se mataban a machetes en las plazas liberales y conservadores. Hoy se siguen apagando las vidas de hombres y mujeres por problemas más modernos. Alguna vez leía que en este país la cifras de fallecimiento más altas son por problemas pasionales, accidentes de tráfico y luego si la guerra que ha dejado en promedio seis millones de víctimas. Imagínese. Todo esto, puede ser culpa y consecuencia de un sistema de educación defectuoso, al que se le acabó el kilometraje, y necesita ser reparado de manera inmediata.

Son tantas las fugas que tiene este sistema, que ya ni con parches de acero como el de las diez mil becas alcanza. Definitivamente en la actualidad estamos pagando el costo de haber abierto nuestras murallas de pies a cabeza al arbitrario neo liberalismo norteamericano que le pone valor al hombre, dependiendo de la capacidad de compra que éste tenga. Haga el ejercicio. Vístase de paño y vaya a un centro comercial. Sentirá conocer de años a los vendedores de cada tienda. Pero si por el contrario va usted con su pinta más antigua e informal, será un fantasma más que deambula como sin ser por los pasillos de una sociedad materialista y egoísta. Yo no soy socialista, ni apoyo el asistencialismo. Pero pienso que deberían haber labores del Estado que se cumplieran de manera universal y gratuita. Una educación superior, que siguiera el ejemplo de la básica de Bogotá para toda Colombia cambiaría el destino de este país.

Por supuesto hay que exigir. No podemos permitir que ocurra como en Argentina; la educación no es para los argentinos, es para los extranjeros porque los nacionales no saben lo que tienen y por eso no lo aprovechan. Pero aún así es un modelo de educación envidiable que le permite a toda la población acceder a las más elementales y complejas formas de conocimiento con el fin de formar ciudadanos que respeten los semáforos, que no boten papeles en las calles porque sientan que esos senderos son suyos. Que no masacren animales en las plazas para luego comérselos y entiendan que hay que respetar la naturaleza, que no se maten a machetazos en las periferias porque uno le quitó la novia al otro, pero sobre todo, para formar ciudadanos que comprendan que la tolerancia y el respeto a la diferencia son las más importantes de las convicciones de la política. Que existen miles de formas de pensar el mundo, y que cada una tiene una base de dignidad que nadie puede robarse.

En fin, esperemos a ver con que salen para la educación en el post-conflicto.

@santiagoangel66

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