La indignación por la muerte de un toro en Turbaco… y por Charlie Hebdo

19 de enero del 2015

Ha pasado un tiempo desde mi último blog y varias cosas en el camino: como un chikungunya que me atropelló durante dos meses, en un país que ya no da abasto con los enfermos picados por el famoso mosquito…pero en fin, ya se ha hablado del tema y no voy a decir más que: “¡Cómo […]

Ha pasado un tiempo desde mi último blog y varias cosas en el camino: como un chikungunya que me atropelló durante dos meses, en un país que ya no da abasto con los enfermos picados por el famoso mosquito…pero en fin, ya se ha hablado del tema y no voy a decir más que: “¡Cómo duele! y que vaina que solo dos laboratorios en el país puedan hacer el examen, porque muchas personas se quedan sin diagnóstico definitivo” fin del comunicado…

En este tiempo pasaron, además, muchas cosas en el mundo: se acabó el año que fue recibido con las usuales quejas contra el servicio de taxi; la masacre en París, con voces a favor de la libertad de prensa o el pensamiento que ha deambulado en los últimos días de “se lo merecían por colonialistas”; el escándalo por la brutal muerte de un toro en Turbaco y el escándalo por un reinado infantil en Santander… tantos temas por tratar, pero la verdad me voy a detener en una reflexión producto inicial de una bloguera, compañera mía de Kienyke, que escribió una entrada llamada “En defensa de Turbaco y sus corralejas”

Debo aceptar que la reflexión inicial me gustó, es cierto que Turbaco jamás había aparecido en los titulares de la prensa con tanto ahínco como lo hizo a causa del desafortunado incidente. Por otro lado, no dudo que su población, como muchas poblaciones en Colombia, esté permanentemente invisibilizada por un sistema en el que pareciera: es ciudadano sujeto de derechos, solo aquel que habita en la urbe. Pasa en Colombia y pasa en el mundo que responde ante la terrible masacre en el semanario Charlie Hebdo y no reacciona de igual forma ante la masacre cometida contra el pueblo Palestino, o la matanza en Nigeria, o tantas otras matanzas que sacuden el mundo y pasan indiferentes ante los ojos de occidente, todas igualmente indignantes.

Pero en fin, volviendo al tema, lo que no comparto con mi compañera es el argumento que reza: “Pero me parece surreal esa tendencia en boga en donde la muerte de un animal nos indigne más que la de un semejante” ese argumento falaz en el que se aboga nuevamente por la superioridad humana frente a otras formas de vida. Ese argumento que es el mismo que le da autoridad al ser humano para arrasar con especies enteras, devastar el medio ambiente y enfermar el aire y el agua de todos. Sí, de todos: humanos, animales, plantas…etc. No hay respeto por nada. A mí sí me alegra que indigne la muerte de un animal, tanto como la de un humano, porque es el comienzo de un reconocimiento que nos va permitir reflexionar acerca de cómo nos estamos relacionado con la vida que nos rodea, vida de la cual también dependemos. Es solo un comienzo, pero al fin y al cabo, todo necesita un comienzo.

Finalizo haciendo esta última reflexión, ¿por qué nos indigna que nos indigne? ¿Por qué nos indigna que nos indigne la matanza de Charlie Hebdo o la muerte vil de un toro? Argumentos existen de un lado y del otro, pero creo que el día que ya nada nos indigne entonces ese día hay que preocuparnos porque entonces ya nadie va ser capaz de poner límites sobre la palabra “¡Basta!”. Al contrario pienso que necesitamos indignarnos más, porque cada vez esos límites son más amplios… Bienvenida la indignación entonces, siempre y cuando respete la vida.

@weneardi

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