La ingrata labor de ser policía

10 de marzo del 2015

Cuando un bombero apaga un incendio es aplaudido, cuando un carpintero con las destrezas de sus manos crea un hermoso mueble es reconocido, cuando un panadero hornea un crujiente y sabroso pan se le agradece, el albañil construye una casa y se le retribuye, pero cuando un policía cumple con su labor se le insulta, […]

Cuando un bombero apaga un incendio es aplaudido, cuando un carpintero con las destrezas de sus manos crea un hermoso mueble es reconocido, cuando un panadero hornea un crujiente y sabroso pan se le agradece, el albañil construye una casa y se le retribuye, pero cuando un policía cumple con su labor se le insulta, se le agrede, se le humilla y se le amenaza como si la persona uniformada que cumple un deber sea el responsable de la comisión del delito.

Y es esa la razón que tienen algunos ciudadanos para ver al policía como “el sapo” de la sociedad y no como un vigía preventivo capaz de brindar seguridad en la protección de vida, honra y bienes de los ciudadanos.

¿Podrá una sociedad como la nuestra vivir sin un cuerpo uniformado que garantice lo anterior? ¿Por qué en ocasiones nos ponemos del lado del delincuente que del policía?

Tal vez se lo debamos a ese enfoque de difusión en medios intelectuales, universitarios y políticos que perciben la función de la policía de forma diferente. Por ejemplo, para el marxismo la policía es parte del aparato represivo del Estado, el cual funciona mediante la violencia, ya sea física o no, y es un instrumento de la clase burguesa dominante mediante la cual ésta se asegura su poder; o el discurso foucaultiano, que sostiene que la policía y el sistema penal son instituciones de poder que no se proponen eliminar el crimen sino controlarlo dentro de ciertos límites y hacer uso de él según sus propios intereses. Tal vez eso es lo que ha hecho curso sumado a una falta de cultura ciudadana donde se ve al policía como la figura corruptible que permite la feria de delitos, actualmente ese choque se siente cuando se quiere hacer cumplir la ley contra conductores ebrios, donde por tradición se quiere imponer el todo vale cuando es momento de cambiar una práctica lesiva para la sociedad.

Históricamente la palabra “policía” deriva del idioma francés y su uso data del siglo XVIII. De una manera indirecta deriva del latín politīa, y ésta del griego polis, que significa ciudad, o ciudad-estado.

De ahí derivó “politeia”, palabra que define lo relativo a la constitución de la ciudad, el ordenamiento jurídico del Estado, conducta arreglada de los ciudadanos, gobierno, calidades cívicas del individuo, lo que determina que la sociedad va de la mano de la policía lo que es una fuerza de seguridad encargada de mantener el orden público y la seguridad de los ciudadanos mediante el monopolio de la fuerza, y que se encuentra sometida a las órdenes del Estado, por el contrario no se puede vivir en el poder de la anarquía que quieren inspirar algunos cuando les conviene.

A la pregunta si ser policía es un oficio o una profesión hay que detallar si la seguridad pública es una actividad humana inmediata y fundamental para el desarrollo de la sociedad, entonces la policía es una profesión que merece ser reconocida y respetada más no agredida sobre todo por el trabajo ingrato que realizan donde más de uno lo hacen por necesidad que por vocación, a sabiendas que por cumplir su deber recibirán un madrazo, una bala o un puñetazo, que el desnudo reconocimiento de su labor.

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