La payasada de un abrazo

Vie, 28/09/2012 - 16:50
En medio de las grandes preocupaciones cotidianas que asolan a Colombia: la reforma tributaria, la restitución de tierras, las posibilidades de la paz, los riesgos de la guerra, Johan Álvarez y su p
En medio de las grandes preocupaciones cotidianas que asolan a Colombia: la reforma tributaria, la restitución de tierras, las posibilidades de la paz, los riesgos de la guerra, Johan Álvarez y su paso por la casa estudio de un realitie, el drama de un potentado hombre de negocios de apellido Dávila, a quien no le tiembla la mano para negociar, pero quien se escuda en el  supuesto maltrato sufrido por causa de su novia, una ex reina de belleza que al igual que a un honorable hombre político firma sin leer, para no enfrentar a La justicia, existe una que no se atreve a alzar la voz porque carece de  trascendencia inmediata, de evidente urgencia. Es la resumida en una frase del premio nobel alemán  Heirinch Boll y escrita en una interesante  y corta novela llamada “El honor perdido de Katrina Blum”: “Alguna vez todos nosotros y no solo los hombres, deseamos sin más abrazar a alguien y tal vez no solo eso” Esa preocupación angustiada es la de la ternura reprimida y frente a ella la necesidad vital de su liberación. De igual manera en su columna del viernes 20 de septiembre, el reconocido Ricardo  Silva Romero, nos recuerda que la falta de humor ha convertido a nuestro país en una sociedad acomplejada y plena de frenos y limitantes. Y de ambos escritores, distantes en años y gustos, aprendemos que necesitamos de una frase, de unos párrafos, de una novela, de un editorial, para tomar conciencia de intenciones, tentaciones y sentimientos, que de no ser por ellos ,podrían haber quedado de lado, abandonados a su suerte, innominados, silenciados. Cuantos abrazos se rechazan por temor a  la sonrisa o a la curiosidad de quien no asume serenamente la necesidad del abrazo. Cuantas veces no se ofrece el abrazo, que nace como impulso avasallador, por el temor al rechazo. Y cuanta fatiga resulta del esfuerzo de ocultar y reprimir esa tentación. Y no solo el abrazo, El humor que  permite búrlanos de nosotros mismos, de nuestros miedos y fobias, de nuestros temores. Una frentera  carcajada ante la sociedad en que vivimos nos conduce a tolerar, escuchar, comprender y soportar aquello que somos o que no seremos. Y no solo el  abrazo. No solo el humor. La sonrisa cómplice y confidente. La calidad vecindad que se evidencia en un apretón de manos o en un contacto más sutil. Para no llegar al “Y tal vez no solo eso” de la frase de Boll, que nos obliga a recorrer caminos, no por vedados menos claros y serenos. Somos una sociedad que siempre ha buscado parecerse a otros pueblos antes que a su propia realidad; preferimos entonces rechazar el  abrazo y la risa- y cuan agotador nos resulta- por cuanto estos nos acercan  al otro; aquel otro que es nuestra tensión, nuestra tentación y nuestra tendencia obvia y elemental. Un abrazo nos reconcilia con el indígena, con el español, con el negro que llevamos dentro y a quien olvidamos, negamos y menospreciamos. Una sonrisa luminosa, genial y humilde, nos aleja del lenguaje amanerado de la exclusión, del colombiano desvalido y abandonado. La vida colombiana corre entre las mentiras cotidianas y los ritos y convencionalismos; el formalismo social ha enfriado el gesto  y el abrazo, y los han sometido tanto en significado como en intensidad. Seremos capaces de intentar el movimiento de liberación de la ternura? Seremos capaces de repetir la frase Boll y conscientemente suscribirla? Alberto Salazar C wica08@yahoo  
Más KienyKe
La inversión en energía solar alcanza rentabilidades de hasta 30% y compite con el sector inmobiliario por su estabilidad y beneficios tributarios.
El alto tribunal confirmó las restricciones al uso de alocuciones del presidente, tras concluir que algunas intervenciones afectaron la pluralidad informativa en televisión abierta.
La Aerocivil actualizó normas de vuelo en Colombia y restringió power banks en bodega por riesgos de seguridad aérea asociados a baterías de litio.
La autenticidad no consiste en decir todo lo que sientes, como si el mundo fuese tu confesionario personal.