La prisión, encuentro con la culpa

4 de julio del 2012

Sebastián Trujillo Osorio   Reflexión sobre el texto Vigilar y Castigar de Michel Foucault: Las cárceles son sitios donde los culpables deben encontrar un camino distinto a la ilegalidad y prepararse para volver a la vida en sociedad. La prisión en el lugar donde el Estado coercitivo envía a todos los individuos que por una […]

Sebastián Trujillo Osorio

Reflexión sobre el texto Vigilar y Castigar de Michel Foucault:

Las cárceles son sitios donde los culpables deben encontrar un camino distinto a la ilegalidad y prepararse para volver a la vida en sociedad. La prisión en el lugar donde el Estado coercitivo envía a todos los individuos que por una u otra razón ha incumplido las normas y reglas generales de la vida en comunidad y lo que se establece como normas de un Estado soberano.

Estar en prisión no puede ser un lujo, ni una necesidad. Debe ser suficientemente severo el paso por una prisión para que las personas no deseen llegar a ella. Muchas veces alguna persona por necesidad y  por falta de oportunidades espera llegar a la cárcel porque sabe que por lo menos tendrá un techo, una comida y un posible trabajo donde pasar algún tiempo.

“La prisión debe ser un aparato disciplinario exhaustivo. En varios sentidos: debe ocuparse de todos los aspectos del individuo, de su educación física, de su aptitud para el trabajo, de su conducta cotidiana, de su actitud moral, de sus disposiciones”.

La sociedad debe prepararse para vivir en paz y en tranquilidad. No para sobrevivir en medio del caos y del delito. La conciencia de la legalidad debe estar presente en la mente de cada individuo, saber que el único camino es el de las normas democráticas, para no tener que usar la fuerza para castigar, sino la fuerza para generar oportunidades.

“Los muros son el castigo del crimen; la celda pone al detenido en presencia de sí mismo; se ve obligado a escuchar su conciencia”.

El hombre nace en estado de libertad, es libre por naturaleza; el derecho que lo ampara al nacer en un territorio soberano bajo un gobierno que controla a sus ciudadanos, un Estado coercitivo, que esta en capacidad de regular la conducta, las normas y establecer los castigos convenientes a cada falla. Nacer en ese estado libre, es a la vez aceptar que se tienen unos derechos y unos deberes que cumplir.

“¿Cómo podría dejar de ser la prisión la pena por excelencia en una sociedad en que la libertad es un bien que pertenece a todos de la misma manera y al cual está apegado cada uno por un sentimiento “universal y constante?”

La libertad es un bien que por ley natural es inmutable, todos se aferran a ella para justificar sus actitudes, pensamientos y sentimientos. Pero aunque es tan pretendida y necesaria para sobrevivir en el mundo, no quiere decir que esto detenga los actos de quienes van a cometer algún delito, no deja el ladrón de robar por miedo a perder su “libertad” en la cárcel.

¿Por qué  la privación de la libertad es el castigo de los “malos”? ¿acaso se borra de una mente el mal porque ésta esté encerrada durante algunos años?

¿Por qué no deshacerse de esos sujetos que no le hacen bien a la sociedad?, en la película Expreso de Medianoche, el protagonista está en el pabellón de siquiatría en compañía de un hombre mayor que le dice que nunca podrán salir de allí, porque “el mundo es una gran maquina que desecha a los mecanismos pequeños que no le sirven, los que no sirven tienen que desaparecer para que no estorben a los que sí sirven y son útiles a su función”.

La sociedad en una construcción social, donde cada individuo que la conforma es una pieza clave para su funcionamiento, siempre necesitamos del otro, sea cual sea su rol en el mundo que nos rodea, el gerente, el taxista, la puta…

“¿Cómo no sería la prisión inmediatamente aceptada, ya que no hace al encerrar, al corregir, al volver dócil, sino reproducir, aunque tenga que acentuarlos un poco, todos los mecanismos que se encuentran en el cuerpo social?”

Llegar a una prisión, es empezar el comienzo de una nueva vida, si el arrepentimiento es verdadero; si no lo es, puede ser la certeza absoluta que el sufrimiento que se va a tener es poco a cambio de la importancia del crimen cometido.

“Además la soledad debe ser un instrumento positivo de reforma”.

La prisión debe servir para que las faltas sean reparadas moralmente por quien las cometieron, encontrarse con la privación de la libertad, llegar a un mundo con fronteras convertidas en muros y rejas, debe ser llegar al lugar donde el hombre se encuentra con él mismo y reconoce en sus actos.

De nada sirve tener encerrado a un individuo pagando por algún delito que cometió, y que la cabo de unos años, cuando ya haya pagado su condena, este sujeto salga nuevamente a la civilidad, y en vez de tener en su cabeza el reconocimiento de el mal que causó y el arrepentimiento de sus actos, salga con la  mentalidad de venganza contra un sistema que lo encarceló y que lo declara culpable -cuando él piensa que lo que hice esta bien-, y puedo volver a hacerlo para suplir esa necesidad de  desquitarse con el mundo que no le dio la oportunidad de alcanzar sus sueños o deseos.

“En la prisión, el gobierno puede disponer de la libertad de la persona y del tiempo del detenido; entonces se concibe el poder de la educación que, no sólo en un día sino en la sucesión de los días y hasta de los años, puede regular para el hombre el tiempo de vigilia y de sueño, de la actividad y del reposo, el número y la duración de las comidas, la calidad y la ración de los alimentos, la índole y el producto del trabajo, el tiempo de la oración, el uso de la palabra, y por decirlo así hasta el del pensamiento… Esa educación, en una palabra, que entra en posesión del hombre entero, de todas las facultades físicas y morales que hay en él y del tiempo en que él mismo está inserto”

La prisión, como ejercicio de encierro necesario para alejar el “elemento”  que no está adaptado a la sociedad, debe ser espacio de confrontación con la realidad personal de cada individuo, de saber cuáles características socioeconómicas y familiares tiene la persona, muchas veces como decía Rousseau el hombre nace bueno, pero la sociedad lo corrompe. ¿Qué responsabilidad tiene el Estado que no le ha garantizado a una persona el acceso a la educación, ni a un empleo, ni a la seguridad alimentaria?, cuando esta persona roba o mata para sobrevivir, puede ser una culpa compartida.

En conclusión, la prisión es el sitio de aislamiento moral y afectivo de las personas que han ido en contra de los intereses comunes y primarios; mecanismo necesario de re-educación de ciudadanos;  dispositivo de regeneración de hombres para servir a el mundo moderno y competitivo, y la forma más efectiva de castigar culpables de crímenes imputados.

Twitter: @BaldomeroPessoa

nadaesmentira.wordpress.com

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